Las juventudes en movilidad

blogeditor · 13 de octubre de 2022

Para empezar a escribir esta reflexión buscaba frases en internet, en libros, en canciones que hicieran referencia a la amplia caracterización de la juventud, y encontraba palabras y expresiones que se enfocaban en definirla a partir de cuestiones meramente físicas, de la edad, los cambios, la rebeldía de la etapa, etc. Todo esto claramente escrito y dicho por personas adultas, como yo. Es por ello que, finalmente, decidí retomar ideas y mensajes de personas jóvenes.

Quisiera dirigirme a las y los adultos para que pudiéramos recordar nuestra juventud, pensar en qué hacíamos, cómo nos vestíamos, qué pensábamos, qué nos gustaba, y reflexionar si en realidad hemos dejado atrás esta etapa de la vida, ya que para las Naciones Unidas la juventud está comprendida entre los 15 y 24 años de edad, mientras que para la Organización Mundial de la Salud es de los 14 a los 29. En México, se consideran personas jóvenes a quienes se encuentran entre los 12 y los 29 años de edad, según lo establecido por el Instituto Mexicano de la Juventud, que es la instancia encargada de responder a las demandas de las juventudes en materia educativa, de asesoría psicológica, laboral, prevención de adicciones, asesoría jurídica, difusión de la cultura y promoción de políticas públicas.

En ese sentido, podemos observar la complejidad que caracteriza a esta etapa de vida, en la que incluso determinar los rangos de edad varía entre instancias y organismos; pero además es importante tomar en cuenta que estas definiciones responden a contextos diversos, en los que pueden presentarse situaciones muy específicas, como las que enfrentan las y los jóvenes en contexto movilidad. Es por ello que considero necesario precisar algunas características generales de las poblaciones jóvenes que atendemos en Sin Fronteras IAP, las cuales nos ayudarán a visualizar el panorama general de las situaciones por las que atraviesan.

Pregúntate por unos segundos: ¿Qué piensas cuando te preguntan si conoces a una persona migrante o refugiada? ¿Qué imagen viene a tu cabeza? ¿De qué país te imaginas que viene esta persona? Quizás estés recordando a hombres adultos, a mujeres, niñas, niños y adolescentes no acompañados, ya que fueron muy visibles hace poco tiempo en las llamadas caravanas, pero ¿y las personas jóvenes?

Pocas veces se reflexiona en torno a lo que ocurre con las personas jóvenes en contexto de movilidad, por ejemplo, si fueron consultadas sobre el viaje, si tenían planes individuales diferentes a los familiares en los que las personas tutoras, cuidadoras o padres tomaron las decisiones. Al respecto, la población joven con quien trabajamos en Sin Fronteras suele expresar que viaja en compañía de sus familias, amigos, cuidadores o incluso al resguardo de algún guía o coyote. Muchos han crecido en entornos complejos, marcados por contextos de precariedad y dificultades en el acceso a derechos, situaciones de violencia y demás factores que les limitan continuar con sus planes.

Incluso hay quienes son responsables del cuidado o manutención de un núcleo familiar al salir de sus países. Son las y los encargados de la generación de ingresos para sus familiares, aún cuando no tienen experiencia laboral, han dejado inconclusos sus estudios debido al proceso mismo de movilidad, y sus prioridades se basan en la cobertura de necesidades básicas, por lo que dejan de lado aspectos tan importantes como su derecho a la recreación.

Por último para poder reconocer estas situaciones, les comparto un caso que acompañamos desde Sin Fronteras IAP. Se trata de Andrés, un joven de 17 años quien viajó de Honduras a México. Tuvo que hacerlo solo y de manera apresurada pues querían reclutarlo para el crimen organizado en su país. Su familia que se dedicaba a la agricultura y ganadería, y contaba con recursos suficientes para que él pudiera salir del país sin tantos riesgos. Sin embargo, también temían por su hermano Juan, quien era más pequeño y también estaba siendo amenazado. Aun así, decidieron que por el momento solo viajaría Andrés.

Él iba con un guía, pero lo dejó abandonado en la Ciudad de México, lo cual hizo que buscara ayuda para poder estar en un lugar seguro. Fue así como se acercó a Sin Fronteras, donde recibió atención legal y psicosocial, pero además diversos albergues participaron en su caso debido a que era menor de 18 años. Posteriormente, comenzó su proceso de integración en la ciudad de México y una vez reestablecidas sus necesidades básicas y sus derechos, realizó un plan de vida que incluía retomar estudios, tener un empleo formal, seguridad social, vivir de manera independiente y no institucionalizado, etc.

Por otra parte, su hermano no tuvo que salir de su comunidad debido a que la situación de violencia había cambiado. Sin embargo, los recursos de sus padres fueron mucho menores debido a otros factores, lo cual impactó en la economía familiar y por lo tanto Andrés tuvo que participar, aunque ahora pudo hacerlo con muchas más herramientas que le permitieron afrontarlo de mejor manera. A la par de la atención brindada que se prolongó por alrededor de 3 años de contacto continuo, vimos más cambios en Andrés, como algunos rasgos de su identidad, en la construcción de sus ideales, de sus planes, la identificación de sus recursos, su participación y acompañamiento a otras personas jóvenes como él y todo el crecimiento personal que ha logrado desarrollar.

Es así como quiero concluir, señalando la importancia de garantizar que las sociedades sean más incluyentes y que se tomen en cuenta las necesidades y preocupaciones de las personas jóvenes, especialmente aquellas que se encuentran en contexto de movilidad humana. Que se involucren en la toma de decisiones individuales, familiares y comunitarias desde la propia voz de esta población, para que todo lo que se construya no se haga desde las perspectivas de las personas adultas.

Que se reconozcan las necesidades específicas de las juventudes en movilidad diferenciadas a las de las infancias y las personas adultas, que se generen espacios de dialogo para construir nuevas realidades y así las personas jóvenes puedan permanecer en muchos lugares y mirar desde muchos puntos de vista, que enriquezcan las comunidades a donde se integran y se respeten sus decisiones.

* Gilda Álvarez Mariano es subcoordinadora del Área Psicosocial de Sin Fronteras IAP.