blogeditor · 17 de mayo de 2019
Existe una noción al menos vagamente familiar para la sociedad en el conjunto de premisas básicas de bienestar animal, cuyo origen se remonta a las acciones emprendidas por el gobierno británico en respuesta a la indignación que causó el libro Animal Machines de Ruth Harrison, publicado en 1964, el cual detallaba el deplorable estado en el que vivían los animales usados por la industria ganadera en el Reino Unido.
Esto derivó inicialmente en una investigación liderada por Francis W. R. Brambell, conocida como el Informe Brambell, que validaba los argumentos de Harrison. Posteriormente, en la creación de diversos comités de bienestar animal, cuya labor desde entonces ha evolucionado hasta delimitar las premisas que conocemos hoy en día, mismas que han sido reconocidas y adoptadas por un sinnúmero de entidades, entre ellas la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). Estos lineamientos estipulan que los animales deberían gozar de estas cinco garantías fundamentales:
1. Estar libres de hambre y sed.
2. Estar libres de incomodidad.
3. Estar libres de dolor, lesiones y enfermedades.
4. Ser libres de expresar comportamientos naturales.
5. Estar libres de miedo y angustia.
Sin embargo, han pasado más de cincuenta años de la publicación del revolucionario libro de Harrison y los logros alcanzados en materia de bienestar animal son, a lo sumo, cuestionables. Hoy por hoy, la actividad pecuaria es más prevalente que nunca. Su demanda es tan alta que, para mantener la escala de producción, gradualmente se ha normalizado que las condiciones de vida de los animales explotados sean cada vez peores, hasta llegar a niveles sin precedentes, y las estadísticas plantean que de no revertir las tendencias de consumo actuales, su índice seguirá creciendo exponencialmente.
Los recursos naturales del planeta son limitados y se están agotando a pasos agigantados, por lo que es probable que estas tendencias de producción y consumo resulten ni siquiera ser sostenibles o viables dentro de pocos años, pero la situación presenta ahora, y desde hace mucho tiempo, interrogantes de carácter ético, ¿existe alguna justificación moral para criar a millones de animales cada año con el único propósito de matarlos? ¿En verdad estos animales cuentan con las libertades básicas que por décadas nos hemos jactado de otorgarles?
Muchos podrían argumentar que es posible proveer a los animales usados para consumo humano de las condiciones necesarias para que, mientras vivan, no estén desnutridos, estén cómodos, sanos y puedan ejercer conductas propias de su naturaleza, pero ¿realmente podemos aseverar que no sentirán miedo ni angustia si sistemáticamente le ponemos fin a su corta vida de una forma inherentemente cruel y violenta? La lógica indica que no existe una forma de matar a un animal, un ser sintiente que buscará sobrevivir a toda costa, sin someterlo a los mismos estadios que a través de Las cinco libertades afirmamos evitarle.
Hoy, el sufrimiento animal genera en nosotros la misma conmoción y rechazo que la población británica experimentó en la década de los 60’s. La diferencia es que hemos sido partícipes de un intenso y largo proceso de condicionamiento social para normalizar esta terrible situación. Nuestro día a día no invita a la reflexión sobre cómo nuestros hábitos de consumo afectan a los demás, al contrario, nos facilita evitar este cuestionamiento.
El intelecto humano es capaz de hazañas asombrosas. Es momento de usarlo para reevaluar nuestra perspectiva y reconocer que hemos tomado mucho más de lo que nos pertenece. El verdadero indicio de superioridad vendría de emplear nuestra agencia moral y anteponer las necesidades de los animales a nuestras propias preferencias.
Los animales nunca debieron de haber perdido su libertad, y la única forma en la que podemos lograr que la recuperen es ponerle fin a la explotación que les hemos impuesto.
* Claudia Escorza es traductora y editora en Mercy For Animals, una organización internacional que tiene la misión de trabajar para que los animales sean respetados, protegidos y libres de seguir sus propios intereses. Nuestra misión es construir un sistema alimentario compasivo al reducir el sufrimiento de los animales y ponerle fin a su explotación en la industria de la alimentación.