La restauración como solución

blogeditor · 6 de junio de 2022

La restauración como solución

Ante la emergencia climática y las crisis de pérdida de biodiversidad y alimentaria que enfrenta el planeta, la agenda ambiental es prioritaria para nuestro propio bienestar.

Una de las más grandes amenazas para la naturaleza y los seres humanos es la deforestación; sin embargo, hay otros impactos como el cambio climático, la contaminación, la defaunación, la desertificación, la pérdida de caudales hidrológicos y la degradación de suelos.

Sus causas y efectos son cada vez más graves en muchos países, como sucede en América Latina y el Caribe, región con la mayor pérdida de poblaciones monitoreadas de vertebrados entre 1970 y 2016.

Con el objetivo de prevenir, detener y revertir la degradación de los ecosistemas, así como contribuir a erradicar la pobreza, combatir el cambio climático y evitar una extinción masiva, la ONU celebró ayer un año del lanzamiento oficial del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030 a nivel global.

En este punto de no retorno es nuestra obligación “traer a la naturaleza de vuelta”. Si no modificamos nuestras prácticas de aprovechamiento, producción y consumo, la naturaleza no tendrá capacidad de recuperarse y los efectos que ya estamos viviendo serán cada vez peores y más difíciles de atender.

Debemos proteger lo que nos queda, restaurar lo que hemos perdido, reducir nuestra huella y apalancar los recursos y voluntades de diversos actores y sectores.

Es hora de pensar en la funcionalidad general de los ecosistemas y para ello requerimos conservarlos, aprovecharlos de manera sustentable y restaurarlos en un sentido amplio y con una visión integral. Esto debe hacerse de la mano de cambios en el comportamiento humano y en los patrones de consumo y producción, involucrando a todos los actores y sectores de la sociedad.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la restauración de los ecosistemas es el proceso de detener y revertir su degradación, lo que resulta en la mejora de sus servicios -agua, oxígeno y alimentos entre otros- y la recuperación de la biodiversidad.

La restauración tiene un gran potencial para generar co-beneficios como la creación de empleos, la reducción de emisiones, el apalancamiento de recursos y el desarrollo de condiciones habilitadoras para incidir en políticas públicas y privadas, por lo que debe realizarse con los más altos estándares de calidad, dependiendo del contexto y las necesidades de cada país.

Pese a que es una actividad relativamente costosa, el momento de inflexión en el cual nos encontramos ahora la convierte en una necesidad inaplazable. Por ello, es imperante generar una narrativa sobre la restauración como medio de vida y entender su rentabilidad.

Un reporte reciente de Naciones Unidas indica que por cada dólar invertido en restauración, se recuperan hasta 30 dólares en beneficios económicos para las personas. Sin embargo, no debemos olvidar que, como todo proceso ecológico, toma tiempo, esfuerzo y voluntad.

Más de 100 países se han comprometido ya a restaurar en los próximos nueve años hasta mil millones de hectáreas degradadas. Una de las zonas prioritarias para este esfuerzo es la Amazonía, que comprende a Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela.

De alcanzarse dichas metas, sería posible abordar el cambio climático, la degradación de los suelos, la pérdida de biodiversidad y los caudales hidrológicos y avanzar en el cumplimiento de los compromisos internacionales.

¿Qué hacer?

En respuesta a esta situación, en abril de 2021 se lanzó la Alianza Mexicana por la Restauración de los Ecosistemas (AMERE), alineada a la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030.

Esta Alianza fue fundada por Reforestamos México, WRI México, TNC México y WWF México, con apoyo de las representaciones mexicanas del Secretariado del Decenio, la FAO y el PNUMA.

Su propósito es promover y fortalecer los esfuerzos de restauración ecológica y productiva en el país, tanto en ecosistemas terrestres como acuáticos y costero-marinos.

Asimismo, busca apoyar en la articulación de iniciativas, compartir y generar información, incidir en las políticas en materia de restauración, y convertirse en el punto de encuentro para quienes quieran sumar esfuerzos en torno al tema.

De la mano del gobierno federal, los gobiernos estales, municipales y la sociedad civil, la academia, las comunidades locales, las organizaciones de base y el sector privado, su visión es que para el 2030 la sociedad mexicana contribuya a la recuperación de la biodiversidad, ayude a contrarrestar los efectos del cambio climático y apoye la productividad.

Esta es la primera alianza nacional reconocida por el Decenio de las Naciones Unidas y el socio número 100 en oficializar su proceso como parte de una red de asociados a nivel global.

Varios de los acuerdos vinculantes realizados a nivel país, bajo las tres Convenciones de Río (cambio climático, biodiversidad y desertificación) y el Desafío de Bonn (un esfuerzo global para restaurar 350 millones de hectáreas de bosques para el 2030), respaldan el espíritu y las acciones que derivan del Decenio. Pese a ello, México solo cuenta con la meta de restaurar 250 mil hectáreas en cuencas prioritarias para 2024, de acuerdo con la Estrategia de Restauración Forestal de la Comisión Nacional Forestal.

Hoy más que nunca México debe apostarle a la restauración de gran escala y a su implementación efectiva en el territorio. En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado este 5 de junio, los invitamos a conocer más sobre la AMERE y a formar parte de este movimiento para crear la #GeneraciónRestauración.

* María José Villanueva es Directora de Conservación en WWF México (@WWF_Mexico). Es bióloga, maestra en Ciencias del Mar y Limnología y doctora en Ciencias del Mar con enfoque en mastozoología marina. También es especialista en genética y conservación de mamíferos marinos, recursos naturales, desarrollo sustentable y áreas naturales protegidas. Coordina los programas de agua, cambio climático, ecosistemas terrestres y océanos.