La vida es un trámite, carnal…

Redacción Animal Político · 18 de octubre de 2022

La vida es un trámite, carnal…

La inspiración el día de hoy viene de la frustración, ese sentimiento que detona la eterna pregunta: ¿por qué las cosas deben ser de esta manera, si hay maneras más fáciles de hacer las cosas?

Les quiero compartir mi terrible experiencia en uno de cuatro trámites de gobierno distintos que he tratado de hacer en los últimos cuatro años: una baja de placas. La experiencia ha sido muy similar en dependencias diferentes y se ve cruzada por cuatro razones de fondo similares: incompetencia técnica e intelectual, procesos complicados e innecesarios, falta de actualización y acompañamiento en temas digitales y la de siempre, corrupción.

Compraste un auto “seminuevo” hace poco, asumes el riesgo de que tuvo varios dueños, y entre su largo historial en su corto tiempo de vida te encuentras un cambio de placas realizado en una entidad diferente a la que las emitió de origen, pero el documento que avala el cambio de placas con hoja membretada, folio y sello del gobierno está ahí en tu expediente y no parece algo malo, además de que revisaste en REPUVE las placas y todo estaba ok.

Cuando intentas venderlo en una de estas empresas compradoras de autos usados como Kavak o OXL te informan que el auto presenta un adeudo por mucho dinero debido a que las placas anteriores nunca se dieron de baja en la entidad correspondiente, y ahí empieza el calvario.

Sorprendentemente el auto ha sido reemplacado en otra entidad dos veces más, y nadie dijo nada. ¿Cómo pudieron dar placas nuevas si en el sistema de otro Estado aún hay otras placas vinculadas al mismo número de motor? ¿No se supone que para eso está el REPUVE? El Registro Público Vehicular (REPUVE) es una Dirección General que depende del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Su objetivo es otorgar seguridad jurídica a los actos que se realicen con vehículos que circulan en el territorio nacional, mediante la identificación vehicular. ¿Por qué en REPUVE aparece el mismo auto con dos registros del mismo número de motor y dos placas distintas?

Ahora resulta que Kavak hace mejor el trabajo cuando se trata de verificar la legalidad de los autos, pero bueno. Vas al gobierno que emitió las ultimas placas, te piden que escribas un oficio, te dan respuesta en 40 días hábiles donde explican que ellos sí mandaron a la otra entidad el aviso de baja de placas y te dicen que hagas con ese oficio lo que se te ocurra. Te diriges al Registro Público del transporte donde tratas de explicar tu caso, pero te dicen que todo trámite es con cita por pandemia, pero no te dicen donde se sacan las citas. Después de que has tratado de explicar al guardia de seguridad tu problema, una persona sale con molestia a preguntar qué necesitas, explicas y antes de poder terminar te pide que te formes allá, atrás de un árbol, y así juega con las personas que llegan y les pide que se paren en diferentes lugares “para que no se vean amontonados”.

Ignorando tu oficio informativo del Estado que dio de baja las placas, te piden que hagas ooootro oficio para pedir una baja de placas en esa localidad, lo entregas y te dicen que esperes otros 40 días.

Pasado este tiempo, vuelves a acudir para recibir otro oficio de respuesta que dice: “nosotros no recibimos nada y su baja de placas no procede, vuelva con la entidad que dice que dio de baja las placas y pregúntele qué hacer”. Todo esto con palabras rimbombantes y rebuscadas.

¿Y ahora qué hago?, preguntas al burócrata en turno, el cual solo se encoje de hombros y te dice: “vaya de nuevo a las oficinas del Estado que dice que dio de baja las placas”.

Desesperado hablas por teléfono a la dependencia de la otra entidad rogando que te contesten, les explicas que no puedes andar viajando y que por favor te digan ellos qué van a hacer, a lo cual responden: “le daremos el mismo oficio que ya le hemos dado anteriormente, pero sellado con fecha reciente, seguramente hace cuatro años que les enviamos la notificación de la baja de placas traspapelaron el documento y por eso se hacen de la vista gorda…”. ¿Traspapelaron el documento? ¿Estamos en la prehistoria? ¿Por qué recibieron un documento impreso? ¿Por qué siguen trabajando con papel y con apiladores de hojas y folders?

