La violencia familiar: una epidemia que no ha sido atendida

blogeditor · 26 de marzo de 2021

La violencia familiar es un problema social que disminuye el bienestar, limita el desarrollo y atenta contra la integridad física y psicológica de quienes la padecen, en particular los niños, niñas, mujeres, adultos mayores y personas con discapacidad. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (2016) define  la violencia familiar como “un acto de poder u omisión intencional, dirigido a dominar, someter, controlar o agredir física, verbal, psicoemocional o sexualmente a cualquier integrante de la familia, dentro o fuera del domicilio familiar, por quien tenga o haya tenido algún parentesco por afinidad, civil, matrimonio, concubinato o a partir de una relación de hecho y que tenga por efecto causar un daño”. Esta misma Comisión expone que todas las personas deben vivir con dignidad, pacíficamente, con confianza y libertad para expresar ideas y sentimientos sin ser maltratado de ninguna manera.

La familia representa el núcleo de la sociedad, no importa la manera en que se organice o estructure, es donde se fundamentan los valores y el desarrollo integral de las personas y que definirá, en gran medida, el comportamiento presente y futuro del ser humano. Cuando este núcleo enfrenta situaciones de violencia se pone en riesgo su papel como pilar en la construcción de una sociedad sana y cohesionada, lo que se traduce en una barrera para el progreso de una nación.

Los efectos negativos de la violencia familiar son diversos, uno de ellos tiene que ver con la delincuencia. Las secuelas emocionales que puede dejar la violencia familiar, si no son atendidas y solucionadas, pueden llevar a las personas a comportamientos antisociales, lo que podría elevar la propensión a cometer actos delictivos. De hecho, en la rama de la crimonología el análisis del entorno familiar es muy relevante, pues se entiende que un entorno familiar no funcional y violento carente de valores, respeto, educación, etc., favorece el desarrollo de conductas antisociales que pueden motivar la ejecución de delitos (Sánchez Blanco, 2016).

Además, la violencia familiar genera costos monetarios importantes tanto para las víctimas como para el gobierno y empresas. De acuerdo con el estudio presentado por la Secretaría de Gobernación Comisión Nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres (CONAVIM) en 2015, los gastos relacionados únicamente con este tipo de violencia -atenciones médicas y psicológicas; ingresos dejados de percibir por ausencias laborales; gastos en asesoría jurídica; programas públicos dirigidos a prevenir, atender y sancionar la violencia hacia las mujeres, entre otros- se estimaron en 1.4% del PIB, lo que equivaldría a alrededor de $245 mil millones de  pesos.

En México, el artículo 343 bis del Código Penal Federal tipifica a la violencia familiar como un delito y suscribe que a quien lo cometa se le impondrá de seis meses a cuatro años de prisión y perderá el derecho de pensión alimenticia. Asimismo, se le sujetará a tratamiento psicológico especializado.

Desafortunadamente, en nuestro país la violencia familiar es grave y cada vez cobra más víctimas. De acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública de los presuntos delitos del fuero común registrados en las averiguaciones previas o carpetas de investigación iniciadas, en la Ciudad de México entre enero y febrero de 2015 y enero y febrero de 2021, este delito registró un crecimiento de 62%, pasando de 1850 denuncias por violencia familiar a 4883 en dicho periodo.

Fuente: Elaboración propia con datos del Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública.

Las alcaldías que registran un mayor número de casos de denuncias por violencia familiar son Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón, con crecimientos en el periodo de estudio de 54%, 63% y 64%, respectivamente. Cabe mencionar que este delito representó el 15% de todos los registrados entre enero y febrero de 2021 y para Milpa Alta este porcentaje fue del 29%.

Fuente: Elaboración propia con datos del  Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública.

Los datos reflejan la gravedad del problema, ya que esto no afecta a un número reducido de personas, sino todo lo contrario. La violencia familiar es prevenible y cuando la tendencia de este delito es creciente y en magnitudes tan notables solo se puede concluir que no se le da la importancia que merece y no se está enfrentando de manera correcta.

La violencia familiar que se vive en la Ciudad de México y en el país en su conjunto es un problema grave que debe atenderse. Es necesario implementar acciones y programas integrales que combatan las causas que la generan de manera eficaz, para que pueda prevenirse, y no solo se trate de acompañar a las víctimas que la padecen.

@simetriamx