blogeditor · 1 de junio de 2021
La otra noche leí sobre un candidato secuestrado en Uruapan y otra candidata asesinada en Moroleón. ¡Qué desastre! Siento que este proceso electoral nos trajo muchas sorpresas, la mayoría malas. Aunque hay que reconocer que las elecciones intermedias siempre son bastante desangeladas, aún así duele ver el ridículo que hacen la gran mayoría de nuestros representantes populares, y la falta de propuestas claras y concretas. Dicen por ahí que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, esa frasecita trillada me retumba en la cabeza con cada videíto que pasa.
Hoy los candidatos bailan, se menean, unos hacen striptease o presentan propuestas absurdas e imposibles de cumplir. Repaso culposamente esa cuenta de twitter que deja testimonio de los peores –o mejores, no lo sé– momentos de las campañas. Hacer el ridículo se convirtió en la consigna para ganar un puesto de representación popular. La trivialización de las campañas electorales. Todo sea por llamar la atención y captar el voto.
Tal parece que Tiktok conquistó las campañas, lo que generó la proliferación masiva de la estupidez humana como sello. Los spots rayan en el absurdo, los debates son desiertos de ideas. Pero es que se ha privilegiado tener candidatos conocidos por conocedores o expertos. Se prefiere a la reina de belleza, al actor de novelas que te mienta la madre, la influencer, el luchador popular. Se desprecia la capacidad técnica de muchos otros candidatos que podrían hacer un mejor papel, por no ser conocidos y pasar desapercibidos. A pesar del clima electoral, hay numerosas organizaciones de la sociedad civil que hacen un esfuerzo por buscar los mejores perfiles ciudadanos y preparar campañas con contenido y substancia.
Por si fuera poco, estas elecciones han sido las más violentas, repletas de lugares comunes y carencia de ideas, las del uso descarado del aparato estatal para amedrentar a la oposición, la de un presidente dirigiendo un ataque frontal a las autoridades electorales y otros poderes del Estado. Tenemos candidatos asesinados, secuestrados, baleados, amenazados, y otros más abiertamente financiados por la delincuencia organizada. Todos los espacios en donde las fuerzas del Estado se repliegan, van a ser ocupados y aprovechados por la delincuencia, y ahí no hay ganancia para nadie, a pesar de que quien vive en el palacio crea lo contrario.
Las tragedias se acumulan y al conductor del país se le resbala la vida, prefiere comer antojitos callejeros y disfrutar de los paisajes mexicanos. Soñar con la soberanía energética y comprar fierros que echan humo y consumen chapopote. Nos puede dar covid, se nos cae el Metro a pedazos, la economía en una situación realmente complicada, pero no se advierten claras ideas de alternativa para el elector. Se nos escapa el país entre modelos viejos y muy gastados. No hay opciones para un país moderno y con futuro.
Estamos en una banalización de la política como nunca antes he visto. El debate está prácticamente suspendido; el soliloquio del presidente ha desplazado toda discusión de políticas públicas; la oposición –por su parte– no ofrece nada rescatable, solo reciclan candidatos e ideas. Quizás solo Movimiento Ciudadano ha hecho un esfuerzo por presentar algunas candidaturas más frescas, jóvenes y alejadas de las élites partidistas.
Me parece que estas campañas nos quedaron a deber mucho a los ciudadanos. No estamos mejor que hace dos años, no mejoramos en libertades políticas ni en libertad de expresión. No estamos mejor en los indicadores de economía ni se redujo la pobreza; aunque se aumente el salario mínimo se pierden empleos a diario; no hay mejora en pobreza, seguridad, y la desigualdad se mantiene. No tenemos una mejor política energética, por el contrario, hay una clara regresión a un modelo obsoleto. Y no hay un avance en temas de una agenda ambiental, social y de género, temas frecuentemente abordados por la izquierda. El panorama es desolador.
En lo personal, hoy los temas importantes son las energías renovables, la transición energética del país, la defensa y conservación del agua, el impulso real de una agenda de equidad de género en el país, la construcción de la paz, la visión del océano desde una economía azul y como herramienta para combatir el cambio climático, la sustentabilidad ante un modelo de economía devastadora en todo el país, apostar por ciudades sostenibles y comunidades resilientes ante la adversidad de los tiempos que vienen (aunque suenen a palabras neoliberales). Apostar por verdaderas transformaciones de los modelos actuales, y no solo a discursos vacíos que solo buscan ocultar la ambición de un viejo grupo con nueva piel que solo aspira al poder. Otra vez.
Hoy, los que gobiernan ven más al pasado con nostalgia, sueñan con otros tiempos que no volverán, pero muchos de nosotros miramos un futuro que nos alcanza y al cual estamos llegando tarde. Todo porque solo queremos cumplir el sueño a un hombre y su necia obsesión de lo que debió haber sido… Quizá por eso, esta elección se redujo a un solo tema: estás con el partido del presidente o no estás con él, todo lo demás quedó fuera de la boleta. Es triste, pero es verdad.