La última llamada por el voto nulo

blogeditor · 3 de junio de 2015

La última llamada por el voto nulo

Quedan apenas unos días para las elecciones, para elegir entre 10 partidos políticos… o no hacerlo. En los últimos meses, ha cobrado fuerza el debate sobre la pertinencia de anular el voto. Intelectuales, figuras públicas y nuestros amigos de Facebook se han colocado de ambos lados del espectro, con distintos argumentos.

Para dejar clara mi posición desde el principio, yo estoy a favor de anular el voto. Más bien, estoy a favor de hacer lo que uno quiera con su voto, y esa va a ser la premisa del resto del texto y el argumento que muy pocos han podido comprender, sobre las motivaciones de quienes consideramos una opción válida el no votar por ninguna de las opciones disponibles.

Partamos de lo siguiente, ¿es posible que consideremos que ninguno de los partidos políticos en la boleta nos representa? Creo que todos coincidiremos que sí. En mi caso, no podría votar nunca por el PRI, por razones más o menos obvias; por el PAN, porque sus principios están muy alejados de los míos, y tampoco por el PRD o por Morena porque representan a una izquierda que no tiene nada qué ver con la visión que yo tengo de cómo deben ser las cosas -y están llenos de políticos de dudosos antecedentes-.

Eso me deja sólo a los partidos pequeños. Empecemos. Antes muerto que votar por el Verde, o darle alguna opción al partido de Elba Esther Gordillo. ¿A los ultraconservadores de Encuentro Social? No, gracias. ¿Movimiento Ciudadano? Es el partido que antes se llamaba Convergencia, el de Dante Delgado, camaleónico devorador del presupuesto. Queda sólo el Partido Humanista de Ignacio Irys, ex priísta, y Javier López Macías, ex panista, ambos de cuarto o quinto orden.

[contextly_sidebar id=”Ued4EvIhOLmshTgJtZ9nFMXKi3DZOyJc”]En resumen, no queda nadie que represente el tipo de visión que tengo para el país. La de un gobierno moderno, cuya principales batallas sean contra la corrupción, por la eficiencia en instituciones públicas y la regulación para que las empresas privadas no abusen del consumidor. Un gobierno para el que los pobres sean una prioridad, que sea liberal en lo social, que entienda que las oportunidades deben ser iguales para todos, que estimule el desarrollo científico y que incluya en el debate a diversos sectores de la sociedad. Que hable claro sobre el narcotráfico y que articule una estrategia coherente. Que entienda que el país está en un momento complicadísimo y que estimule el debate y la participación para salir de él.

Quienes defienden el voto útil, que consideran que no se debe anular porque eso es darle carta abierta a los que sí votan, se olvidan de lo que pasó en 2000. Había que sacar al PRI a como diera lugar, y el PRI se fue… sólo para volver mucho más fuerte doce años más tarde. O quienes votaron por Calderón para evitar que el Peje fuera presidente en 2006, y que después votaron por el Peje para evitar que Peña Nieto lo fuera en 2012.

Por supuesto, no se puede generalizar. Sin duda hay candidatos dentro de estos partidos, en distritos específicos, en los que se puede confiar. Existen también algunas opciones de candidaturas independientes que parecen inspiradoras. La de Pedro Kumamoto, por ejemplo. Pero no todos vivimos en Zapopan y, tristemente, no existen muchos más casos de jóvenes ciudadanos con ganas de cambiar al país distrito por distrito.

En mi opinión, una de las grandes maravillas de la democracia es que el derecho a decidir es individual –por lo menos en teoría-. Si yo siento que ninguna de las opciones me representa, no tengo por qué darle mi voto. Precisamente por eso existe la figura de anulación. ¿Que va a ser útil, inútil, ayudar a los partidos grandes, pequeños y mil etcéteras? Esas son consideraciones subordinadas a esa libertad de decisión. Yo quiero anular mi voto porque siento que no tengo opciones. Y ahí se acabó la discusión.

Pero además, si se me permite matizar, el “no nos representan” es mucho más fuerte de lo que podríamos pensar. Así fue como surgió Podemos en España. Ese era el grito de guerra de quienes se manifestaban contra los partidos establecidos. Y en un año, casi de la nada, surgió un movimiento ciudadano que ahora gobernará las dos ciudades más importantes del país. Imagínense si hubieran dicho, “no nos representan… pero voy a votar por el PSOE porque es menos corrupto que el PP aunque también es corrupto, pero ya qué”.

Me parece que la anulación del voto, más que ser un mensaje al gobierno, o al sistema de partidos, lo es a la sociedad civil. Es el decir que los que no nos sentimos representados no estamos solos. Y que se puede formar un movimiento que busque una alternativa a la que los partidos políticos nos han presentado durante tantísimos años. Yo, por lo menos, estoy cada vez más convencido de que ese es el camino por el que hay que internarse.

Por supuesto, México no es España, y los obstáculos serán mucho más importantes. Tampoco, por lo menos en lo que me concierne, me siento plenamente identificado con la ideología de Podemos, pero sí con la posibilidad que representa. Si queremos buscar otra vía, anular el voto no parece una opción tan descabellada. Y si eso resulta en un movimiento ciudadano como se debe, habrá sido una decisión brillante.

 

* Martín del Palacio (@martindelp) es Periodista.