La seguridad ciudadana no tiene quien la hospede

blogeditor · 20 de julio de 2020

La seguridad ciudadana no tiene quien la hospede

Si alguna vez usted quiere entender qué es una política de seguridad ciudadana y solo va a leer un texto, recomiendo sin duda el reporte Gobernar la Seguridad Ciudadana en América Latina y el Caribe, de Gustavo Béliz. El autor construye ahí una serie de nudos estratégicos que hay que resolver para andar por una “ruta para la gestión de políticas de seguridad ciudadana en la región”. Uno de esos nudos se titula “Un hogar y una identidad para las políticas de seguridad ciudadana. Hacia un servicio civil profesional para la gestión de la prevención de la violencia”. Discuto sobre el particular para el caso de México.

Escribe Beliz:

“Así como la mano mágica del mercado no asegura la equitativa distribución de los beneficios sociales de un proceso de crecimiento económico, tampoco la mano mágica de las políticas sociales asegura per se beneficios en el ámbito de prevención de la criminalidad.  Hacen falta acciones focalizadas, inteligentes y oportunas, que eviten la superposición de programas costosos e ineficientes.

“¿Dónde encontrar un hogar apropiado para las políticas de seguridad ciudadana?  El desafío excede largamente a los clásicos ministerios del área (sean de Justicia, Gobierno o Seguridad). Toda esta situación convoca a múltiples sectores de la administración pública, que trascienden el plano de la justicia y la policía como instituciones de control formal.  Las escuelas, los hospitales, el sistema penitenciario, los  medios  de comunicación, el ámbito familiar, las cuestiones de género, los ámbitos culturales y deportivos, el control de la seguridad privada y el mercado laboral son varias de las instancias donde resulta preciso establecer expresiones institucionales de un fenómeno plural y multifacético. Por otra parte, las instituciones no tradicionales son poco permeables para aceptar directrices o iniciativas de las instituciones a cargo del sector, generalmente los ministerios del Interior, Justicia o Seguridad. Esto acentúa la relevancia de establecer un claro liderazgo de coordinación al momento de impulsar iniciativas integrales”.

No me lo cuentan, lo vivo a diario: funcionarias y funcionarios que tienen las mejores intenciones, las peores intenciones o ninguna en particular, tomando decisiones que tienen que ver con la seguridad ciudadana sin jamás en su vida haber sido confrontados con teoría o metodología alguna al respecto.

Y ahí donde auténticamente se quiere construir la seguridad ciudadana, aparece siempre la tensión entre quienes la quieren poner bajo el liderazgo policial (la mayoría) y quienes quieren aportar a aquélla desde múltiples dependencias (educación, trabajo, vivienda, cultura, deporte, transporte público, desarrollo urbano, entre otros), sin saber cómo colaborar entre todas las partes, bajo una gestión estratégica coherente y articulada.

“… la importancia de focalizar adecuadamente un ámbito propio de intervención en esta materia conlleva el desafío de pasar de la administración de la seguridad estatal (que a menudo supone facilitar un autogobierno policial, por ejemplo) al gerenciamiento estratégico de la seguridad ciudadana (que siempre requiere articular en fina sintonía el rol del Estado, el mercado y la sociedad civil). No se trata de manejar iniciativas a ciegas y como meras respuestas a encuestas de opinión pública, sino de calibrar adecuadamente las intervenciones sobre las áreas geográficas, los colectivos sociales en riesgo y las tipologías  delictivas de mayor connotación social. Esto implica superar un concepto Estado- céntrico para la atención del fenómeno, a fin de incluir un concepto ciudadano- céntrico y comunitario -céntrico. No se busca construir una mera seguridad del Estado, sino una seguridad de la comunidad y de sus habitantes”.

Particularmente donde las masacres impunes no paran, todo esto puede parecer puro rollo. El problema es justo eso: muchas veces, donde más se necesita, es donde menos se alcanza siquiera a imaginar que la institucionalización de una política profesional de seguridad ciudadana es necesaria y posible. El resultado lo corroboramos diario: más y más violencia, en contextos donde prácticamente todos los mecanismos formales e informales de transformación del conflicto se han colapsado.

Sin hogar y sin identidad, la política de seguridad ciudadana no existe en términos prácticos casi en ningún lado; de ahí que proponer enfoques transversales de prevención, en especial desde los territorios más violentados, se percibe, en el mejor de los casos, como una ingenuidad, y en el peor, como una mera estupidez.

En mi experiencia cotidiana el asunto se reduce a algo muy concreto: un gobierno electo en México, en promedio, no sabe qué es la seguridad ciudadana y por tanto le es imposible liderar un mecanismo de coordinación donde “todos ponen” a partir de intervenciones calibradas, enfocadas, sostenidas y exitosas.

El Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica, aprobado en el Consejo Nacional de Seguridad Pública, implica oportunidades que he reconocido públicamente; pero a la vez representa en sí mismo una débil conexión con el núcleo del paradigma de la seguridad ciudadana: la institucionalización de la prevención, a través de la tematización de las violencias, como anota el propio Beliz.

México anda falto de hogar e identidad para la seguridad ciudadana y la fragmentación de los esfuerzos reales de reducción de las violencias –donde los hay– debilita a todos y a cada uno de ellos.

Las políticas sociales no son la mano mágica para la prevención de las violencias, avisa este documento fechado hace ocho años. Y el enfoque centrado del uso de la fuerza y la intervención militar, ya lo vemos, tampoco es la vía.

Cómo le hacemos para construirle un hogar a la seguridad ciudadana, donde haya un tablero integrador que permita “equilibrar las respuestas entre reacción y prevención, desde un enfoque inteligente e informado por evidencia”.

@ErnestoLPV