La transfobia olímpica

Redacción Animal Político · 2 de agosto de 2024

La transfobia olímpica

Desde el drama de “La Última Cena” que no era, hasta la ventilación de las condiciones hormonales de una competidora, los Juegos Olímpicos en París 2024 han sido el pretexto para que se ventilen las fobias y odios de las personas que prefieren defender quimeras que a personas de carne y hueso.

La ceremonia representó la Fiesta de Dionisio, una bacanal griega y no la famosa “Última Cena” de Da Vinci, la cual, por cierto, es una representación de un pasaje bíblico y como tal ha sido re-representada en muchísimos espacios, serios y no tan serios. Hay apropiaciones culturales de la humanidad que al ser reinterpretadas desde miradas diversas no pretenden herir a nadie, sino visibilizar otras formas de mirar y entender el mundo. Lo mismo sucedió en la Ciudad de México durante la Marcha del Orgullo con una reinterpretación de la crucifixión. Hay pasajes históricos, inclusive religiosos, que se han convertido en patrimonio de la humanidad, y gracias al derecho a la libre expresión, pueden hacerse reinterpretaciones artísticas de ellos.

Tema a parte ha sido el odio vertido en las redes sociales en contra de la pugilista argelina, Imane Khelif, quien se enfrentó a la representante de Italia el día 1° de agosto derrotándola a los 46 segundos de pelea. La representante de Italia hecha un mar de lágrimas mencionó que jamás en su vida la habían golpeado tan fuerte y aseguró que Khelif era un hombre (asumiendo que compitió como una mujer trans), junto a ello, figuras como la ministra italiana de igualdad, Elon Musk o J.K. Rowling (conocidos transfóbicos) se dedicaron a repetir que la argelina era “un hombre compitiendo como mujer”. lo cual desató una ola de violencia transfóbica mundial que yo jamás había visto en redes sociales, principalmente en Twitter (ahora X).

Sobre el tema me parece que caben hacer varios análisis:

1. La objetividad periodística y responsabilidad social. El periodismo en general debe al público seriedad y veracidad. Muchas fuentes periodísticas, cuentas de personalidades, inclusive el jefe de misión de la delegación mexicana, no se molestaron en confirmar la cuestión y ligeramente reprodujeron el bulo “Khelif es una mujer trans y puso en peligro la vida de la boxeadora italiana”, lo que desató una ola de transodio a nivel mundial sin precedente. Ello es muy delicado en un mundo en donde: a) en muchos países, como Argelia precisamente, la homosexualidad está criminalizada, lo que implica que este bulo podría poner en riesgo a Khelif en su propio país; b) en el mundo las personas trans, principalmente las mujeres, viven en el centro de las violencias y el transodio en los discursos alimenta esa violencia que les arrebata la vida. Tan solo en México durante el 2024 han sido asesinadas más de 30 mujeres trans.

El periodismo tiene el deber, además, de no reproducir prejuicios y estereotipos, si intenta ser un ejercicio de información objetivo. Si una persona quiere informarse sobre los Juegos Olímpicos, tiene derecho a recibirla de manera veraz, objetiva y fundamentada. Si prefiere leer un medio sesgado, con alguna ideología específica, estamos en otro plano, pero no el de la información que busca precisamente satisfacer un derecho. La cuenta de la Red Ética Periodística publicó un hilo relevante sobre el código ético para las coberturas deportivas responsables y respetuosas (@etica).

Aunado a ello, está la responsabilidad social de no difundir bulos y menos, sumar a los discursos discriminatorios y de odio de quienes teniendo muchos seguidores o de quienes tienen una posición relevante, como el jefe de misión mexicana.

2. La privacidad y el no ajustarse a un modelo de mujer. Vimos también dos cuestiones con respecto del género de Khelif: “no parece mujer” y “¿qué condición hormonal tiene, para no parecer mujer?”. La primera la responderé en el punto que sigue, pero solo referiré que me cuesta trabajo pensar que en 2024 siga existiendo una expectativa de cómo debemos vernos las mujeres, más cuando estamos en una contienda deportiva en donde muchas de las mujeres no se ajustan a esos estándares (blancos y occidentales, por cierto) precisamente porque sus cuerpos se desarrollan para ser más rápidas, más fuertes, más potentes. El modelo de la mujer más pequeña que un hombre, delicada e indefensa no tiene lugar ya en ningún sitio, pero menos en una competencia deportiva que lleva como lema “Citius, altius, fortius“, que en latín significa “más rápido, más alto, más fuerte”.

Pero pasemos a la privacidad, me parece abominable que el mundo entero conozca la condición hormonal de una mujer competidora, algo que me parece muy privado y que solamente, y bajo confidencialidad, deberían conocer las autoridades deportivas, simplemente por el hecho de que la competidora “no parece mujer”. En boca de todo el mundo está la palabra Hiperandrogenismo, la cual, inclusive, mientras escribo esto es un TT en X en México. ¿Tendríamos verdaderamente que conocer las razones por las que Khelif no se mira femenina y con su fuerza “puso en peligro” a la italiana en una competencia de ¡box!?

