blogeditor · 9 de marzo de 2020
Este lunes 9 de marzo es el Paro Nacional de Mujeres convocado por iniciativa del colectivo veracruzano Las Brujas del Mar. El objetivo del paro es, por un lado hacer visibles los aportes de las mujeres a la sociedad y por otro, denunciar las violencias que enfrentamos de manera cotidiana y sistemática en todos los espacios, públicos y privados.
Se han compartido, sobre todo en redes sociales, diferentes materiales sobre qué no hacer el 9, día en que ninguna se mueve: se habla de no asistir al trabajo, a la escuela, no realizar compras, no cargar gasolina, no consumir, no realizar labores domésticas ni de cuidado, en pocas palabras, desaparecer. De acuerdo con datos del Observatorio Internacional de Salarios Dignos, cada día las mujeres mexicanas realizan labores por un valor de 60 mil millones de pesos, no obstante, sólo el 33.3% se trata de trabajo remunerado, el resto es por trabajo gratuito.
La idea del paro ganó terreno, se propagó rápidamente y con fuerza, el tema se coló en los hogares de las familias mexicanas con estructuras conservadores y machistas, y de manera paradójica también logró permear como discurso en las instituciones de gobierno, empresas privadas y en los partidos políticos -incluso en los conservadores-. Hoy no cabe duda, todas y todos hablamos del paro del #9M.
Es importante analizar la respuesta institucional que ha habido en torno al tema, no se hicieron esperar los correos de directores (por supuesto la mayoría hombres) dando “permiso” a sus empleadas para tomarse el día. Así en esos términos, “tomarse el día” y sumarse al paro, de así desearlo; esto sin hacer la mínima reflexión sobre los motivos del paro o los cambios estructurales que se están pidiendo a gritos. Ante ello y como ha pasado en los últimos meses surgieron de manera expedita respuestas de las feministas.
Las feministas aclararon que no se requería de permiso y que más allá de “dar el día”, las empresas tendrían que hacerse responsables de temas como la igualdad salarial, de identificar y erradicar los techos de cristal, promover la corresponsabilidad para conciliar la vida familiar con la profesional, erradicar el acoso y el hostigamiento, y garantizar los derechos laborales de las mujeres. Impresiona la capacidad de respuesta de los colectivos ante los intentos por desvirtuar este y otros llamados colectivos a la reflexión, las feministas están reivindicando el espíritu subversivo y de protesta del #9M.
Algunas escuelas dijeron que “darían el día” también a los maestros, ya que ante la ausencia de las mujeres se declaraban incompetentes para atender al alumnado. Sería importante que los maestros reflexionaran colectivamente por qué se consideran incompetentes y se aprovechara la oportunidad para identificar las dinámicas que reproducen roles y estereotipos de género en estos espacios, y que refuerzan la desigualdad entre mujeres y hombres. ¿No deberían las instituciones esforzarse un poco más para comprender y aprovechar esta oportunidad histórica, y tomar decisiones para emparejar el piso, para eliminar las párcticas que explotan, discriminan y violentan a las mujeres?
La Consulta Infantil y Juvenil realizada en 2018 por el Instituto Nacional Electoral tiene datos reveladores. Por ejemplo, que la niñez y adolescencia identifica diferencias en el trato que maestras y maestros dan a niñas y a niños. A las niñas se les dice que son más obedientes, mientras que a los niños se les identifica como valientes. Las alumnas de la escuela secundaria ESTIC 52 Dr. Jaime Torres Bodet, ubicada en Cuautitlán, Estado de México, derribaron estos estereotipos al difundir un video en el que se escucha al director de la escuela decir que ellas provocaban el acoso, esto después de que señalaran que sus compañeros grababan por debajo de la falda de las alumnas y de una profesora.
Cuautitlán es uno de los municipios del Estado de México que tiene desde hace cuatro años Alerta por Violencia de Género y organizaciones civiles están buscando que se declare una segunda alerta por desaparición de niñas y mujeres. Por supuesto que el director de la escuela fue separado del cargo, pero ello no resuelve el problema. Cuántos directores con voz, con poder de toma de decisiones, con posiciones privilegiadas consideran que, en efecto, el acoso es provocado por las mujeres o niñas. El cambio va más allá de hacer una rotación del personal, implica modificaciones radicales en los centros educativos y programas específicos en materia de igualdad.
En su conferencia matutina el presidente anunció –aunque al día siguiente rectificó- que este día, el 9, se realizaría la compra de “cachitos” para la rifa del avión, desviando así la atención del tema central, tema que por cierto con pintas fueron a exponer las mujeres a las puertas de Palacio Nacional.
Finalmente son reveladoras las opiniones de las mujeres alrededor del paro. Una mujer cristiana dijo en una reunión que ella estaba de acuerdo con el paro, que ese día no llevaría a su hijo con síndrome de Down a sus actividades, se iba a dedicar simplemente a no hacer nada, a quedarse acostada, “aunque el 10 tenga que hacer todo lo que no hice un día antes, yo el 9 no me muevo”.
Otra mujer dijo que ella se la pasaría en su jardín, no descansando, sino haciendo jardinería, “porque eso me gusta y nunca tengo tiempo de hacerlo”, el resto de las mujeres de esa casa apoyaron la moción y dijeron que ellas también estarían en el jardín del que no habían disfrutado en mucho tiempo.
Ambas opiniones sobre el paro recuerdan las reflexiones de Betty Friedan en “La mística de la feminidad”: en México estamos en un momento histórico de una toma de conciencia de las mujeres de nuestra propia opresión. Se cuestiona cada vez de forma más frecuente ¿qué nos han dicho que nos hace ser mujeres?, ¿cómo somos las mujeres todos los días y qué implica ello?, ¿qué hacer el día en que no tenemos que cumplir con los roles que nos han impuesto? y claro después de la conciencia tendrá que venir la pregunta de cuál es el camino que sigue.
Cuando se escucha en foros y conferencias que el propósito es “reconstruir el tejido social” se olvida que es justamente ese tejido el que se creó desde la desigualdad, desde el privilegio de un sexo sobre el otro, desde la diferencia sexual del trabajo, desde la negación de derechos como el de estudiar, ejercer la sexualidad, decidir sobre nuestros cuerpos, a participar en el espacio público y político.
No, no queremos reconstruir un sistema que funciona sólo para la mitad de la población, queremos cambiar radicalmente las estructuras. Más allá del 9 de marzo, el proceso de toma de conciencia inició hace algunos años y se ha acrecentado por los lamentables casos como el de Ingrid y Fátima que nos dicen que las cosas no pueden seguir igual.
Más allá de mantenernos en casa, la reflexión debe ser colectiva, usemos el #9M para seguir creando conciencia, para usar el espacio público y para no consumir, pero sí hablar y hacer escuchar la voz. A las Brujas del Mar se suman las brujas de la ciudad, las de pueblos y comunidades indígenas, las obreras, las comerciantes, las que están en el sector de servicios, las mujeres que estamos cansadas de vivir con miedo. A todas les decimos que, sin duda alguna, lo vamos a tirar.