Las discriminaciones ocultas de Grupo Modelo

Redacción Animal Político · 15 de diciembre de 2022

“Es una injusticia que te estén corriendo, pero así funcionan las empresas”, fue lo que me dijo Israel, encargado de recursos humanos de Grupo Modelo. Durante seis meses fui víctima de acoso y abuso sexual por parte de Roberto “N”, quien también trabajaba dentro de la empresa. Derivado de levantar la voz, Grupo Modelo me despidió de manera injustificada. En agosto de 2021, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) declaró que fui víctima de discriminación por razón de género por las empresas Grupo Modelo, Cervecería Modelo y Diblo Corporativo.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2017, el 29.5 % de las mujeres mayores de edad declaró haber sido víctima de discriminación en razón de su sexo. De igual manera, solamente el 9.0 % de las mujeres a las que se les negó injustificadamente un derecho sí denunciaron. Sin embargo, a la fecha no existen datos sobre la discriminación que sufren las mujeres en el ámbito empresarial.

En noviembre de 2018 Grupo Modelo me obligó a presentar una denuncia ante su departamento de Compliance, mientras yo estaba internada en un hospital por un ataque de ansiedad derivado de las violencias vividas, en una ciudad en la que no conocía a nadie. “Inés, ya no te queda de otra, ya le llegó tu caso al vicepresidente del área de People, tienes que presentar la denuncia sí o sí”. Expresé más de una vez mi miedo a que se tomaran represalias en mi contra por levantar la voz ante la violencia sexual, a lo que me aseguraron que yo era la víctima, y que si se determinaba que sí había habido abuso, las represalias serían contra mi agresor.

Al día siguiente me regresaron a mi casa diciéndome que no podría continuar trabajando hasta que se resolvieran las denuncias, en plural. Así fue cuando me enteré que Roberto “N” presentó una denuncia en mi contra por difamación, al enterarse de que estaba siendo investigado por la empresa por acoso y abuso sexual y, por ende, perpetrando sus violencias contra mí. Durante el trayecto de regreso, la directora de People Continuity, enviada a tratar con el asunto, me dijo que ya dejara de darle vueltas al asunto. Como si el haber sido víctima de abuso durante seis meses, obligada a denunciar y suspendida del trabajo por estas razones fueran cuestiones que se dejan de lado voluntariamente.

Fui sometida a una serie de entrevistas con diferentes personas de la compañía de todos los niveles. Tuve que contar mi historia varias veces y pasé por procesos revictimizantes, sin que nadie de la empresa se responsabilizara: nunca tuve tiempos ni pasos claros a seguir respecto a lo previsto en sus políticas internas.

Una empleada de Grupo Modelo me llamó para notificarme que ya se había resuelto la investigación y que se había comprobado que sí había sido víctima de abuso y acoso sexual. Sin embargo, un mes después de esa llamada y de no haberme permitido la reincorporación al trabajo, fui despedida injustificadamente por la empresa. A la fecha, no han podido darme una justificación del motivo de mi despido. Respecto a Roberto “N”, la empresa no tomó ninguna acción en su contra.

El día que inicié a trabajar en Grupo Modelo recuerdo que nos dieron una plática sobre cero tolerancia a la violencia de género. Hicieron mención de todas las políticas internas que existen para prevenir y combatir este tipo de situaciones. Sin embargo, estas políticas internas no se aplican realmente, y en todo caso sirven solo para evidenciar lo que la empresa no hace respecto a las personas que han sido víctimas de violencia sexual dentro del contexto laboral. De igual manera, demuestra la poca seriedad que le da la propia empresa a sus propias políticas, al no reconocerlas ni aplicarlas

Resultó que Israel tenía razón: así funcionan las empresas, mediante injusticias. Grupo Modelo es un ferviente promotor –por lo menos en redes sociales– de ir en contra de la violencia de género. Cada 8M lanzan campañas como “Infografía de un líder aliado” y “Sororidad, ¿qué es y cómo se practica?”; intentan concientizar sobre los mal llamados micromachismos. Usan a las mujeres en posiciones directivas como tótems para probar a la sociedad que, únicamente en lo que sirve para construir una falsa imagen pública, están haciendo algo.

