La respuesta…

Redacción Animal Político · 28 de mayo de 2024

La respuesta…

Hace algunos días, por la mañana, escuché a Gabriela Warkentin decir en su programa de radio que había que entender mejor a los jóvenes para promover su participación en las elecciones y dejar de lado el discurso regañón. Tiene razón. Aunque no es tarea sencilla, así que en vez de dar datos en esta ocasión prefiero compartir una breve historia:

Una tarde de la semana pasada caminaba con mi hija, quien recientemente cumplió 18 años y por primera vez tendrá la posibilidad de votar por la presidencia. Íbamos rumbo a la tienda y durante el trayecto no pude evitar hablarle sobre la importancia de votar. Ella, con esa mezcla de escepticismo y rebeldía juvenil, me miró y dijo: “Pero no me gusta la política, papá. Solo son reclamos y mentiras, es un mundo ajeno a mí”.

Suspiré y detuve mi paso, mirándola directamente a los ojos. “Entiendo lo que dices”, le respondí con calma. “Pero la política no es solo lo que ves en la televisión o en las redes sociales. Es más que los escándalos y las promesas incumplidas. La política es lo que define nuestro día a día. Es el sistema de transporte que usas, la calidad de la educación que recibes, la protección del medio ambiente y los animales, la seguridad en nuestras calles. Votar es tu manera de decir qué tipo de futuro quieres, no solo para ti, sino para todos”.

Ella frunció el ceño, intentando comprender. “Pero, ¿cómo puedo hacer una diferencia si soy solo una persona?”, preguntó.

Sonreí y seguimos caminando. “Cada voto cuenta, más de lo que imaginas. La democracia se construye con la participación de todos, y cada elección es una oportunidad para cambiar las cosas. No se trata de cambiar el mundo de un día para otro, sino de dar pequeños pasos hacia el cambio que deseas ver”.

Mi hija asintió lentamente, procesando mis palabras. Entonces dijo: “No me convences, papá. Votar es como echar un vaso de agua sobre un bosque en llamas”. Me sentí impresionado por su capacidad de transmitir el descontento con lo público.

Cuando llegamos a la tienda nos encontramos con dos personas mayores, quizás rondando los 80 años, que miraban una hoja de publicidad política. Uno de ellos le decía al otro: “Oye, ahora resulta que tendremos una mujer presidenta. El lugar de las mujeres es en la casa, se necesita un hombre en la presidencia, de preferencia un licenciado”. Su compañero asentía en silencio.

Mi hija, al escuchar esto, me miró entrecerrando los ojos, claramente molesta. Pude ver el descontento reflejado en su expresión. Me acerqué a los hombres mayores y les saludé con cortesía, luego les pregunté: “¿Ustedes irán a votar el próximo domingo?”.

La respuesta fue inmediata y contundente: “Claro que sí, sin duda”.

Miré a mi hija y le pregunté con suavidad: “¿Y tú?”.

La respuesta la sabremos el 2 de junio, cuando ella, junto a otras 26 millones de personas jóvenes, decidan el futuro de este país. Porque voten o no voten, el resultado lo definirán ellas.

RobertHeycherMx