La última vez que dije “suerte” en Japón

blogeditor · 25 de septiembre de 2014

La última vez que dije “suerte” en Japón
¡Mantén la calma y haz tu mejor esfuerzo!
¡Mantén la calma y haz tu mejor esfuerzo!

 

La palabra “suerte” la suprimí de mi vocabulario frente a los japoneses después de una experiencia muy peculiar que quiero compartirles. Al principio la eliminé por precaución, después francamente por vergüenza.

[contextly_sidebar id=”rKNqrYaiC8tdEGRTCS7PAk03hRtDpkbk”]Hace un par de años en Tokio mi primer profesor de cerámica trabajaba incansablemente en las piezas para la exposición que tendría en una semana. Llevaba varios días sin volver a su casa y pasaba la noche acurrucado en una bolsa de dormir que colocaba en uno de los entrepaños bajos de un librero de metal. No sé por qué no utilizaba mejor la mesa de trabajo, supongo que en el librero se sentía más seguro.

Noté que algunos de los compañeros del taller antes de marcharse y como última palabra de despedida le decían:

Ganbatte! o — Ganbatte kudasai!

(¡Animo!) (¡Usted puede!) (¡Haga su mayor esfuerzo!)

Y él les respondía:

Gambarimasu!Haré mi mayor esfuerzo!) y a veces añadía un Arigatogosaimasu (Gracias).

Cuando fue mi turno de despedida le dije un natural Good Luck! Sabía el significado inmediato de Ganbatte! y que suelen decir los japoneses sobre todo en partidas donde debe de haber un ganador. Me pareció que decirle ¡Échele ganas! ¡Haga su mayor esfuerzo! era un poco frío, incluso duro para no decir que raro después de verlo tan agobiado. Sentí que decir “suerte” en inglés era desearle desde el fondo de mi corazón que terminaría su obra antes del día acordado por su galería.

Me quedé estupefacta porque no me respondió “gracias”. Y el diálogo fue el siguiente:

— ¿Por qué me deseas suerte?

— “Suerte” para que termine a tiempo y todo salga bien.

— ¡Ah! sí, es una expresión común de los extranjeros. Pero no es la “suerte” la que me ayudará a terminar, sino el esfuerzo que ponga en ello.

— Un ¡auch! sonó en mi interior.

Me quedé sin habla unos segundo y sólo balbuceé sonrojada:

— Es verdad, no es la suerte y repetí lo que todos ya le habían dicho:

— ¡Haga su mejor esfuerzo!

Y me fui después de escuchar su animoso:

— ¡Gracias, haré mi mejor esfuerzo!

Llego el día de la inauguración, todo salió bien. Parecía estar muy agotado pero a todos recibía con una sonrisa, una reverencia y con la frase:

— ¡Qué pena que vengan a perder su tiempo aquí!

Desde ese día no volví a usar la palabra y entendí la diferencia entre terminar un proyecto a tiempo o no para un japonés. Y cada vez que me desean suerte o me dicen un ganbatte recuerdo ese día en el taller.

¡Ganbatte!

 

@lamonse