blogeditor · 24 de enero de 2020
La regulación de los usos del cannabis requiere de la construcción de experiencias cautelosas…
Fragmento del proyecto de ley para la regulación del cannabis.
La frase ya suena a reiteración de la reiteración, pero todo parece indicar que, ahora sí, el Senado de la República se encuentra listo para aprobar, finalmente y luego de haber recorrido un sinuoso y espinosísimo camino, el uso de mariguana de forma totalmente legal en el país. Si esta vez los tiempos se alinean con las intenciones, el próximo 1 de febrero -día en que inicia el periodo de sesiones- las comisiones relacionadas con Salud, Seguridad y Justicia estarían encaminando sus trabajos para conformar una legislación que desde hace muchos años es urgente.
Así, siembra, consumo y posesión de mariguana (esto último, dentro del límite permitido que, de acuerdo a lo establecido en un primer dictamen dado a conocer hace por lo menos unos tres o cuatro años, pasaría de los resecos cinco gramos de rigor permitidos hasta ahora a los veintiocho) dejarán de ser considerados delitos, siempre y cuando se ajusten a los dictámenes de la ley para la regulación del cannabis en el país. Dicha ley contemplará ideas básicas, necesarias para enmarcar la mariguana en el circuito legal, tales como la prohibición del consumo a menores de edad, venta a mayores de dieciocho años únicamente en sitios acreditados y la autorización para los consumidores a poseer hasta cuatro plantas dentro de casa.
Al mismo tiempo, la ley que, al parecer, ahora sí será discutida con vocación de hacerla avanzar, plantea aristas polémicas: prohibición de venta de productos ya sea bebestibles o comestibles que excedan en su formulación un límite permitido de uno por ciento de THC (lo cual no es comprensible si tomamos en cuenta que, por ejemplo, en el país se venden de manera legal alcoholes de graduaciones altas) y un tono que de tan prudente raya un tanto en la percepción demonizante que se trata de combatir, afirmando que “la autorización para el uso lúdico o recreativo del cannabis psicotrópico (sic) puede originar diversas consecuencias que obligan al Estado a atenderlas para mantener su control en beneficio de la población” y en otro punto, según la nota aparecida en el diario Reforma del día diecinueve de enero, plantea que “la regulación de los usos del cannabis requiere de la construcción de experiencias cautelosas”, echando por tierra la importancia de revisar con objetividad el comportamiento general de la sociedad en los países en que ya ha sido legalizada -donde no se ha desatado ningún caso de locura colectiva y los pachecos no se han comido el territorio a dentelladas- y abonando al miedo con que un sector de la ciudadanía recibirá, indiscutiblemente, la noticia de la legalización.
Pero la ley ya está preparada para ser discutida. Un avance enorme.
Parece que ahora sí. Ahí viene la regulación.
¿Será?