blogeditor · 25 de agosto de 2021
La vaquita marina, el mamífero marino más pequeño y amenazado del mundo, se extingue pero no por causas naturales. Comparte hábitat con un pez llamado totoaba, endémico como ella del Alto Golfo de California, y la pesca intensiva de éste los ha llevado a ambos a estar “en peligro de extinción”: la vaquita cae en las redes totoaberas de forma accidental, lo que la convierte en víctima colateral.
En 1997 se reconoció que quedaban 568 vaquitas marinas, lo que motivó la creación del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita (CIRVA), conformado por científicos expertos en cetáceos con el objeto de asesorar al gobierno mexicano en la toma de decisiones. Desde su primera reunión, dicho Comité concluyó que las redes agalleras (las que atrapan a los peces por las agallas) eran la mayor amenaza para el cetáceo, y desde 1999 ha subrayado la necesidad de reducir a cero la captura incidental de vaquitas y el desarrollo de artes de pesca alternativas. Una constante en las recomendaciones del CIRVA es que, como mínimo, se eviten todo tipo de estas redes en el área de mayor concentración de vaquitas, para detener su captura y favorecer la recuperación.
En 2005 se creó el Área de Refugio para la protección de la vaquita marina, con una superficie de mil 263 km2. A pesar de que su programa de protección establece dos zonas de no-pesca dentro del polígono, esta restricción nunca se ha acatado. Para 2012 se tuvo conocimiento de una intensa y brutal pesca ilegal de totoabas por el valor de su buche en los mercados asiáticos, fundamentalmente en China; se llegó a documentar un valor de hasta 25 mil dólares por kilo. Este hecho fue calificado de catastrófico y sorprendió a la administración en turno. El comercio ilegal de buches pasaba por Estados Unidos y de ahí a China, en una red de crimen organizado internacional.
El gobierno federal mexicano respondió con lo que llamó “Estrategia Integral para la Recuperación de la Vaquita” con la ampliación del polígono, la suspensión temporal de pesca con redes de enmalle, programas de compensación para los pescadores afectados y extracción de redes “dormidas” o abandonadas en el área de mayor concentración de vaquitas. Se emitieron diversos acuerdos secretariales, con los que se intentaron establecer prohibiciones pesqueras en el área. Sin embargo, todas las intenciones de proteger a la vaquita se nulificaron al incorporar sistemáticamente excepciones a dichas prohibiciones, sobre todo al permitir la pesca de curvina golfina, que disfrazaba la captura de totoaba. Así, al establecer esas excepciones, las autoridades permitieron que se abriera la puerta que intentaban cerrar.
Por ejemplo: en 2015, cuando la población ya se había reducido a 97 vaquitas marinas, se emitió un acuerdo secretarial que prohibió la pesca con redes agalleras en un polígono de 12 mil km2 por dos años, pero exceptuó a la pesca de curvina, con redes de encierro de hasta 293 metros de largo. Este acuerdo se refrendó en 2017, año en el cual se retiraron 518 redes de pesca ilegal, 220 de ellas aún activas, en el Alto Golfo. La organización Sea Shepherd Conservation Society reportó que había retirado 150 redes totoaberas activas en una sola temporada, dimensionando el tamaño del problema. Entre diciembre de 2017 y mayo de 2018, otras 400 redes para totoaba fueron retiradas en esa zona. De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de la Pesca (INAPESCA), durante ese año fueron extraídos ilegalmente al menos 21 mil especímenes. En los hechos, las autoridades pesqueras han autorizado el aumento de cuotas pesqueras de curvina golfina, así como del esfuerzo pesquero en el Alto Golfo, el retraso en el otorgamiento de permisos con artes de pesca de reconversión, y las excepciones en los acuerdos secretariales. El INAPESCA, que es el encargado de diseñar las redes de pesca alternativas, ha sido omiso en ello, mientras que avaló las medidas arriba señaladas.