Estas campañas, aparte de todo, demuestran que las crean personas no preparadas en temas de género: utilizan palabras y conceptos que se ponen de moda en redes sociales, pero que son constantemente cuestionadas por especialistas en género sobre las conductas que invitan a reproducir y sobre cómo nos invitan a las mujeres a comportarnos como hombres para así ser validadas en el ámbito laboral.

Grupo Modelo, como muchas otras empresas del país, basan sus malas prácticas en sistemas que “alientan” a la denuncia mediante un purplewashing tanto en el corporativo como en la sociedad. Sin embargo, al momento de poner en acción el mecanismo de denuncia ante un sistema que defiende a toda costa los intereses económicos, sin importar las injusticias y violaciones a derechos que puedan causar a terceros, todo se invierte.

La maquinaria que Grupo Modelo destina a producir infografías con las supuestas alianzas con la sociedad y a poner a voceros a hablar sobre sus políticas internas para combatir las violencias, funciona hasta que alguien levanta la voz. Cuando las circunstancias obligan a que alguien entre a ver la realidad de estos procesos (que en papel son cartas de buenos deseos y en la práctica simplemente inexistentes), todos los procesos se invierten, e inician una serie de medidas siniestras y corporativistas para descartar a las personas incómodas para el sistema.

Pareciera que los procesos internos de denuncia de una empresa existen sólo para identificar más fácilmente a las personas que van en contra del pacto empresarial y del pacto corporativista (sin dejar de obviar el pacto patriarcal). Estas son las personas que exponen lo que muchas empresas esconden de manera tan efectiva: las violaciones a los derechos humanos a sus trabajadores no importan más que la producción, la acumulación de capital y su imagen en redes.

Estas violaciones no solo quedan dentro de la empresa en la que suceden, sino que envenenan a todo el sistema de corporaciones en el país, hasta llegar al Estado fallido que es México y su sistema de justicia. Estas violaciones a derechos (y su perpetración) por parte del sector empresarial están destinadas a ser silenciadas: en el pacto capitalista es clarísimo que los medios no publicarán nunca nada contra las empresas que son sus socios comerciales. El silencio de muchos medios de comunicación también conlleva una serie de violencias estructurales que, junto a la estrategia corporativista, impiden a las víctimas el acceso a información, generando una separación entre las personas que también han pasado por procesos similares de impunidad en el sector privado.

Una vez que fui despedida de manera injustificada de Grupo Modelo, iniciaron las batallas legales: una denuncia ante el COPRED por discriminación, la cual ya gané, y siguen vigentes todavía tres procesos: dos denuncias penales en contra de Roberto “N”, y una demanda por despido injustificado en contra de Grupo Modelo.

Grupo Modelo trató mi caso con impunidad, por lo cual no me quedó más que acudir al sistema de justicia mexicano. Un sistema lleno de carpetas de investigación truncadas, a las que no se les da ningún tipo de seguimiento; un sistema lento y tortuoso para las víctimas y lleno de revictimizaciones en el camino. El acudir al sistema de justicia mexicano implica, una vez más (considerando como primera vez el proceso interno ante Grupo Modelo) poner una historia tan personal ante el escrutinio público. Denunciar, ya sea en el sector privado o en el público, implica dejar al arbitrio de una tercera persona la decisión sobre lo que he vivido como víctima y las violencias que fueron ejercidas en mi contra; al denunciar, la víctima se vuelve dependiente de decisiones que suceden sin su conocimiento ni su consentimiento.

Pasar por todo este camino tortuoso, y seguir en él de manera indefinida hasta que se resuelvan los procesos abiertos, es debido a la decisión de cuatro empleados de Grupo Modelo. Se habla de Grupo Modelo como un ente abstracto, cuando las decisiones que se toman de manera interna las realizan personas de carne y hueso que se respaldan ante la protección corporativista de un sistema que busca activamente maneras de identificar y depurar a las personas que les incomodan.

El proceso por el que yo pasé no solo habla sobre lo que yo viví, sino que también habla sobre la cultura empresarial que se vive en Grupo Modelo de manera velada.

Las discriminaciones dentro del sector privado no son casos aislados. Las discriminaciones  por cualquier motivo son violaciones a derechos humanos y son denunciables.

@GatitosvsDesig