La UNODC sigue tapándose los ojos en materia de drogas

blogeditor · 29 de junio de 2016

La UNODC sigue tapándose los ojos en materia de drogas

Por: Aram Barra (@AramBarra)

El 26 de junio es el Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, o como yo le suelo llamar, el día internacional de las drogas. El día es utilizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el delito (UNODC, por sus siglas en inglés) para presentar su reporte anual sobre las drogas en el mundo. Este año no fue la excepción, el reporte anual se presentó la semana pasada.

Para quienes seguimos el tema de política de drogas, el reporte de este año pone atención en cuestiones importantes del tema. Sin embargo, hace poco para reconocer la necesidad de nuevos enfoques para abordar cuestiones fundamentales entre la política de drogas y la salud pública y los derechos humanos.

Muy por el contrario, en su reporte anual UNODC refuerza añejas estrategias basadas en la instrumentación de leyes prohibicionistas y mantiene la promoción de políticas que perpetúan la violencia, la inestabilidad y la crisis de salud en todo el mundo. Este ciego enfoque es evidente en seis áreas clave de la política de drogas:

1. Violencia y corrupción. Si bien el reporte reconoce que la prohibición de las drogas hoy ilícitas aumenta el precio, con lo que asumen se disuade el uso, falla en reconocer que esto empuja el mercado a la ilegalidad, causando más violencia y corrupción. La ilegalidad del mercado de las drogas pone el control del mismo en las manos de los criminales, limitando la capacidad estatal y empeorando la seguridad.

El análisis del reporte con respecto a la violencia relacionada con las drogas tampoco reconoce el papel que juegan los sistemas de justicia criminal y la financiación internacional dedicada a la militarización que, en última instancia, alimentan la violencia promovida por el Estado.

2. Economía. El reporte no examina la importancia que tienen las economías de la hoja de coca y el opio para algunas de las personas más pobres del mundo, como un modo de vida estable. Si bien se debe resaltar el reconocimiento que hace de que “la pobreza, la desventaja económica y el desempleo son algunos de los factores que permiten los cultivos ilícitos y la producción de drogas”, el reporte carece de una recomendación operativa al respecto del aumento de la inclusión socio-económica y la sostenibilidad.

3. Género. El reporte de UNODC reconoce que las políticas de drogas actuales afectan de manera desproporcionada a las mujeres y la violencia estructural contra las mujeres las margina aún más, la victimiza y las desempodera. Esto es cierto y el reporte acierta en mencionarlo. Sin embargo, el texto lamentablemente integra sólo pocas recomendaciones operativas para promover cambios estructurales necesarios para apoyar adecuadamente a las mujeres.

4. Medio ambiente. El reporte no reconoce que la erradicación forzosa de drogas es un importante motor de la deforestación. El desplazamiento de los cultivos de hoja de coca a zonas más remotas amplía la frontera agrícola y repercute negativamente en el medio ambiente.

5. Prevención. UNODC no llega todavía a reconocer los incuestionables fracasos que la gran mayoría de los programas de prevención han mostrado tener. Tampoco hace énfasis en que la prevención debe estar basada en evidencia científica e incluir mensajes mucho más allá de la abstinencia del consumo.

Es más, hay muy limitada mención en el texto sobre los principios de reducción de daños o el reconocimiento de que, además de la abstinencia, las personas que usan drogas pueden reducir su riesgo a través de prácticas como el análisis de pureza de sustancias y la sustitución de drogas inyectadas por otras formas de administración.

6. Pena de muerte. El fallo más evidente del reporte es que omite descaradamente cualquier mención de la pena de muerte por delitos relacionados con drogas, y no llama a su abolición. Los mecanismos de derechos humanos de la ONU así como las instituciones encargadas de la fiscalización internacional de drogas reconocen que la pena de muerte para delitos de drogas viola el derecho internacional.

A pesar de esto y de las conclusiones del documento de resultados de la reciente Sesión Especial de la ONU sobre drogas, la UNODC continúa financiando países para que lleven a cabo esta atávica práctica y guarda sepulcral silencio sobre el tema.

En conclusión, el reporte 2016 de UNODC sobre las drogas en el mundo se centra en toneladas incautadas y hectáreas erradicadas, pero se tapa los ojos ante los verdaderos costos que las políticas de drogas prohibicionistas tienen en las personas y las comunidades.

A pesar del gasto de miles de millones de dólares en estas políticas represivas, el mercado mundial de drogas se ha mantenido prácticamente estable. Esto es particularmente cierto en lo que se refiere a las nuevas sustancias psicoactivas y la venta de drogas por internet.

El reporte no documenta de manera significativa el impacto de las políticas de prohibición en la salud y el bienestar de las personas, incluyendo los impactos que tiene el encarcelamiento, el tratamiento forzado, los daños al medio ambiente, así como el desproporcionado gasto que se hace en seguridad versus educación, salud e infraestructura. ¿Hasta cuándo mantendrá UNODC los ojos cerrados?

 

 

* Aram Barra es internacionalista por la UDLA México y maestro en política y administración pública por New York University y University College London. Actualmente se desempeña como consultor independiente en temas de salud, seguridad y derechos humanos.