Lady Mossad · 22 de abril de 2011
Ve’ulai – lo hayu hadvarim me’olam
Ve’ulai – lo hishkamti im shachar lagan
Le’avdo beze’at apay…
Me’olam – bayamim arukim veyokdim
(arukim veyokdim) shel katsir
Bimromei agalah amusat alumot Lo natati koli bashir
Me’olam lo taharti bitchelet shoktah uvatom
Shel Kinneret sheli, hoy Kinneret sheli
Heyayit, o chalamti chalom?
Rachel Bluwstein.
Mi corazón está al Este y yo al borde del Oeste. ¿Cómo, pues, saborear lo que como? ¿Cómo gozarlo? ¿Cómo cumplir los compromisos y promesas que he hecho mientras Sión está en los dominios de Edom y yo en los cimientos de Arabia?
Yehudá Haleví.
– Come over, neshamah, we’ve to practice the four questions…
– Sí, pero si me llevas a buscar huevitos de pascua…
¿Usted se acuerda de que es cristiano solamente durante las fiestas y cada 10 años cuando el INEGI pasa por su puerta? Si ese es su caso, no se sienta ajeno, yo también me acuerdo que soy judía cada que me hacen posar en fiesta, reunión o jolgorio familiar. O mis cuestionamientos obligados al responder la infinidad de veces que he ido a pedir trabajo: ¿y dónde aprendiste hebreo…? O la típica: ¿por qué no tienes cara de judía…? La segunda me la aplican porque no asistí a la repartición en la noche de las narices grandes.
Mi padre no hablaba español, bueno sí, pero muy lamentable. Tengo pocos recuerdos lúcidos de él y de su madre, la única familia paterna en primera línea que tuve; ellos murieron cuando era niña, sin embargo, mi educación religiosa y mi entorno sociocultural fueron más judíos que cristianos.
Las pascuas siempre e invariablemente me recuerdan a mi padre, coincidan o no coincidan las semanas de pascua judía con las de pascua cristiana. Cuando creces así, cuando los sincretismos degeneran en tu vida como simbiosis, al final, aprendes a no sublimar nada; y como los thundercats, aprendes a ver más allá de lo evidente. Lo mismo me sucede respecto a lo méxico-estadounidense, a lo fronterizo-centrista, pero esa es otra historia y otra festividad.
Desde hace unos años que me he revelado contra el mundo, vaya, que he destruido todos mis afectos incluyendo al del universo y tengo la certeza de que soy plenamente correspondida, y como les insisto: a mí con que me respeten que su cariño me tiene muy sin cuidado; y luego de perder –en el plano físico– a las dos únicas personas que me obligaban a observar un poco de respeto por las tradiciones –de ambas familias; me ha tocado responder, yo en mi mente, mis más de cuatro preguntas.
Los sucesos durante estos días se me dan solos para reactivar ese centro de memoria activa, que si bien es aprendida, se construye en su representación constante, y ese performance se advierte en cada pequeña acción, no tengo la menor duda de que la memoria así, es cabrona, y la judía más…
Eso de recordar a mi padre judío, es tan judío…
El sentido original de la cena de Pésaj es precisamente recordar el éxodo, es activar el flujo de la memoria mediante un órden simbólico – narrativo (Séder – Haggadáh). Es la fiesta del rememoración del pueblo ya no del individuo; es la liberación del conjunto para buscar su propio camino (el desierto) y construir un ente social-político-religioso compartido, unívoco, integral (la tierra prometida).
Hay una parte esencial durante la cena donde el más joven sentado a la mesa formula cuatro preguntas entorno al sentido de la reunión. Cabe aquí mencionar que si no enseña a su pequeño con anticipación ni lo presente en sociedad, es capaz de preguntar como yo en una cena por qué la novia de mi tía estaba tan nalgona, inquietud genuina, cabe destacar.
La cuestión de la cuestiones, volviendo al tema, es el acto repetitivo de la liturgia al narrar los hechos; del aquí nadie continúa con la cena si la niña no pregunta; activar lo que no es historia sino memoria de lo judío, ese imperativo de recordar y ser recordado, de lograr con ello que más de 5,000 años le pasen por encima y se siga narrando y ajustando a un presente cada vez más ajeno y ajenjo.
No es el recuento veraz, es la rememoración de lo significativo, inyectar un simbolismo que lo vuelva valioso.
Entonces lo judío se opone al olvido, el olvido es la fe perdida, la desaparición y ruptura del lazo generacional, de la cadena inmortal. La clave es la repetición y la re-lectura para mantener viva una promesa. Dicen que el judío es el pueblo del libro y que las sinagogas son los únicos templos religiosos donde se venera a un libro. Desconozco TODAS las religiones y liturgias del mundo mundial, pero algo de eso y mucho, sí hay.
Y no es que lo judío goce de una memoria prodigiosa, no, es la simple presteza para retransmitirse una y otra vez, es resistencia y adecuación, casi casi que es el saber reinventarse cada vez como Madonna. Cabría aquí insertar mi asqueroso chiste de las cucarachas pero no se me vayan a ofender los baisanos…
Hace cuatro años que no voy a un Séder (Cena de Pascua), lo confieso, bueno no es confesión, me vale bastante madre el asunto, pero coincide con los cuatro años que tengo “a mi aire”, ahora que los bochornos de las reinterpretaciones infantiles a las cuatro preguntas las tengo presentes: ¿Por qué no me puedo comer un ice cream sandwich de postre? ¿Por qué me voy a comer esas ramas si saben bien malas? ¿Por qué no nos sentamos bien, si siempre me dices que me siente bien? ¿Y por qué me tengo que lavar las verduras otra vez?…¿qué no las lavaste?
Todo lo anterior conlleva un simbolismo: la matzáh, el maror, el carpás, comer inclinado, sumergir la comida, me lo han contado más de 25 veces seguramente. Recuerdo que durante mi adolescencia observar esta fiesta era peor castigo que la del ayuno de Iom Kippur, ocho días sin pan eran una mentada de madre, y la matzáh se pega en el estómago cual vil engrudo que es. Imaginen eso en una persona sensible al gluten. Y entonces no sabía de mi sensibilidad, ahora celiaquez.
But life it’s a bitch. Ahora con los años me pregunto: ¿Por qué desde que dejé de comer gluten parece que mi éxodo hacia la libertad no termina de una vez?, ¿Por qué la amargura salada de mis lágrimas de adulta perdida en el desierto de mi vida?, ¿Por qué sigo sin lograr enderezarme?, ¿Por qué si mis actos son puros, son genuinos, y a veces encomiables, pero parece que las circunstancias se empeñan en revertir su sentido?
Me he vuelto demasiado cínica, si duda; la burra no era arisca, es. Pero algo de fe en esa cadena del no-olvido debe quedar…
17 de Nisan, 5771.