Rubén Aguilar · 30 de marzo de 2012
Amin Maalouf
Alianza Editorial
Madrid, 2003
pp. 243
La obra narra la trágica historia de Ossyane Ketabdar, un hijo de una familia “bien” que va a estudiar medicina a Francia y se ve envuelto en la lucha de la resistencia contra el nazismo. De regreso a su tierra, Líbano, se casa con Clara, que es judía. Cada vez se hacen más difíciles los viajes de Líbano a Israel. Las familias quedan divididas. Él viene a ver a su padre y un accidente, un desmayo, cambia toda su vida. Su hermano menor lo envía a una clínica de encierro para dementes, para así poderse quedar con todos los bienes.
Se rompe la comunicación con su esposa. Los malos entendidos impiden el encuentro y el rescate. La hija, veinte años después, se hace presente de manera fugaz en el hospital, pero no se rompen las ataduras. La guerra civil es la que cambia las condiciones y el hospital queda a la deriva. Él huye y va a Francia. Se reencuentra con los amigos. La obra termina cuando Clara y él, después de 25 años, se van a volver a ver. ¿Qué pasará?
El autor convierte al personaje Ossyane Ketabdar en un símbolo de la ancestral encrucijada de caminos que ha sido desde siempre el Medio Oriente, y cuya increíble y trágica vida, presa de la impotencia y la imposibilidad de la reacción que cambie los acontecimientos, encarna la vida de todos aquellos hombres y mujeres a quienes en esas latitudes, en el Levante, la ciega e irracional violencia de los hombres y los vaivenes de la historia les han arrebatado lo que más aprecian, aunque conservan la vida, pero ya no están en control de ella.