Redacción Animal Político · 28 de septiembre de 2025
En México, hablar de lactancia materna es hablar de derechos: el derecho de niñas y niños a recibir el mejor inicio posible en su vida, y el derecho de las madres a contar con condiciones dignas y equitativas para ejercer esa práctica. Sin embargo, los datos recientes nos obligan a cuestionar seriamente si el país está cumpliendo con esa doble responsabilidad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2021-2023, apenas 34.2% de los bebés menores de seis meses reciben lactancia materna exclusiva, y la cifra de lactancia continuada a los dos años es de 43%. Estas cifras no solo reflejan un rezago respecto de las recomendaciones internacionales, sino que también evidencian desigualdades profundas: las tasas son más bajas entre mujeres con menor paridad y con empleo remunerado, y más altas entre quienes recibieron información sobre lactancia materna durante el embarazo o en consultas médicas.
La práctica de la lactancia materna en México está atravesada por factores de inequidad social y económica. Entre ellos, destacan la ausencia de una estrategia nacional de lactancia, el escaso apoyo en el entorno laboral y familiar, la falta de consejería adecuada en los servicios de salud, la baja certificación de la Iniciativa Hospital Amigo del Niño y de la Niña (IHANN) —apenas 14.3%— y la comercialización agresiva de fórmulas infantiles que desplazan la opción de amamantar.
A esto se suman las limitaciones en el ámbito laboral: una licencia de maternidad de solo 12 semanas en el sector formal y la ausencia de protección para mujeres en la economía informal, quienes deben elegir entre trabajar para garantizar ingresos o sostener la lactancia materna.
Estos factores hacen evidente que la lactancia no depende únicamente de la decisión individual de una madre, sino de un entramado social, económico y político que puede facilitarla o dificultarla.
El éxito de la lactancia está estrechamente vinculado a la existencia de redes de apoyo durante el puerperio, que ayudan a satisfacer las necesidades físicas, emocionales, sociales, culturales e incluso profesionales de las mujeres. Estas redes están compuestas por individuos, grupos y organizaciones que brindan información, educación, orientación y aliento.
Lejos de ser un recurso accesorio, las redes de apoyo son determinantes. Las madres que cuentan con sistemas sólidos a su alrededor son más propensas a iniciar y mantener la lactancia materna exclusiva. Dichas redes pueden incluir a la pareja, a la familia, a grupos comunitarios, a profesionales de la salud y a consultoras de lactancia.
De acuerdo con el estudio de Barrera-Rojas (2024), el nodo más importante en las Redes de Apoyo de la Lactancia Materna Exclusiva (RALME) son las madres de las mujeres lactantes. Ellas no solo generan redes más amplias, sino que conectan con otros nodos y aseguran mejor calidad en la información y consejos que reciben las madres lactantes. Llama la atención que, cuando la madre es el primer nodo, el segundo nodo más frecuente es la madre o la suegra. En consecuencia, las abuelas se convierten en figuras centrales en el bienestar tanto de la madre como del bebé.
Otros nodos relevantes son amigas y familiares con experiencia en lactancia, quienes apoyan a las madres y, en muchos casos, se involucran en el cuidado directo del recién nacido. Esto resulta crucial cuando la madre regresa al trabajo y no puede estar todo el día con su bebé. En tales situaciones, contar con alguien cercano que pueda alimentar al bebé con leche materna extraída es la clave para continuar con la lactancia exclusiva.
El sector salud tiene un papel ineludible en el éxito de la lactancia. Su responsabilidad no se limita a recomendarla: debe garantizar consejería oportuna y de calidad durante el embarazo, el parto y el posparto.
La capacitación del personal médico es esencial para eliminar prejuicios y prácticas desactualizadas que muchas veces desmotivan o confunden a las madres. Asimismo, fortalecer la Iniciativa Hospital Amigo del Niño y de la Niña y establecer salas de lactancia en los centros de salud ayudaría a crear un entorno favorable.
Otro aspecto clave es la vigilancia estricta para evitar la promoción indebida de fórmulas infantiles, que interfiere con la decisión informada de las madres y desplaza la lactancia como primera opción.
El regreso de las madres al trabajo es, en la mayoría de los casos, el punto de quiebre de la lactancia materna. Con solo 12 semanas de licencia pagada, las mujeres del sector formal se ven obligadas a interrumpir el proceso en un momento crítico. En el sector informal, la situación es aún más adversa: la ausencia de ingresos garantizados y de políticas de protección coloca a las madres en la disyuntiva de amamantar o subsistir.
Para revertir esto, es necesario ampliar las licencias de maternidad y avanzar hacia licencias de paternidad equitativas que promuevan la corresponsabilidad. Igualmente, los lugares de trabajo deben implementar espacios adecuados para la extracción y conservación de la leche, así como esquemas de flexibilidad que reconozcan la importancia de la lactancia.
Hablar de lactancia materna es hablar de un tema de salud pública y de justicia social. Se trata de un derecho que no puede depender únicamente de la voluntad individual de las mujeres, sino de la existencia de una cadena de apoyos en la que participen familias, comunidades, instituciones de salud, centros laborales y gobiernos.
Garantizar la lactancia materna no solo beneficia a los bebés y a las madres: también construye sociedades más equitativas, donde cuidar y alimentar no recaiga exclusivamente en las mujeres, sino en estructuras compartidas que reconozcan la importancia del cuidado.
La pregunta central es: ¿quién cuida a quienes cuidan? La lactancia materna en México revela que hoy las madres siguen cargando solas con la responsabilidad de alimentar, en un contexto que no les ofrece las condiciones necesarias.
Fortalecer las redes familiares y comunitarias, garantizar políticas de salud comprometidas y transformar el mundo laboral son pasos urgentes para que amamantar no sea un privilegio, sino un derecho posible para todas.
Cuidar a quienes cuidan es la base de una sociedad más justa, equitativa y saludable. Y la lactancia materna es un buen punto de partida para comenzar a saldar esa deuda.
*Save the Children (@SaveChildrenMx) es una organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Ayuda a los niños y niñas a lograr una infancia saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección infantil y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Visita nuestra página y nuestras redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram.