blogeditor · 5 de diciembre de 2022
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa que suele afectar a los pulmones y se transmite de una persona con enfermedad pulmonar activa a otra vía respiratoria. Existen dos tipos de tuberculosis: la pulmonar que afecta principalmente al aparato respiratorio y la extrapulmonar cuyas manifestaciones se evidencian en el sistema nervioso central, sistema linfático, sistema circulatorio, aparato digestivo, huesos, articulaciones e incluso la piel.
En el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día mueren más de 4 mil personas a causa de tuberculosis y cerca de 28 mil contraen la enfermedad, pese a que puede prevenirse y curarse. Se calcula que derivado de los esfuerzos mundiales contra la tuberculosis, se ha salvado la vida de 66 millones de personas desde el año 2000.
La tuberculosis es una de esas enfermedades que están íntimamente relacionadas a la pobreza y a las malas condiciones de vida. Por ello, las personas en situación de calle, habitantes marginados de las ciudades, con problemas de adicción o con VIH viven con mayor riesgo de contraerla. Sí a esto sumamos un acceso limitado a los servicios de salud o la escasa información, el peligro aumenta.
La pandemia por covid-19 ha revertido años de progresos contra la enfermedad, ya que por primera vez en más de diez años en 2020 aumentaron las muertes mundiales por tuberculosis. En México, desde 2010 se registran 20 mil 260 casos nuevos cada año, y estos han crecido más de 25 % en menos de una década. Sin embargo, desde el inicio de la emergencia sanitaria ha existido un subregistro dada la escasa estrategia de detección.
Así lo muestran las cifras oficiales del Programa Nacional de Tuberculosis (PNT) de la Secretaría de Salud, ya que en 2019 se hallaron el 75,5% de los casos previstos para ese año. Durante 2020 se tuvo una falta de detección de 30 % y en 2021, de 30 mil casos estimados para el país, se notificaron 19 mil 897 (66.3%). En pocas palabras, en los registros hay una menor incidencia de tuberculosis porque no se está buscando, diagnosticando y tratando. Por ende, el impacto esperado no sólo es en el registro informativo, sino también en el tratamiento a otorgar dado el grado de avance con que se detecta la enfermedad.
Además, con base en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, la vacunación para proteger contra la tuberculosis en la primera infancia durante 2021 superó el 90 %. Sin embargo, con base en lo reportado por el colectivo Cero Desabasto, en 2020 existió una caída de 93 % respecto a las inmunizaciones efectuadas en los años previos a la pandemia, y hasta ahora no existe evidencia de que dichos rezagos hayan sido atendidos, por lo que se estima que más de 2 millones de niñas y niños no cuentan con esta vacuna.
Es decir, no se están detectando la mayoría de los casos presentes en la población y además hay población potencialmente expuesta por los atrasos derivados de la emergencia sanitaria. Es claro que los casos de tuberculosis se concentran en el norte y sur del país, donde los flujos migratorios son altos al igual que los índices de insalubridad, así como los de violencia y uso de drogas. El 37 % de los casos está en los estados de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León. Mientras que el sur del país concentra el 32 % de los casos en los estados de Chiapas, Guerrero, Veracruz, Oaxaca, Puebla y Tabasco.
Por ello, es fundamental diseñar estrategias focalizadas en estas regiones a fin de prevenir, detectar, tratar y curar una enfermedad que ya estaba controlada pero que, de no atenderse, podría convertirse en un serio problema de salud pública para los próximos años. Hay tiempo, información y recursos suficientes para evitarlo, más vale prevenir que lamentar.