Entiendo que las autoridades deportivas puedan indagar en dichas cuestiones para evitar las mejoras biológicas o médicas, el uso de sustancias y la utilización de recursos que permitan aumentar el rendimiento de manera tramposa, pero el hecho de que deba revelarse a la humanidad una condición física o de salud de una deportista porque se duda de su feminidad y de su honestidad (cuestión que siempre pasa a las personas trans) me parece muy grave. Y justo ello me lleva al siguiente tema:

3. Son las mujeres racializadas. En años recientes se ha visto cómo la duda sobre el género de las mujeres pasa por una construcción racializada de la feminidad, una construcción blanca y occidental de la feminidad, mejor dicho. Esta discusión sobre Khelife estaba iniciada un par de días antes en México con la competidora en Judo, Prisca Awiti, de quien se dudó también por no tener una expresión de género tradicionalmente femenina, pero, además, por otra cuestión relevante: su origen afro y su tonalidad de piel. Históricamente a las mujeres a quienes más se ha cuestionado su feminidad en los deportes han sido mujeres racializadas: Caster Semenya, las hermanas Venus y Serena Williams, Dutee Chand, entre otras. El ideal de cómo debe verse una mujer desde esta mirada biologicista y escencialista es eminentemente blanco y occidental, de manera que una mujer racializada deportista sale absolutamente de ese canon y pone contra la pared las ideas del género que permean en su construcción y la duda de quien no se ajusta. Esta semana que llevan los Juegos Olímpicos hemos visto a mujeres con físicos muy poderosos como las jugadoras de rugby de Australia o Estados Unidos, las mismas boxeadoras o las nadadoras; nadie ha cuestionado su sexo, porque su blanquitud cumple el requisito de feminidad. Pero Khelife o Awiti, no, y por lo tanto se les acusa de engañar. Esta discusión debe llevarnos a cuestionar esos modelos impuestos desde la blanquitud occidental y cómo afectan a las mujeres, todas, pero principalmente a aquellas cuya genética imposiblemente se acercará a ese ideal de belleza y género. Después de todo, la transfobia, el racismo, la gordofobia y el aspectismo 1 son sistemas de opresión blancos y responden a la construcción cultural occidental, cis-heteronormativa del género, lo cual me lleva al tema central de la discusión:

4. No es una mujer trans. Y bueno, esta cuestión creo que ha quedado zanjada. Imane Khelif es una mujer cis-género que además viene de un país en donde hoy todavía se criminaliza la homosexualidad y, por supuesto, no está ni reconocida ni permitida la identidad de género distinta a la cis, ¿cómo podemos pensar que ese país enviaría a una mujer trans a competir a los Juegos Olímpicos? ¿De verdad la transfobia es tan poderosa que hace creer que un país que criminaliza y persigue a las personas LGBTIQ+ enviaría a una a representarle? Y ¡ojo! Los señalamientos falsos sobre la identidad de género de Khelif podrían eventualmente ponerle en peligro en su propio país.

Pero la pregunta relevante acá es ¿y si lo fuera? ¿Qué hacemos con las personas cuya identidad biológica o de género no se ajusta a este ideal binario XX/XY? La falsa ilusión de la binariedad en el sexo provoca esta falsa ofensa que solo se traduce en transfobia. La idea de que existen únicamente “100 % hembras” o “100 % machos” es una simplificación. En realidad, hay un espectro de características sexuales biológicas, y algunas personas nacen con características que no se ajustan completamente a las típicas de “hembra” o “macho”. Estas personas pueden ser intersexuales, lo que significa que tienen una combinación de características biológicas de ambos sexos.

El sexo biológico es un constructo complejo determinado por múltiples factores biológicos, y no se limita a una dicotomía rígida de “hembra” y “macho”. Existe un espectro de variaciones biológicas, y reconocer esto es fundamental para una comprensión precisa y respetuosa de la diversidad humana. Por su parte, el hiperandrogenismo es una condición médica que ocurre cuando el cuerpo produce una cantidad más alta de lo normal de hormonas masculinas llamadas andrógenos, como la testosterona, y esto puede generarse cuando ese cuerpo es intersexual o cuando se tiene, por ejemplo, el síndrome de ovarios poliquísticos (SOP). Entonces ¿qué vamos a hacer con las atletas que tienen una “fábrica de hormonas que produce más andrógenos de lo normal”? y ¿qué vamos a hacer con les atletes trans? Esta es una discusión relevante, pero que no puede partir del estereotipo de que las mujeres trans, por haber nacido en un cuerpo masculino, ponen en peligro a las mujeres cis; tampoco puede partirse de la falacia de que transicionan para ser mejores en las categorías femeniles y arrebatar a las mujeres sus premios. Cuando se compite a cualquier nivel, pero más a un nivel olímpico, siempre hay el riesgo de que haya alguien más fuerte, más rápido, más potente y no he visto reclamos a cuerpos con diferencias genéticas que dan enormes ventajas como el de Michael Phelps, los maratonistas etíopes o los baquetbolistas de 2.24mts. El caso de las mujeres trans en el deporte, sí, debe ser evaluado y analizado, pero desde la objetividad, tomando en cuenta los efectos reales que tiene el tratamiento hormonal en los cuerpos, tomando en cuenta la edad de transición y otras cuestiones objetivas que permitan generar equidad en las competencias. Por otro lado, en una discusión una colega preguntaba “¿cómo estableces los criterios de justicia en el deporte?”. Quizá es hora de repensar las categorías para competir, pues a ello se suma una cuestión que también ha destacado en estos Juegos Olímpicos, el desarrollo social.