El Estado mexicano ha desatendido los llamados, como los que motivaron el embargo pesquero, que prohibió la importación a Estados Unidos de todo tipo de camarones y peces provenientes del hábitat de la vaquita, advirtiendo que el costo de la extinción es mayor al del embargo; tampoco prestó oídos a la declaración de “en peligro” por parte de la UNESCO, organismo que solicitó reiteradamente a México pronta acción. Igualmente, no se ha resuelto la insuficiencia en el desarrollo de redes alternativas.
Tampoco han sido escuchados los organismos científicos internacionales, como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, máxima autoridad mundial, o los reiterados llamados de la Comisión Ballenera Internacional, que ha urgido al gobierno de México a eliminar cualquier excepción a la prohibición de redes que pudieran facilitar la pesca ilegal de totoabas o que entren en el rango de distribución de la vaquita. Si bien la creación del CIRVA fue un gran acierto, el gobierno federal ha tenido el desacierto crónico de no implementar sus recomendaciones de forma cabal y decidida.
El 24 de septiembre de 2020 se emitió un acuerdo secretarial que establece un “Área de Tolerancia Cero” (Zo) en una superficie de escasos 225 km2, en la que se mandata la prohibición permanente y total de cualquier tipo de pesca, así como del tránsito de embarcaciones. Pensamos que finalmente se atendían las recomendaciones del CIRVA en un momento en el que quedan 10 vaquitas y se sabe que al menos hay tres crías. Sabemos también que es una especie que históricamente ha tenido una población pequeña, adaptada al medio, y que, como otras especies de rangos pequeños, ha logrado mantener la salud genética de la población.
Fue precisamente en el Zo, el 31 de diciembre de ese año, donde los barcos de la organización Sea Shepherd fueron atacados por varias pangas de pescadores furtivos, cuando intentaban sacar una red del mar, y una lancha se impactó con el barco, partiéndose en dos y causando la muerte de uno de los “piratas”. Este hecho, donde la tragedia fue sucedida por la confrontación social, obligó a la organización a retirarse de México. Hasta el momento de escribir este artículo no han podido volver a operar en el país.
Meses después, el 7 de julio de 2021, se publicó otro acuerdo, que deroga de facto el área de tolerancia cero al permitir —sin argumento técnico o jurídico— la entrada de hasta 65 embarcaciones y dictar medidas de monitoreo, vigilancia y disuasión. La ley se omite. Las esperanzas para las vaquitas se han reducido. De los mil 263 km2 que tenía el área de refugio en 2005, ésta se limitó a sólo 225 km2 en 2020, superficie que representa únicamente el 17.8% de la original y menos del 1% de la del Golfo de California. No se le concede a la vaquita marina ni ese pequeño espacio: se ha quedado sin refugio.
Las vaquitas no están a salvo, pues la pesca ilegal persiste y no hay control sobre ella. El 27 de julio de este año se confiscaron 39 buches de totoaba en la aduana de Hong Kong, pero un mes antes se decomisaron 160 kilogramos de buches correspondientes a 270 totoabas.
Lo que está viviendo la vaquita es la drástica y brutal manifestación de cómo nos relacionamos con la naturaleza, y de cómo se resuelve el conflicto eliminando a una especie, para dar paso a la extracción. Es el límite del paradigma que hoy la Ciencia y la Ética interpelan al cambio radical. El valor intrínseco de cada una de las vaquitas y de su hábitat debería prevalecer.
El gobierno mexicano debe ser el garante de la conservación de la naturaleza, no el promotor de su destrucción. Es la racionalidad económica la que ignora el valor de los ecosistemas, cuya salud depende de la integridad de sus elementos. En esta dinámica, a la vaquita le seguirá la totoaba, después la curvina, y el desajuste del ecosistema del cual dependen las especies y los seres humanos de la zona. Todavía no entendemos los lazos de interconexión natural, y las especies están pagando por ello.
* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados. Ha sido observadora y/o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.
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Lectura recomendada
Vaquita marina, ¿en qué te hemos fallado? COMARINO. Greenpeace. Center for Biological Diversity, Ocean Foundation. 2019.
Reportaje recomendado
“La vaquita marina el negocio de la extinción”, CNN, 2017. La vaquita marina, el negocio de la extinción | Video | CNN