blogeditor · 13 de agosto de 2020
La crisis sanitaria del COVID-19 ha puesto en evidencia la profunda desigualdad que habita en América Latina. Parece que seremos la región más afectada a nivel social, político y económico, siendo Brasil y México los países con mayor número de contagios. De acuerdo a la CEPAL1, se estima que esta crisis provocará que 28 millones de latinoamericanos sean arrastrados a la pobreza.
Ante este desalentador escenario se cuestionan las medidas tomadas por nuestros gobiernos. La pandemia magnificó los problemas que llevábamos mucho tiempo combatiendo: la pobreza, la corrupción, la polarización social, la falta de cobertura de la asistencia social, la falta de capacidad de nuestros sistemas de salud, la fragilidad de nuestras instituciones. El 2019 fue un claro ejemplo de la demanda ciudadana por atender estos retos. Vimos fuertes movilizaciones sociales en países como Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia, México y Brasil que cuestionaron los modelos de desarrollo económico que se han promovido en la región.
Sin duda el desencanto de las personas con la democracia y nuestros representantes es evidente. Los resultados del Latinobarómetro muestran como el apoyo a la democracia ha disminuido, siendo 20182 el año en que todos los indicadores económicos políticos y sociales llegaron a las cifras más negativas desde la creación de este índice en 1995. Solo el 48% de los latinoamericanos concordaba con la afirmación de que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno.
Esta combinación de poderosos desafíos nos lleva a pensar en diferentes escenarios para nuestras democracias, la relación con el gobierno, las formas de incidencias y la colaboración para generar un proceso de desarrollo inclusivo. Además, esta compleja situación ha reabierto viejas preguntas como: ¿Cómo se puede reconstruir la confianza política? ¿Cómo fortalecer las instituciones democráticas después de períodos con gobiernos autoritarios? ¿Cómo la democracia puede garantizar la inclusión política y la igualdad social en países marcados por la pobreza? ¿Cómo mejorar la movilización ciudadana en países donde los defensores de derechos humanos son perseguidos y asesinados en una nueva normalidad?
En respuesta a este escenario de desencanto y oportunidad de cambio, la sociedad civil ha tomado fuerza, haciendo más relevante y visible el rol activo que asumen los colectivos, las organizaciones y movimientos sociales. El sentido de colectividad y autoorganización toma una gran importancia en el contexto actual; iniciativas como la recolección de víveres y donaciones para los albergues de mujeres víctimas de violencia familiar en México o las ollas populares para proveer de alimento a aquellos que se han quedado sin un ingreso en Chile nos demuestran el alcance y potencial de la acción comunitaria. En colectivo se ha dado respuesta a las situaciones en las que nuestros gobiernos han quedado sobrepasados, y se ha abierto la conversación sobre el rol que la ciudadanía tiene para influir el escenario político y social de nuestro países.
Creemos que es el momento de fortalecer y hacer visibles a estos colectivos con sus apuestas. Por esto, anunciamos el lanzamiento de Pulsante, una alianza con Luminate y Open Society Foundations que busca acompañar y apoyar a grupos, organizaciones y movimientos sociales que desarrollan prácticas innovadoras que permitan a la ciudadanía involucrarse en las decisiones que afectan la protección de sus derechos, la calidad de los servicios públicos que necesitan y que fomenten la rendición de cuentas de sus gobiernos. En consecuencia, se busca la ampliación del espacio cívico. Fundación Avina entiende el espacio cívico como un pilar de la democracia y busca contribuir a crear y nutrir ámbitos en los que puedan prosperar soluciones radicales y dinámicas a las crisis que enfrentamos. Así como, nuevas formas institucionales que propongan un trabajo de incidencia innovador, donde identificamos que un número creciente de grupos y redes podrían contribuir a la creación y consolidación de más y mejores espacios democráticos.
Para alcanzar este objetivo en los próximos tres años (2020-2023) se invertirán 3 millones de dólares que se dividen en tres líneas de acción con financiamiento de corto y largo plazo. Ante el contexto de emergencia sanitaria, Pulsante nace con un Fondo de Respuesta Rápida que ofrece apoyo financiero y técnico para campañas enfocadas en lograr victorias específicas, en momentos sensibles de oportunidad, para proteger el espacio cívico y los derechos humanos.
El nuevo modelo de democracia que necesitamos se construye desde una ciudadanía activa. Hoy no podemos perder la oportunidad de repensar y trabajar por soluciones ciudadanas ante las crisis de nuestros países.
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1 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Informe espacial: El desafío social en tiempos del COVID-19, MAyo 2020, disponible aquí.