5. ¿Qué hacemos con las diferencias asociadas al desarrollo social? Se hizo viral una fotografía de los equipos de baloncesto de los Estados Unidos y de El Salvador en donde las norteamericanas le sacaban más de una cabeza a las salvadoreñas. ¿Es esto “justo”? ¿Es este el criterio? Porque vuelvo al “citius, altius, fortius”. ¿Qué buscamos de estas competencias? ¿Qué acaso los Juegos Olímpicos no buscan precisamente celebrar esos cuerpos fuera de serie, que logran hazañas impresionantes? Miramos embobados a Simone Biles o a Leon Marchand.

Otro punto podría ser la riqueza del país o la inversión que hacen los gobiernos en sus deportistas. ¿Por qué Francia está ahora arriba en el medallero, por qué China avanza en los primeros lugares? ¿Por qué México apenas ha ganado 2 medallas? Hay muchas cosas que discutir con respecto de la justicia (si es un valor que tiene lugar en una competencia donde se busca que destaque el más fuerte, la más veloz o le más potente), la equidad o el mérito; lo que sí es una realidad es que la discusión debe hacerse libre de sesgos y de prejuicios. La discusión tendría que centrarse en las características que en cada deporte pueden llevar a una ventaja comparativa insuperable. No es posible hablar de Juegos Olímpicos y eliminar ventajas competitivas, porque justo ahí es donde está lo extraordinario. Si eres boxeadora y te rompen la nariz en la justa, pues a eso ibas, no veo la sorpresa.

Existe un cuento para infancias que creo nos coloca en la situación. Se llama “Race Cars: A children’s book about white privilege 2 en donde se explica cómo al carro negro -que era mucho más rápido que su amigo carro blanco- se le imponen todos los obstáculos del mundo en una carrera que históricamente había sido dominada por los carros blancos. Esto sucedía porque los directivos que ponían las reglas eran todos carros blancos. Lo dejo ahí.

Por último, más allá de la discusión de las reglas en los deportes, me parece crucial llamar la atención respecto del pretexto que la competencia ha dado para verter discursos de odio en las redes y otros medios. La mayoría de quienes se quejaron de “lo injusto que era para la boxeadora italiana pelear con una boxeadora mucho más fuerte” no era realmente discutir reglas deportivas ni apelar a que se revisaran las reglas para que las personas trans pudieran competir de formas diversas. No. En realidad, el bulo fue un pretexto para levantar el pánico moral de que una persona supuestamente trans, pero realmente una mujer que no se ajusta al canon de la feminidad, pudiera competir contra una mujer blanca y femenina. El bulo fue un pretexto para sacar a relucir la transfobia y el racismo que limitan, excluyen y privan de derechos y libertades a las mujeres trans y cis en muchos espacios. La transfobia que arrebata vidas, el racismo que criminaliza. En la escala de la puesta en acción de los prejuicios, los discursos se ubican en los niveles primarios, pero alimentan la discriminación y la violencia. Los discursos de odio que vimos en las redes sociales en contra de una mujer que busca ganar una medalla en los Juegos Olímpicos deben preocuparnos como sociedad y deben responsabilizarnos de la violencia hacia las mujeres trans, las mujeres cis, las mujeres racializadas y las mujeres que no se ajustan a esa expectativa que el patriarcado tiene de nosotras.

* Geraldina González de la Vega (@Geraldina_GV) es presidenta del @COPRED_CDMX.

 

1  “Lookism” en inglés y se traduce al español como “aspectismo”. Este término se refiere a la discriminación o prejuicio basado en la apariencia física de una persona. Al igual que otros tipos de discriminación, el aspectismo puede manifestarse de diversas formas, desde trato desigual en el lugar de trabajo hasta comentarios despectivos sobre la apariencia de alguien.

2 Se juega con las palabras race que en inglés refieren raza y carrera, el título se traduce textualmente carros de carreras: un libro para infancias sobre el privilegio blanco.