La silla está vacía

blogeditor · 8 de diciembre de 2014

La silla está vacía

Hace un par de semanas escuchamos al Presidente ofrecer un decálogo de temas en torno a la situación de inseguridad en el país. En un magno evento, acuerpado por su gabinete, el Presidente expuso una serie de medidas como respuesta al desafortunado evento en Iguala. Les tomó dos meses compilar una lista de propuestas para ofrecer una solución a la crisis actual. La gran mayoría de las propuestas no fueron bien recibidas y se han escuchado más críticas que loas a la iniciativa presidencial. Así, la crisis política va empeorando en la medida que no se vislumbran respuestas efectivas para resolverla. Se percibe la sensación de que la principal silla del poder está vacía, ausente, perpleja, encerrada en su propio laberinto.

A los pocos días del anuncio, las encuestas de opinión revelaron el sentimiento de la nación. La desilusión es palpable en las respuestas de la ciudadanía. El nivel de aprobación presidencial es el más bajo de los últimos cuatro sexenios. No podemos estar peor.

Si este termómetro nacional no dice algo a los Spin Doctors de presidencia, si el tema de la casa blanca es un asunto cerrado y si Ayotzinapa es un puzzle irresoluble para quienes se jactan de ofrecer resultados con eficiencia de cirujano, estamos en problemas. Estamos ante un gobierno que prefiere vivir en un México de fantasía, ese que le venden a los inversionistas extranjeros pero que poco se parece a la realidad de millones de mexicanos.

El decálogo presentado fue anticlimático de principio a fin. Las propuestas no sólo son inconexas sino poco originales. En un esfuerzo por ser “incluyentes” se rescataron viejas iniciativas y propuestas que habían sido rechazadas en otro momento (para muestra, la cédula única de registro de población), pero que ahora encuentran un nuevo escenario para ser presentadas como novedosas. Es probable que detrás haya un meticuloso cálculo político para que los partidos tengan cada uno una propuesta cercana a sus intereses partidistas y aprobar todas ellas en una nueva versión del “Pacto por México”.

Por si fuera poco, a esta presentación le faltó un ligero guiño de autocrítica. El error está en los otros (como espléndidamente comentó Jesús Silva-Herzog Márquez). Así, el gobierno federal sale al rescate de la precariedad institucional. La de todos, menos la propia. No hay responsables en este gobierno.

En cuanto a las iniciativas presentadas, buena parte de éstas consisten en la elaboración o modificación de Leyes por el Congreso. El Ejecutivo muestra una vez más su férrea vocación de gran legislador. Las propuestas se constriñeron a lo que domina: enviar iniciativas a las cámaras y esperar a que los partidos le hagan la chamba (incluidos PAN y PRD). Sin embargo, llama la atención que ninguna de las propuestas se centre en la transformación del sistema de procuración de justicia, tan urgente en estos días. Tampoco vemos esfuerzos por mejorar los sistemas de información delictiva, hoy obsoletos e inservibles. En cambio, tendremos más leyes. El Estado de Derecho no se basa en una mayor producción legislativa como mecanismo de resolución de crisis. Al menos podrían asomarse a revisar los indicadores que el World Justice Project señala como de mayor debilidad.

Me preocupa un tema en particular, ¿por qué no hay más reformas que conciernan al Ejecutivo? De la profundidad de la crisis en el caso de Iguala hay algo obvio: el país no cuenta, ni por asomo, con una Unidad Profesional de Investigación Forense capaz de resolver un caso como éste. Bien podría haber sido la primer propuesta: generar una serie de Centros Forenses (regionales o estatales) con capacidad de primer mundo, y esforzarse en estos cuatro años en heredar un equipo de expertos criminólogos, con acceso a tecnología de punta para la investigación de todo tipo de delitos. Además de ofrecer capacitación a todos los estados y municipios para que los policías (algún día lo tendrán que hacer) sepan resguardar una zona de crimen, ya que a la fecha no cumplen con un protocolo mínimo de resguardo. No sé, me parecen ligeramente más útiles que instalar el 911 para llamadas de emergencia.

