blogeditor · 24 de septiembre de 2020
Decidí construir en colectivo la alternativa política electoral que imagino para el país para el siglo XXI. Una opción que ponga al centro el combate a la desigualdad no sólo en la retórica, sino en los hechos, en las políticas públicas; una alternativa que construya la paz sin más violencia, que ponga por encima el fortalecimiento de instituciones civiles sobre las militares y que combata la corrupción, la inseguridad y la impunidad desde las instituciones responsables de prevenir, investigar, perseguir y sancionar delitos.
Un grupo extraordinario de personas armamos equipo y decidimos construir desde Movimiento Ciudadano alianzas con personas, colectivos, movimientos y organizaciones que reconozcan la fuerza de la pluralidad, del diálogo y del control del poder público desde la participación ciudadana. No cargaremos vicios del pasado ni repetiremos recetas que han probado ser poco efectivas. Construiremos un nuevo trato progresista ambientalista, feminista e igualitario, que pone en el centro el ejercicio pleno de derechos. El Estado laico seguirá siendo nuestro faro: con respeto total a todas las creencias, pero con separación explícita de las funciones de gobierno, incluidos los espacios de comunicación como el púlpito presidencial.
Las alianzas del movimiento serán con todas aquellas personas que creen en la dignificación de la política, que luchan contra intermediarios políticos que capturan y humillan la representación de las causas ciudadanas y que alzan la voz ante cualquier forma de discriminación. Las alianzas que hemos construido ya con organizaciones de derechos humanos se mantendrán como referencia para proteger la integridad física y psicológica de todos los mexicanos, así como para prevenir y revertir las condiciones sociales que propician el crimen y la violencia en el Estado. Las víctimas serán el centro para la puesta en marcha de políticas de reparación, justicia y no repetición.
Las alianzas con la ciudadanía en todo el país deberán estar de acuerdo con el derecho a decidir de todas las personas sobre su cuerpo. Pugnaremos por educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar e interrupción legal del embarazo para no morir. No dejaremos de cuestionar y replantear los roles tradicionales de género masculinos y femeninos para alcanzar una verdadera igualdad entre todas las personas.
Para combatir la desigualdad, quienes se sumen a este proyecto, deberán comprometerse en destinar todos los recursos del Estado para la igualdad y la protección de los grupos más vulnerables de nuestra sociedad. El desarrollo sin igualdad es inaceptable. Trabajaremos en colectivo por una reforma fiscal progresiva, que le cobre más a quien más tiene para redistribuir a través de bienes y servicios públicos entre quienes menos tiene. Esa inversión pública se debe ver reflejada en esquemas de protección social más amplios con acceso efectivo a servicios de salud y educación de calidad para toda la población. La desigualdad también se combate con oportunidades, empleo y fomento a la iniciativa privada y a la innovación, con un modelo económico que no ponga la productividad por encima de la integridad ni dignidad de las personas y que no ponga las utilidades por encima del equilibrio ecológico.
Para combatir la corrupción desde sus causas, las alianzas deberán estar de acuerdo en fortalecer las instituciones que identifiquen, persigan y sancionen la corrupción para todas aquellas personas que capturan puestos y presupuestos públicos para fines privados. La rendición de cuentas y la transparencia son y serán principios inequívocos de la honestidad en el ejercicio de recursos públicos y en el ejercicio de la función pública.
Tampoco olvidaremos que todo movimiento social y político se construye a través de relaciones de confianza entre personas de todo el país, de cada municipio y de cada entidad federativa, quienes representan y enarbolan agendas particulares y resuelven problemas públicos propios. En estas alianzas defenderemos relaciones federales que pongan orden en la distribución y ejercicio del poder en el territorio nacional, que garantice la deliberación en la toma decisiones públicas de todos los municipios del país y que no sólo respete sino profundice y fomente las formas de organización política, económica y cultural de los pueblos indígenas.
¿Es mucho pedir? No dejaremos vacías estas agendas, cada una de ellas se traducirán en acciones afirmativas. Vestimos y encarnamos estas ideas como equipo, como movimiento y como partido, en colectivo. Comparto estas ideas íntegras; he trabajado por ellas y las defiendo en su totalidad. Las alianzas ciudadanas que se sumen tendrán que estar de acuerdo con ellas. Hoy no sólo se han convertido en mi ideario, también es el ideario del partido que hoy represento y que ha inspirado estas líneas. La causa es México.