blogeditor · 23 de mayo de 2021
Del 10 al 14 de mayo pasado se llevó a cabo en Guanajuato la VII Caravana Internacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, un proyecto fundado por Julio Sánchez Pasillas, doctor en educación convertido en buscador de tiempo completo después de que su hija fue desaparecida en Coahuila en 2012. Tal como se describió en este espacio, la Caravana visitó de forma ininterrumpida 5 municipios del estado y dejó varias lecciones aprendidas que se convierten en oportunidades para los Colectivos de Guanajuato y para sus acompañantes.
1. La primera y más importante de ellas tiene que ver con lo que se entiende como búsqueda en vida que, como dijo incansablemente el señor Julio Sánchez, va más allá de “rascar la tierra”: incluye todas las acciones en las que se pueda obtener información que pueda ser verificada y servir para ubicar el paradero de las personas desaparecidas. Por eso la Caravana incluyó marchas, misas, pases de lista, revisiones de archivos fotográficos, recorridos por centros penitenciarios, talleres y sesiones de bordado. Cuando en más de una ocasión las instituciones insistieron que participarían en las “actividades de búsqueda”, refiriéndose sólo a la revisión de archivos fotográficos en la Fiscalía o las visitas a los reclusorios, Julio interrumpía amablemente una y otra vez para señalar “tenemos que cambiar qué entendemos por búsqueda”. Eso es cierto y está pendiente darle contenido y desarrollar más herramientas para hacerlo. De entrada se tienen 15 “posibles positivos”, indicios que pueden ayudar a dar con el paradero del mismo número de personas desaparecidas.
2. Las instituciones pueden colaborar con las víctimas respetando sus procesos y sus propuestas; así quedó demostrado durante la Caravana. La cuestión es que tiene que hacerse bajo presión política: lo hacen pensando más en los efectos de una negativa y en evitar las críticas en medios, que con la mera disposición por actuar. Resalto el papel clave que la Secretaria de Gobierno jugó para que los más de 30 colectivos que formaban parte pudieran ingresar a centros penitenciarios y a la propia Fiscalía para revisar archivos fotográficos. Pese a que la solicitud de ingreso al SEMEFO de León se hizo el 16 de abril, no fue sino hasta el 11 de mayo por la noche (dos días antes del inicio de la Caravana) que la Fiscalía confirmó el ingreso a sus instalaciones. De nuevo la cerrazón de la Fiscalía. Gracias a la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas (CEAIV) por las gestiones realizadas.
3. El uso político continúa. Eso se dejó ver con un video de dos minutos que la Fiscalía hizo público apenas un par de horas después de que los colectivos salieron de sus instalaciones, sacando frases de contexto y mostrando testimonios en los que las familias foráneas hablaban de lo asombradas que estaban por las instalaciones de la Fiscalía. La verdad es que las pocas horas que dedicaron a la revisión de más de 400 cuerpos sin identificar fueron insuficientes para un verdadero trabajo de revisión. Por si fuera poco, el gobernador repitió el discurso: “la Caravana reconoció el trabajo de la Fiscalía”; yo diría: “la Fiscalía tuvo que abrir sus instalaciones a la Caravana por presión de las familias”. Está pendiente que Zamarripa aclare los detalles de las fotografías que mostró a la Caravana.
4. “Guanajuato mirando, también está apoyando”, fue una de las consignas repetidas decenas de veces durante esa semana. Cinco municipios tuvieron que reconocer la existencia del fenómeno de las desapariciones no sólo por los apoyos que los ayuntamientos ofrecieron, sino por la gran visibilidad de la Caravana. Calculo que en Guanajuato capital marcharon cerca de 400 personas, y aunque los números fluctuaron en los otros municipios, las familias de personas desaparecidas tomaron las calles de Guanajuato y obligaron a la sociedad a reconocer la existencia de este fenómeno. El apoyo de periodistas, feministas, artistas, estudiantes, universidades y activistas, fue clave para mostrar la capacidad intermovimiento de los colectivos de familias desaparecidas.
5. La CEAV, un mal ejemplo. En abril decenas de familias de personas desaparecidas se reunieron con la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) para pedirle que modificara los Lineamientos para otorgar apoyos que recientemente había aprobado; las autoridades se comprometieron a establecer mesas para conocer las necesidades de las familias y hacer cambios. Contrario a ello, la CEAV respondió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), instancia que solicitó que las víctimas con Registro Nacional que integran la Caravana recibieran apoyo de transportación, alojamiento y traslado, que “es necesario justificar la presencia física imprescindible de las víctimas”. ¿Puede haber mayor contrasentido? Pedir a las familias que justifiquen su presencia física durante una búsqueda en vida.
La CNDH, la ONUDH, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD) y el Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) participaron en la Caravana, acompañando, documentando y capacitando. La Caravana tuvo acompañamiento nacional e internacional.
Pocos días y muchas lecciones aprendidas. Gracias caravaneras y caravaneros.
* Raymundo Sandoval (@ray_sandoval) es es defensor de derechos humanos.