blogeditor · 6 de agosto de 2020
Hagamos matemática electoral. El 6 de junio de 2021 la ciudadanía elegirá a 3,465 representantes: 15 gubernaturas, 500 diputaciones federales, 1,027 diputaciones locales, 1907 presidencias municipales y 16 alcaldías. Competirán 7 partidos políticos nacionales (Movimiento Ciudadano, Morena, PAN, PRI, PVEM, PRD y el PT) y 7 nuevos posibles (PES, México Partido Nacional, Redes Sociales Progresistas, México Libre, Fuerza Social, Alternativa y Súmate), así como 54 partidos políticos locales. Si todos los partidos políticos presentan candidaturas, tendremos al menos 48,510 personas compitiendo por alguna posición de representación. Los partidos políticos nuevos que logren el registro, con alta probabilidad cuatro, deben competir solos en la elección de 2021. No todos lograrán ni todas las candidaturas ni mantener el registro, para el que requieren al menos el 3% de la votación total efectiva.
Afortunadamente, algunos partidos irán en alianzas y otros no lograrán postular candidatos para todas las posiciones en competencia, por lo que probablemente haya menos de 48 mil personas candidatas. Aún así, la competencia será férrea para convencer a los casi 90 millones de electores con credencial de elector vigente. Veamos los escenarios:
Escenario 1: Andrés Manuel contra el mundo
En este escenario tomemos como premisa la máxima de Andrés Manuel de los últimos años: o estás conmigo o estás contra mí; estás con la “transformación” o estás contra ella. Bajo este escenario, la idea de un bloque opositor, gestada en los sótanos de Palacio Nacional, se cumple. La alianza ya anunciada entre Morena, PVEM y PT compite contra la alianza (PAN, PRI, PRD y MC) y contra los partidos nuevos. No hay escenario más conveniente para el presidente y para MORENA que éste. Empaquetar a toda la oposición en un solo bloque garantiza una competencia entre dos. Este caso beneficia a los partidos políticos nuevos, que se convertirían en la primera mejor alternativa, y rompe con el espectro ideológico que converge en un único mensaje para la elección: “en favor o en contra de Andrés Manuel”. Así de básico. Sin programas. Sin agenda legislativa. Sin propuestas. Sin debate sobre qué va bien y qué va mal. Con un nivel de debate político nulo y polarizado. Sólo con él o contra él. Me cuesta trabajo pensar que nuestra clase política esté contemplando con seriedad esta opción.
El resultado de este escenario beneficia a los partidos políticos punteros, es decir, a Morena y al PAN. Estos partidos son los que ganarían el mayor número de asientos en la Cámara de Diputados, tanto por el número de votos como por la negociación con los otros partidos de la alianza. Sin ahondar en la polarización profunda de esta opción, en el peor escenario el electorado elige entre dos opciones, 45% y 45% de la votación y uno o dos partidos nuevos ganan el registro. El resultado hipotético sería éste:

Los resultados para las elecciones locales cambiarán en las entidades en las que haya concurrencia con la elección por la gubernatura, así como por la diversidad de las alianzas locales que realicen los partidos políticos. Morena crecerá sin duda y entre más partidos estén en el bloque opositor más le beneficiarán los resultados electorales.
Escenario 2: La pluralidad vive. El NO Boa
En este escenario, los partidos de oposición asumen su propia diversidad y entienden las diferencias entre ellos. Crean una plataforma sólida con alternativas sobre cómo resolver los problemas públicos tan graves que se mantienen en nuestro país y luchan por presentar al electorado propuestas razonables y asequibles para resolverlos. No concentran toda su fuerza electoral contra el hombre que no quieren en el poder y su partido, sino que ofrecen las alternativas para resolver los problemas que el gobierno y congreso actuales no han logrado. También se distancia de las agendas con las que no coinciden y dan una verdadera opción en temas como: derecho a decidir, defensa de la comunidad LGBTQ+, diferencias en cuanto a la militarización de la seguridad pública y sectores estratégicos, reducción de la desigualdad por medio de una reforma fiscal profunda que imponga impuestos a quien más tiene y redistribuya de manera más eficiente, entre muchas más. Esto permitiría elevar el debate y evitaría la simplificación peligrosa de la polarización de nuestra vida pública.
El resultado de este escenario claramente es más incierto, pero los votos no se dividen en dos. Morena seguiría siendo el partido puntero, pero con una pérdida considerable en las preferencias electorales. De acuerdo con la última encuesta de El Financiero en abril de este año, si hoy hubiera elecciones para diputados federales, Morena obtendría sólo el 18% de la votación, mientras que el PAN el 10% y el PRI el 8%. El resto de los partidos no figura en esta encuesta. El dato más relevante es que el 59% son indecisos.

Ello refleja la enorme volatilidad que tendrá el voto en 2021. Con un escenario así y con base en la alianza ya anunciada, planteo el siguiente escenario. Morena, PVEM y PT compiten contra el resto de partidos solos. A los indecisos los divido entre el total de partidos y sumo el mismo porcentaje reportado para los tres partidos políticos que reporta la encuesta de El Financiero. El resultado hipotético de este escenario sería:
La tabla considera el supuesto que el Partido Nuevo 1 es México Libre, el cual le quita entre el 4 y 6% de los votos al PAN. Asimismo, planteo el supuesto de la pérdida de fuerza del PRD, ya que los grupos de base del PRD en la Ciudad de México y en las entidades con mayor presencia del PRD han sido absorbidos por Morena en su mayoría. Se plantea un supuesto de crecimiento de Movimiento Ciudadano, gracias a la consolidación que ha logrado en entidades como Jalisco, Nuevo León y Colima y con un crecimiento estimado para la Ciudad de México.
La diferencia más importante entre los dos escenarios está en la relevancia de ir separados para los comicios electorales del 2021. Cualquier alianza que aglutine a la oposición puede dar a Morena hasta 60 asientos más en la Cámara de Diputados, además de dañar profundamente la pluralidad de nuestro país y la capacidad de entender la política como un medio para la construcción de acuerdos entre las diversas realidades que vive México. La vida democrática de nuestro país requiere elevar el debate público, plantear varias alternativas para resolver los problemas públicos y constatar con evidencia los resultados a 2021 en materia de inseguridad, combate a la corrupción, combate a la desigualdad, reducción de pobreza y atención a la crisis económica y social por la pandemia.
Es muy importante también que los partidos políticos entiendan el hartazgo de la ciudadanía con el sistema político actual. Los partidos políticos que se abran a la ciudadanía en igualdad de condiciones para participar en sus órganos de dirección y en los cargos de elección popular, serán los que logren un nuevo equilibrio y una nueva dinámica política. Las nuevas generaciones que buscan participar en la vida pública abrazan una política de causas, que construya soluciones desde lo local y que tenga fuerza para impulsar agendas nacionales. Ahí es donde la política del siglo XXI se consolidará.