La verdad científica como resistencia civil

Redacción Animal Político · 17 de septiembre de 2025

La verdad científica como resistencia civil

La verdad como evidencia de un hecho palpable y demostrable plantea una coherencia en la que coincide el pensamiento con la realidad. Pudiese parecer un paradigma sólido e incuestionable, pero muchos autores identifican desde las definiciones conceptuales más elementales hasta las implicaciones filosóficas más profundas, un eje entre lo que se dice y se piensa con lo que representa el mundo real sustentado en los hechos.

También el discurso requiere una coherencia fundamental entre una afirmación y los hechos que postula, a tal grado que a esta certidumbre se le reconoce como un bien moral según Sócrates, que coincide con el concepto platónico de que la verdad es en sí misma el bien.

En la sociedad de la información que aspira a una sociedad del conocimiento, la veracidad ha requerido cada vez más rutas argumentativas que demuestren su certeza, toda vez que los límites entre la verdad y el mito, la veracidad y la falacia, la objetividad y la posverdad presentan fronteras tenues y difuminadas.

Aun más en la era de la inteligencia artificial generativa (IA Gen), uno de los desafíos es el de distinguir la verdad y la realidad de las alucinaciones y confabulaciones algorítmicas. Ya no es sólo un tema de spam, sino de una gran cantidad de datos que no cuentan con la supervisión crítica de la inteligencia humana, ni con el rigor científico que se sustenta en el pensamiento crítico y reflexivo.

En el caso de la ciencia se ha cuestionado la integridad científica y ha puesto en evidencia las debilidades en la reproducibilidad de muchos modelos generadores del conocimiento, dando lugar a que el análisis por pares ahora debe ponderar la posible influencia de autores no humanos mediante estos modelos de lenguaje generativo, y ha expuesto la figura de las retractación en la literatura especializada como un recurso viable en la perspectiva ética de preservar la credibilidad de las publicaciones científicas.

La recepción y aceptación de contenidos generados por la seudociencia y una nueva generación de creadores de contenido que publican de manera abierta información falsa sin ninguna restricción ha sido un caldo de cultivo propicio para que la mitomanía se posicione como un eje ideológico en las sociedades que adolecen de un pensamiento que cuestiona.

De esta forma se han producido una serie de movimientos disruptivos que desde visiones cuasifundamentalistas y prácticas de consumo, asumen que la mitomanía es un eje ideológico facilitador, una nueva “caja de resonancia” que promueve la cultura de la dádiva, la promesa del bienestar como tierra prometida y arrebatada por una deuda social histórica, en un entorno que tiene un tufo a culto.

Ante esta nueva realidad de una nueva “verdad” que en ciencia sólo puede rebatirse con la argumentación de la más estricta metodología y rigor académico, el conocimiento empieza a ser cuestionado y desplazado de los esquemas de toma de decisiones para resolver los problemas contemporáneos, y se encuentra en el rincón más oscuro de las consultas para conformar las políticas públicas. Es más, pareciera que la verdad científica se ha convertido en un discurso incómodo que sigue amenazando la cultura de la mitomanía que mueve masas.

Por ello, para el presente y el futuro, la coherencia entre el conocimiento científico y la realidad, la capacidad de la gestión y transferencia del conocimiento, el rigor de sus métodos, la ética en la integridad científica y su capacidad para transformar el entorno de manera sustentable y sostenible al margen de posturas ideológicas es no sólo recomendable, sino imprescindible.

En el escenario social, la verdad científica tan denostada y vejada presupuestalmente en cuanto a su relevancia y desarrollo sistemático, también puede y debe convertirse en una mano levantada que, desde su capacidad de cuestionar, crear y proponer alternativas proactivas, representen una nueva cultura de la resistencia civil pacífica a la manera de la duda intelectual. Es decir, se conforma y se nutre por su propia naturaleza desde la suspicacia educada.

La resistencia civil no sólo es una práctica que cuestiona el statu quo, también forma parte de un imperativo categórico que posteriormente se adoptó como el imperativo ético de la bioética.

El refinar la certidumbre científica y demostrar su congruencia con un conocimiento que transforma, y no sólo que cumple indicadores, es una perspectiva contemporánea que justifica plenamente la tarea de resarcir el rol de la verdad en el lugar de la historia que le corresponde.

* Rodrigo Ramos-Zúñiga es neurocirujano y doctor en Ciencias. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, y es profesor investigador en ciencias de la salud en la Universidad de Guadalajara.

 

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