blogeditor · 18 de marzo de 2020
A mediados de octubre de 2019, comenzó a circular en Facebook la investigación que realizaron los grupos por los derechos de los animales Soko Tierschutz y Cruelty Free Internacional sobre el abuso animal que tenía lugar en la compañía LPT, laboratorio privado dedicado a realizar pruebas de farmacología y toxicología en Mienenbüttel, Alemania. La noticia se hizo viral debido a las fotografías y videos que muestran cómo se mantenía en pésimas condiciones a los animales de experimentación: monos atados a soportes metálicos sin posibilidad de moverse, perros beagle enjaulados desangrándose y gatos hacinados; también evidenciaban el nivel de agresividad del personal al realizar sus procedimientos. Es increíble enterarse de que se siguen realizando este tipo de prácticas con tal nivel de violencia, y es más sorprendente aun saber que el caso provenía de un país europeo, los cuales supuestamente cuentan con leyes estrictas para la protección de los animales.
Un caso parecido se dio en 1981 en Silver Spring, Maryland, cuando el estudiante y activista Alex Pacheco documentó lo que sucedía al interior del Institute of Behavioral Research, donde se había discapacitado quirúrgicamente a un grupo de 17 monos (Macaca fascicularis), los cuales estaban atados a soportes metálicos que los incapacitaban para moverse y a los que se les realizaban estudios con el propósito de explorar la posibilidad de recuperar la movilidad en sus extremidades dañadas. En ese tiempo fueron muy famosas las fotografías que mostraban las condiciones en las que los mantenían. Meses después Pacheco logró que se detuviera el estudio, del que era responsable el investigador Edward Taub, al cual se le acusaba de haber violado la Ley Anticrueldad de Maryland. Posteriormente, Taub fue despedido, y los monos sobrevivientes fueron matados en 1990. Este fue el primer caso de su tipo; 38 años después siguen realizándose prácticas similares.
Volviendo al caso de Alemania, debido al desenmascaramiento público, se tomaron medidas rápidamente: el grupo Soko Tierschutz reportó que dicho laboratorio cerró sus instalaciones y que monos, perros, gatos u otros animales no volverán a ser utilizados. Al final, este crimen fue castigado, ya que se violaron una multitud de requerimientos estipulados en la directiva 2010/63/UE del Parlamento Europeo y del Consejo relativo a la protección de los animales usados para fines científicos de la Unión Europea.
Muchos de quienes nos manifestamos contra estos casos desgraciadamente no estamos al tanto de la cotidianidad de tales prácticas. Es gracias a los activistas que documentan estas atrocidades que nos enteramos de lo que se comete dentro de laboratorios de experimentación animal. Pero no por estar en un país lejano significa que aquí no ocurra: la experimentación animal es una práctica común en la investigación biomédica.
Es de notarse que la respuesta de repudio de parte del público ante el caso alemán probablemente se deba a que se usaban perros y gatos, especies con las cuales mantenemos una relación más estrecha como parte de nuestra familia, o monos, que evolutivamente son muy cercanos a nosotros y nos causan empatía; sin embargo, también hay que decir que muchos otros animales, como ratas, ratones, conejos o peces, son utilizados en los mismos lugares, y no por tener menor interacción o cariño hacia ellos debemos dejar de preocuparnos por lo que les sucede.
La compañía alemana de la que hablamos realizaba estudios relativos a la evaluación farmacocinética y farmacodinámica de medicamentos en pruebas preclínicas, procedimientos que son rutinarios en la investigación farmacológica. Sin embargo, los animales no humanos son utilizados en otras áreas de investigación científica, así como en la enseñanza escolar y en la industria cosmética.
A pesar de que en muchos países existen leyes para el bienestar animal en estudios científicos, queda mucho que hacer. Si la población sigue pensando antropocéntricamente, poca podrá ser la consideración moral que se tenga hacia los otros animales que no sea impelida por leyes.
En México contamos con la Norma para la producción, cuidado y uso de los animales de laboratorio (NOM-062-ZOO-1999), la cual regula dicho uso. Pese a esto, la gran mayoría de las instancias de investigación no respetan los requerimientos mínimos exigidos en la normatividad para proveer bienestar animal y condiciones de bioseguridad. Así, por ejemplo, el detallado reportaje realizado por Gilbert Gil y Xavier Rodríguez en alianza con CONNECTAS para “Aristegui noticias”, titulado “Experimentos con animales en México: 20 años de caos y riesgo”, ilustra cómo, la mayoría de las veces, los bioterios no se registran ante la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, no hay un plan de inspección adecuado y no existe formación de comités de bioética que los apoyen, o siquiera un interés genuino por el cuidado de estos animales, tanto por parte de los investigadores como de otros participantes.
Respecto a la persistencia y diseminación de este tipo de prácticas parece que podemos hacer poco; sin embargo, un buen comienzo sería tomar acciones personales: podemos elegir productos cosméticos no probados en animales (como jabones, cremas corporales, labiales, etcétera), ya que existen marcas que no realizan estas pruebas. Por otro lado, podemos comprar alternativas en establecimientos locales hechos a mano o naturales.
En relación al uso de animales en prácticas escolares, al menos en la Ciudad de México estas están prohibidas en enseñanza básica y media, mientras que los estudiantes de educación media superior y superior no pueden ser obligados a realizarlas si no lo desean, tal como lo establece la Ley de Protección a los Animales de la Ciudad de México, en su artículo 46. Además, se deben garantizar los medios para que el alumno aprenda de manera alternativa.
Por último, los experimentos científicos que en su metodología empleen animales deberán realizar antes una búsqueda exhaustiva sobre la información existente del tema, a fin de no repetir pruebas de las cuales ya se conocen los resultados, y se deben documentar las alternativas al uso de animales, ya sea por métodos in vitro o in silico; es decir, por experimentación con cultivos celulares o con software, como lo mencionan los Lineamientos generales en la revisión de protocolos de experimentación en donde se utilizan animales del Canadian Council on Animal Care.
Todas estas actividades se deben acompañar de una actitud comprometida con el cuidado de los animales. Por otro lado, se debe rechazar cualquier tipo de práctica que explote animales no humanos o investigaciones que no se justifiquen éticamente; asimismo, debemos dejar de verlos como un objeto, mercancía o medio para nuestros fines.
Estos animales son seres no muy diferentes de nosotros, son sintientes, sociales e inteligentes. Condenarlos a vivir en jaulas diminutas, violentados físicamente, sin ningún tipo de enriquecimiento y sometidos a procedimientos dolorosos es impermisible. Como sociedad debemos dejar de utilizarlos para este o cualquier otro fin.
*Ricardo Vega es biólogo y actualmente estudia la Maestría en Filosofía de la UNAM. Preocupado por el trato que los humanos le dan a los animales no humanos y al ambiente, le interesa la ética animal y ambiental, pensando que debe de ser prioridad erradicar el especismo antropocentrista.
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