blogeditor · 11 de marzo de 2016
Uno puede aprender cosas esenciales en lugares insospechados. Por ejemplo: un disco de Donna Summer. Debo haber tenido seis o siete años cuando oí la canción aquella que aconsejaba no tener una mala reputación porque te la podías comprar, pero luego no la podías vender. El coro decía “Don’t get a bad reputation” y por asociación de ideas la canción volvió a sonar en mi cabeza hace un par de semanas.
Volví a ver a un amigo que siempre me pareció guapo pero, por alguna razón, la historia de amor nunca se armó. Retomamos la comunicación y a mí se me ocurrió que no era mala idea averiguar por ahí información básica sobre él. “¿Qué sabes de Fulano?” pregunté. “Pues dicen que es golpeador”. Se me cayó la quijada al subsuelo. Recordé que hace muchos años tuvo un divorcio complicado y que la exesposa se quedó muy enojada. Mi tendencia es a solidarizarme con las mujeres, de entrada. Sin embargo, en esta ocasión, conociendo a los padres y hermanos del amigo mencionado, sus valores y las causas que defienden, dudé. No hay nada en él, ni en su familia que me permitan creer que es capaz de golpear a una mujer. Sin embargo, la exesposa tomó la decisión de hacer declaraciones a revistas de chismes acusándolo de haberla golpeado y con ello manchó de forma indeleble su reputación. Entre que son peras o manzanas, lo veo menos guapo que antes y no puedo evitar pensar que cuando el río suena, agua lleva. El daño está hecho.
Hay otros casos como el de mi amiga Kate Del Castillo a quien le tomó más de veinte años construirse una buena reputación a través del trabajo constante y una imagen pública (y privada) muy sana. Una actriz exitosa que ha sido vocera de las niñas y niños migrantes no acompañados, se ha manifestado en contra de la trata de personas, ha abrazado la causa de PETA – organización defensora de los animales- y que en cuanto recibió su greencard, expresó públicamente su repudio a Donald Trump. Hasta ahí todo bien…
Pero un día cometió el error de emitir opiniones críticas hacia el actual gobierno mexicano, cuya reputación es terrible y no por chismes. A los funcionarios no los desprestigian nuestras opiniones sino sus propios actos de corrupción, de cinismo, de indiferencia ante el sufrimiento de las personas . Los testimonios de las víctimas que han sido ignoradas, tratadas como ciudadanos de segunda, los servicios deficientes, los conflictos de interés que intentan tapar como quien cubre el sol con un dedo. Los muertos, los muertos… las miles de muertas. Los desaparecidos. El desgobierno. Las fosas. Y del otro lado la opulencia y las portadas sonrientes que parecen decir: “Nosotros sí la estamos pasando bien”.
Las narco historias
El público ha vuelto exitosas las series de televisión en torno al narcotráfico. A Kate le tocó protagonizar un par de ellas. Luego, se le presentó la oportunidad de que el narco de narcos, el más buscado, el que se escapó dos veces de un penal de alta seguridad, quisiera cederle a ella y solo a ella, los derechos de su vida para llevarlos a la pantalla. Y ella, que no es policía, sino actriz y productora, consideró que era una buena idea. Se puede juzgar su decisión profesional como acertada o no, lo que es un hecho es que si le hubiera salido bien, todos hubiéramos visto la serie o película, con el mismo interés que vimos Breaking Bad.
Cuando Milenio publicó unas supuestas conversaciones privadas de Kate con el Chapo y hasta abajo decía que si uno reproducía ese contenido sin autorización era un criminal porque eso era propiedad de Milenio, me hice muchas preguntas. ¿Qué no es ilegal publicar conversaciones privadas? ¿Qué no las obtuvo la PGR? ¿Entonces se las dió la PGR al medio de comunicación? ¿O un criminal se las robó a la PGR y se las vendió a Milenio? La otra pregunta es ¿para qué? ¿Solo para desprestigiar a Kate? ¿O para que nunca se haga esa película y no le pongan nombres y apellidos a los verdaderos villanos, cómplices del Chapo, que le han permitido hacer tanto daño?
También ha habido esfuerzos por desacreditar a los investigadores del GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) del caso Ayotzinapa, a los periodistas –vivos y muertos- y a todos los que tienen alguna verdad incómoda que decir.
En su canción, Donna Summer nunca me explicó qué había que hacer si te habías construido una buena reputación durante toda tu vida, y de pronto, alguien muy enojado y/o muy poderoso, organizaba un auténtico complot para destruirla.
Lo bueno es que tarde o temprano la verdad siempre se abre paso, como las raíces de los árboles que rompen el cemento de las banquetas o como esas florecitas que brotan del fango. Acá hay tanto, que veremos florecer inmensos jardines.