Alejandro Martí · 25 de mayo de 2011
En las últimas semanas hemos visto cómo algunos opinadores trataron de encontrar las diferencias entre el activismo social de personajes como Francisco Sicilia, Isabel Miranda, Eduardo Gallo y su servidor, por decir sólo algunos.
Tras la Marcha por la Paz que encabezó Sicilia, surgieron una gran cantidad de análisis, artículos y columnas en donde se comparaban “las formas” de exigir justicia y promover un cambio entre el movimiento de Sicilia y lo que hemos venido haciendo otros organismos ciudadanos en materia de seguridad.
No faltaron quienes, aprovechando la coyuntura, etiquetaron las acciones y discursos de quienes hemos trabajado por impulsar un cambio institucional. Esas etiquetas maniqueas y superficiales, afortunadamente no han hecho mella en el creciente rol que están ganando los movimientos ciudadanos en la vigilancia y exigencia a las autoridades para que cumplan con su trabajo.
Hace una semana fuimos testigos de cómo el Observatorio Nacional Ciudadano, una red de organizaciones civiles que buscan mejorar las condiciones de seguridad en todo el país, convocó a más de 60 asociaciones en la Universidad Iberoamericana para integrar una agenda común en tres aspectos de la mayor relevancia: Seguridad pública y ciudadana, freno a la violencia y combate a la inseguridad.
Al encuentro asistieron organizaciones de todas las regiones de nuestro dolido México y para infortunio de quienes siempre quieren encontrar el negrito en el arroz coincidimos todos en lo fundamental: el reclamo de tener un país seguro donde nuestros hijos se puedan desarrollar en paz y donde no se castigue el éxito; donde la corrupción sea una triste lección del pasado; y donde los ciudadanos nos hagan más responsables a todos.
La revolución está en marcha, es pacífica y no está encabezada por caudillos ni iluminados, esta revolución la encabezan los ciudadanos organizados.
En Medio Oriente las redes sociales y el internet han provocado cambios de regímenes autoritarios que llevaban décadas en el poder. En España estamos empezando a ver una creciente exigencia contra todos los políticos por su ineficacia en el manejo de las políticas públicas, también organizada y transmitida viralmente -dicen los expertos mercadólogos- por las redes sociales.
En México se gesta también un despertar ciudadano que removerá para bien los cimientos de prácticas caducas que sin embargo se aferran a mantenerse como la corrupción, la opacidad y la falta de respeto por la ley.
Quienes hemos estado involucrados en las organizaciones sociales tenemos diagnósticos, propuestas, redes de acción. Ahí están y siguen fortaleciéndose cada día. Ahora tenemos que promover, cada uno desde su trinchera, cada uno con su estilo particular, que más y más mexicanos tomen conciencia de que si no nos salvamos nosotros nadie más lo hará, ni el gobierno, ni Estado Unidos, ni la Virgen de Guadalupe.
El cambio está en nuestras manos y en la medida en que cada uno de nosotros seamos corresponsables del momento que vivimos y emprendamos acciones al respecto, este país conseguirá el promisorio futuro que está destinado a tener.