blogeditor · 10 de mayo de 2022
Las madres psicoactivas existimos y resistimos. Cada vez somos más las que reivindicamos el consumo (responsable) de sustancias, defendiendo nuestro derecho al placer, a la diversión y a la autonomía de nuestros cuerpos. El uso de drogas por parte de mujeres ha sido altamente estigmatizado, y si se agrega el hecho de ser madre, ¡pues doble estigma!
Por un lado se ha normalizado el consumo de alcohol en la maternidad; con playeras, memes y publicidad, vendiéndonos la idea de que consumir alcohol es la única forma de sobrellevar esta etapa de la vida. Las mamás se juntan entre pares y con sus hijos para que, mientras las crías juegan, ellas se puedan echar un vinito o un gin tonic. No que esté en contra de eso, no es mi propósito estigmatizar a nadie. Solo apunto a la importancia de cuestionar cómo hemos catalogado esos comportamientos como “normales”, mientras vemos mal a las mujeres que deciden consumir algo distinto.
El proceso de transformar tu identidad como madre puede ser una deconstrucción total. Cedes tu cuerpo, y en muchos sentidos, hasta tu cerebro para darle todo a la criatura que gestaste. Después del parto, viene la lactancia (si así lo decides), y cedes tu cuerpo una vez más. Todo duele. Con ese dolor, también llega un amor profundo. Cuando te entregas completamente a la crianza, a veces echarte un toque es lo único que te ayuda a respirar hondo. Para mí, durante el embarazo y la maternidad, mi consumo se convirtió en un recurso terapéutico. Mi cuerpo, mi cerebro y mi alma pedían relajación.
En la crianza, mi consumo podría definirse como una mezcla terapéutica y “recreativa”, porque justo lo que una quiere es divertirse con su criatura, buscando regresar a su propia niñez y poder darle tiempo de calidad a los hijos e hijas sin pensar en tus pendientes, los quehaceres de la casa y todo lo que te falta hacer cuando ya se duerme. Otra vez, cedes tu cuerpo, tu tiempo y tu espacio para poder estar presente con ellos. Un toque o un comestible de baja dosis de cannabis puede ayudarte a estar en un entorno de curiosidad, exploración y placer.
Durante este viaje de la maternidad, numerosas mujeres y personas embarazadas me han escrito para preguntar sobre el consumo. Si se puede consumir CBD, la culpa de haberse fumado un porrito durante su embarazo o lactancia, o que sí han consumido, pero no pueden compartirlo con su pareja, amigas o familia. Los estudios que existen sobre el tema son pocos, pero cada día hay más. Y con una regulación integral, universidades se suman al explorar la relación entre consumo y salud, los efectos y los beneficios.
Aquí algunas conclusiones importantes:
Los estudios van avanzando en jurisdicciones donde es legal, y aún falta mayor información sobre otras sustancias. Las investigaciones que se han hecho suelen estar basadas en mucho estigma y prejuicios contra las mujeres y madres usuarias. En marzo de este año, desde el Instituto RIA y Acción Técnica Social, organizamos un evento paralelo sobre mujeres, la maternidad y el consumo de sustancias que pueden consultar aquí.
Con mis amigas psicoactivas bromeamos sobre no tener tiempo para consumir como nos gustaría porque somos mujeres trabajadoras, emprendedoras, cuidadoras, y con responsabilidades amplias. Y esa es la clave del consumo responsable. Al final, cada una de nosotras tiene que hacer su propia investigación y tomar decisiones sobre su cuerpo durante el embarazo, maternidad y crianza. Aquí estoy para apoyar en lo que pueda.
Mi querida amiga Brenda, de ChicksVsStigma, lanzó un cuestionario esta semana sobre la maternidad pacheca, y sería muy bonito inundarlo de información. Aquí va el enlace.
En este día de la madre, quiero dos cosas: que todas las personas desaparecidas puedan regresar a sus casas (busquen y apoyen su marcha local) y que, si eres una madre psicoactiva, sientas todo el apoyo para poder hablar de tu consumo. Los días de maternar y criar se sienten largos, pero la vida es corta y una tiene que disfrutar. Sé que no soy la única. Cada día somos más.