Vuelves a pararte en la puerta de la oficina poniendo cara de inmensa tristeza y preocupación a ver si se nota tras el cubreboca para darle lastima a algún funcionario y te atienda. Mientras, dos personas que esperan pierden la cordura y empiezan a gritar y pelear con el guardia. Una señora grita: “ahora no me hacen caso y me dejan aquí esperando, pero que tal cuando me cobraron $1400 pesos de mordida para darme una cita”. El guardia se hace de palabras con la señora, la dejan ingresar y se acaba el borlote.

Sale otra persona con actitud cansada a preguntarte ¿qué necesitas?, explicas que quieres hablar con alguien que entienda tu caso y se tome la molestia de leer tu oficio original, te piden que te formes de nuevo en el árbol y esperes, pasa una hora y al fin vuelven a darte acceso a las oficinas, vuelves a explicar todo, les ruegas que lean tu oficio inicial, ponen cara de preocupación, chin… sí tienen que resolver ellos, pero no saben cómo. Te piden que te sientes, te dejan otra media hora ahí, regresan y te explican que tienes que pedir esa misma hoja con el sello actualizado y ya después regreses. ¿Por? ¿Si la hoja dirá lo mismo, qué importa la fecha? No saben responder. Sales de ahí derrotada.

De acuerdo con datos del Banco Interamericano de Desarrollo, en México, así como en el resto de America Latina y el Caribe, el 89 % de los trámites se hace de forma presencial, es decir, te tienes que ir a formar y esperar el trato a contentillo de funcionarios que hablan bajito, con cubreboca tras ventanilla y que se molestan si no los escuchas bien, para que al final no te resuelvan nada.

El precio del pasaje entre estados ida y vuelta asciende a un total de $720 pesos, el uber de la terminal a las oficinas mencionadas cuesta $80 pesos, una comida rápida que encuentras por ahí antes de subir de regreso al autobús para poder llegar a una hora decente a tu casa te cuesta $110 pesos. Has perdido un día de trabajo; si tienes suerte, te dieron chance o tomaste un día de vacaciones, si no, te lo descontaron y para ser pragmáticos lo tomaremos como un salario mínimo $172.87 pesos. Además, estás molesto, te bronceaste media cara abajo del arbolito donde te indicaron que te formaras y tu problema sigue sin tener resolución. Fueron $1082.87 pesos la primera vez, lo mismo esta segunda vez y lo que falta.

Y así podría tomarme otras 10 cuartillas más contándoles de un trámite que lleva casi seis meses para solicitar un permiso de construcción menor para lo cual se han armado más de cuatro expediente iguales que se han traspapelado en las oficinas de gobierno o se tienen que entregar a diferente ventanilla, el gasto en gasolina, transporte, copias y saliva ha sido importante y quien más sabe en esa secretaria es el poli buena onda de la entrada que te da tips para que te hagan caso.

También podría contarles de las tranzas del Registro Público de la Propiedad y la corruptela entre notarios, funcionarios y vivales, o del aviso de apertura de negocio para changarritos que ahora se hace en línea, súper padre si le sabes al internet de las cosas diría Purificación Carpinteyro, pero si pensamos en la gente que abre un pequeño changarro que apenas si le saben al feis, subir documentos a una página se convierte en alta complejidad. Y con esto no quiero decir que está mal tener trámites online, lo que digo es que falta entender a las diferentes audiencias de cada trámite para dar acompañamiento y de esta manera migrar a lo digital de la manera más amigable y eficiente posible.

Con lo anterior, las consecuencias son lamentables, o pasas un billetito (o billetotes) entre tus papeles, o aguantas meses y meses de ir y venir gastando tu tiempo y tu dinero o te das por vencido y te vas por la línea de la ilegalidad, vendes el auto a un particular con engaños y te deshaces del problema, construyes sin permisos, pierdes la propiedad que te chacalearon o abres tu changarro sin licencia con riesgos de multas del mismo gobierno que te complicó las cosas y con todo esto alimentamos más a la corrupción y todos salimos perdiendo.

Pero bueno, el camino es largo y haciendo una comparativa con America Latina según el libro “El fin del trámite eterno: Ciudadanos, burocracia y gobierno digital”, Del Banco Interamericano de Desarrollo, México no está taaaan mal en temas de trámites (al menos no estaba tan mal hasta 2017). En algunas dependencias se ha avanzado, pero dirían por ahí “en tierra de ciegos el tuerto es rey”.

* Paulina Cebada (@paw_cediz) es mercadóloga, chismosa profesional, poblana no apoblanada, observadora del mundo y catadora de experiencias cotidianas, curadora de memes y contadora de historias.

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