La salud mental es primero

blogeditor · 1 de septiembre de 2021

La salud mental es primero

En una sociedad que aplaude la obtención de medallas, títulos, bonos económicos y trofeos, las Olimpiadas de Tokio han dado una gran lección en los últimos días. Para algunos, la incomprensible hazaña de la atleta Simone Biles de retirarse por una “lesión” fue cobarde y representó un fracaso que la acompañará por el resto de su vida; lo mismo pensarán de la tenista Naomi Osaka, quien también abandonó la competencia. Pero, para quienes entendemos que el éxito mayor radica en estar bien con uno mismo, sus actos fueron certeros ejemplos de lo que de verdad es importante privilegiar.

La salud mental es un tema poco valorado, y menos aún considerado parte fundamental de la salud como tal, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como “el estado de completo bienestar físico, mental y social (…)” de una persona. Los expertos han calculado que para el 2030 la principal causa de discapacidad serán los problemas relacionados con la salud mental. Existen 450 millones de personas que sufren algún padecimiento de este tipo. La depresión es el más frecuente: afecta a más de 350 millones de individuos en todo el mundo, derivando en casi un millón de suicidios al año. A pesar de estas cifras, la salud mental sigue siendo una cuestión minimizada, ignorada o insuficientemente atendida.

Parte del problema de la falta de detección y tratamiento de las afecciones mentales está en el estigma que las rodea. Pedir ayuda de un profesional es sinónimo de debilidad e incompetencia; si se nombra el tema se corre el riesgo de quedar fuera de decisiones importantes o al margen de determinadas actividades. Tanto más si se atiende: esto será el ocaso del éxito profesional, debido a que el tiempo dedicado a algunas labores ahora se deberá invertir en la atención del problema, o bien a que las condiciones del tratamiento pueden interferir con el rendimiento físico o con las actividades profesionales. Las personas incluso pueden ser discriminadas por sus jefes o colegas, lo que se reflejará en una falta de reconocimiento y promoción.

Muchas son las acciones que podemos hacer para fomentar que el problema sea atendido y debidamente procurado. Desde el ámbito personal habría que comenzar por no discriminar ni burlarse de quien expresa tener un problema de salud mental, y desde la arena pública y comunitaria se deben poner en práctica los principios éticos y bioéticos que valoren a la persona humana en todas sus dimensiones.

Desde el principio de la justicia, corresponde a las autoridades del Estado promover acciones para la atención de la salud mental en la población, cosa que -por desgracia- no se ha contemplado en los dos últimos Planes Nacionales de Desarrollo (2012-2018 y 2018-2024). No obstante, México cuenta con un documento que regula la Prestación de los Servicios en Unidades de Atención Hospitalaria Médico-Psiquiátrica: la NOM-025-SSA2, creada en 1994, la cual derivó en que el gobierno federal diseñara un Programa de Acción Específica de Salud Mental 2013-2018 que enfatizaba la detección temprana de los trastornos mentales como mecanismo para la protección de la salud. Aún no se ha confirmado si este programa continuará o no.

El presupuesto destinado para la atención y protección de la salud mental en México es escaso, lo que ha provocado que los grupos menos favorecidos económicamente tengan que abandonar su tratamiento por no poder pagarlo. La OMS recomienda a los países destinar un porcentaje significativo de su presupuesto gubernamental a la atención de la salud mental. En países económicamente estables, éste oscila entre el 5.1% y el 6.59%, mientras que en México el porcentaje aprobado fue de menos del 1% en 2010 y del 2.2% en 2015. En 2017 se destinaron 2 mil 586 millones de pesos a esta causa, de los cuales el 80% fue utilizado para mantener el funcionamiento de los apenas 46 hospitales psiquiátricos que hay en el país.

Por otra parte, el costo promedio de una consulta psiquiátrica privada en México oscila entre los 500 y los mil 500 pesos (sin considerar el costo de los medicamentos prescritos), precio que resulta inaccesible para muchos. A esto se suma el hecho de que la mayoría de los hospitales que pueden recibir pacientes psiquiátricos se encuentran en zonas conurbanas, lo que genera grandes conflictos de justicia por la falta de acceso a dichos servicios en las zonas rurales. Hay mucho por hacer aún en temas de justicia para garantizar acciones adecuadas y oportunas para proteger y atender la salud mental de la población.

Por principio de solidaridad no podemos ser indiferentes al sufrimiento ajeno, aunque éste no se vea ni se exprese de forma explícita. Velar por el bien de cada uno, independientemente de la profesión, el puesto o las metas personales, debe ser prioritario; así como acompañar esta atención con el reconocimiento pleno de la dignidad individual, que no se pierde aunque la salud física disminuya.

Desde el principio de beneficencia, podemos favorecer espacios familiares y comunitarios donde expresar sentimientos y emociones libremente y con la certeza de no ser juzgados, sino escuchados con el mayor respeto y confidencialidad. Al mismo tiempo, hay que comprender que el problema es multifactorial y que no se reduce a un estado pasajero, por lo que tampoco se soluciona con acciones de corto alcance: se requiere una intervención profesional y profunda que atienda el problema de fondo. Es igualmente indispensable fomentar espacios saludables de trabajo, respetar los tiempos necesarios de descanso, y establecer rutinas y hábitos que permitan la conciliación profesional, personal y familiar, por mencionar algunos ejemplos.

Ojalá que las lecciones que nos están dejando las olimpiadas no se queden en Tokio, sino que trasciendan y logren visibilizar los problemas que, durante años, han quedado ocultos y silenciados.

* María Elizabeth de los Rios Uriarte es licenciada y doctora en Filosofía por la Universidad Iberoamericana y maestra en Bioética por la Universidad Anáhuac México, donde es profesora e investigadora del Instituto de Humanismo en Ciencias de la Salud de la Facultad de Bioética. Asimismo, es Research Scholar de la Cátedra UNESCO en Bioética y Derechos Humanos.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.