La urgencia de parar la urgencia

blogeditor · 30 de noviembre de 2016

La urgencia de parar la urgencia

En México estamos demasiado ocupados tratando de parar la violencia; por eso no queda tiempo suficiente para aprender cómo lograrlo. La violencia se repite y es urgente pararla. Entonces se actúa sin descanso. Una y otra vez. Ciclo interminable en el que vivimos y morimos. A la manera de los bomberos que son llamados 10 veces a apagar el fuego en la misma casa y jamás nadie se pregunta qué hacer para que no se repita el incendio.

En la teoría de las políticas públicas hay una etapa que se llama evaluación. Se supone que una política sigue adelante si la evaluación es positiva y es modificada si no es el caso. En la realidad muchas veces las cosas son diferentes. Las políticas públicas suelen estar sujetas a intereses que las manipulan, independientemente de que cumplan o no la promesa que formalmente las justifica.

En nuestro país la promesa de contener la violencia acompaña toda oferta electoral y todo programa de gobierno. Jamás falla. Lo que falla es el cómo y el resultado. Nadie cuestiona la promesa, nadie cuestiona la urgencia de actuar y nadie cuestiona que no haya explicación sobre las acciones repetidas sin los resultados esperados. Todos contra la violencia, todos de acuerdo. ¿Cómo? Quién sabe. Por lo pronto hay que actuar. El bombero debe volver a la casa incendiada, no hay tiempo para reparar en la causa que repite el incendio.

Resulta que la casa que se incendia una y otra vez requiere ser rediseñada y reconstruida. Para ello ya no hacen falta los bomberos sino los arquitectos y los ingenieros. Y aquí aparece el problema que impide la obra: el factor tiempo. Los bomberos son vistosos y rápidos, mientras que los arquitectos y los ingenieros son deslucidos y lentos. ¿Quién toma el cargo para invertir en el “pálido” trabajo del que debe ir hasta los cimientos de la estructura para rediseñarla y así evitar el nuevo fuego? Nadie o muy pocos. En cambio, vaya que atrae el trabajo del bombero; es el despliegue policial y militar que se mueve casa tras casa, apague y apague fuegos solo para, tan pronto le sea posible, repetir la operación.

La contradicción es por ahora insalvable; la oferta es parar la violencia pero el camino para en verdad lograrlo requiere invertir el tiempo propio del rediseño y la reconstrucción. Al final del día, ¿quién quiere ganar una elección para reconstruir una casa que el final será disfrutada por otros?

Si hay algo que verdaderamente urge es parar la urgencia.

 

@ErnestoLPV