Otra propuesta podría ser priorizar la implementación de la Reforma Penal, a la cual nadie pone suficiente atención. La SETEC es un órgano bastante olvidado de SEGOB que se encarga de dar seguimiento a los estados en torno a la implementación de las medidas adecuadas para el cumplimiento cabal de la reforma. Sin embargo, a nadie le quita el sueño el magro avance de esta reforma. Sería deseable que alguien asumiera el reto de tomar esta labor y completarla en el tiempo que resta (que, por cierto, no es mucho). El presidente bien podría conducir este esfuerzo y heredar una reforma bien implementada en todo el país (pero por alguna razón que no comprendo no le resulta políticamente atractivo).

Otra propuesta iría en el sentido inverso de la idea que tiene este gobierno para combatir la debilidad institucional a nivel municipal. Antes que desmantelar nuestro endeble federalismo, habría que robustecerlo. Antes que desaparecer a los policías municipales, hay que fortalecerlos de todo el entramado institucional necesario que los haga impermeables al crimen organizado. Habría que revisar y reformar las transferencias de recursos y mecanismos de auditorías para el buen uso de éstos.

Cierto, las policías municipales son altamente vulnerables al crimen organizado. No hay duda de ello. Pero como se ha mencionado, también hay ejemplos exitosos de policías municipales que funcionan y dan resultados. Deberíamos hacer el catálogo nacional de buenas prácticas policiales y aprender un poco más de los aciertos, que sí los hay.

El municipio no es el nivel de gobierno más corrupto, pero sí el más olvidado. No todos son Iguala, ni todo a nivel municipal es para desecharse. La centralización en mandos estatales (ahora con carácter de obligatorio) es necesaria y puede ser muy útil, pero descobijar a los municipios de policías implica un peligro inminente. No sólo podría facilitar un manejo político de la seguridad por parte de los gobernadores, se prevén posibles escenarios donde municipios en manos de la oposición no sean atendidos de igual forma a aquellos donde gobierna el mismo partido.

También abre la puerta a la proliferación de grupos de “autodefensas”. Como ya hemos presenciado, ante el vacío de las autoridades para proteger a la población, ésta no se va a quedar cruzada de brazos y tomará medidas para defenderse. Es factible que se multipliquen grupos de autodefensas y guardias rurales en aquellos lugares en donde las policías estatales no alcancen a llegar. El objetivo no es fortalecer, es centralizar. El fondo es el mayor control ante la dispersión natural del poder que ofrece el federalismo.

Finalmente, la corrupción y penetración de la delincuencia organizada bien puede llegar a nivel municipal, estatal o federal. No distingue niveles. Hay suficientes ejemplos de gobiernos estatales sumamente corruptos y cooptados por la delincuencia organizada, también los hay a nivel federal. Los ayuntamientos no tienen el monopolio exclusivo de la corrupción en México.

Sin duda, es necesario replantear la estrategia de seguridad pública actual. Es indispensable evaluar su efectividad, medir sus logros y realinear aquellas partes en las que no se ha notado un avance en los últimos ocho años. No obstante, el diagnóstico del cual parten las propuestas del presidente me parece equivocado (sobre todo la versión de que existe una correlación entre pobreza y violencia en los estados del sur).

Las iniciativas presentadas están disociadas de las necesidades más urgentes del momento. Tenemos un decálogo de papel, vacío de contenido y poco convincente. La máxima silla del poder en México parece vacía, le falta visión para enfrentar el presente escenario desde una perspectiva de Estado.

Asimismo, el divorcio entre gobierno y sociedad es real, se palpa diariamente en las calles, en las redes sociales, se ve en las encuestas, crece entre los empresarios y entre el círculo rojo. No me parece que las propuestas vayan a alcanzar para parar las manifestaciones, convencer a los críticos, acercar a los inversionistas extranjeros y aumentar la confianza en el presidente. Las elecciones intermedias ya están a la vuelta de la esquina y es posible que en esta ocasión la población tenga (por lo menos) memoria de corto plazo.

 

@rodaxiando

 

 

P.D. Dejo esta infografía por aquí, sólo porque me topé con ella y me parece clara y contundente para mostrar la gravedad de la crisis de seguridad actual. Espero que a alguien le sirva para dimensionar la profundidad del problema. Son muchos más que 43.