La región (más) incandescente

blogeditor · 11 de enero de 2013

La región (más) incandescente

 

Por: José Manuel Valiñas (@dineromx)

Una de las noticias más relevantes del año pasado fue la reivindicación de soberanía sobre ciertos islotes deshabitados en Asia, pero que podrían contener riquezas petrolíferas. Las islas Senkaku (en Japonés) o Diaoyu (en chino) enfrentan de forma abierta a China y a Japón desde hace meses. Lo propio sucede con las islas Takeshima (en japonés) o Dokdo (en coreano), que mantienen un clima tenso en las relaciones coreano-niponas.

Según el thinktank Council on Foreign Relations, uno de los tres grandes riesgos de conflictos bélicos en el mundo para este año es precisamente el peligro de una escalada militar entre estas naciones por las islas. ¿Qué se puede esperar con la llegada del derechista Shinzo Abe en Japón y de la conservadora Park Geun-hye en Corea del Sur? Abe ha prometido aumentar la capacidad militar del país del sol naciente, aunque tenga que reformar la constitución para ello, además de que no duda en enfrentarse abiertamente a China (al menos en el discurso). La respuesta del hoy entronizado Xi Jinping en China no se hizo esperar, ordenando a sus fuerzas armadas que se preparen “para el combate real”.

Park Geun-hye, por su parte, tiene ante sí la dicotomía de enfrentarse a Japón y a Corea del Norte al mismo tiempo, mientras que en lo interno le espera una batalla épica contra las grandes empresas transnacionales (las llamadas chaebol), que han llegado a monopolizar la economía coreana. Park ya había sido primera dama cuando su madre murió en un atentado que iba dirigido a su padre, el dictador Park Chung-hee (quien finalmente falleció en otro atentado). Ella misma recibió una puñalada en la cara en las elecciones municipales de 2006. A la nueva presidenta se le conoce como “la dama de hielo”, por su gesto impasible, pero al menos en cuanto a su vecino del norte, puede mostrar una postura mucho más suave que la belicosidad de su antecesor, Lee Myung-bak. ¿Sera por ello que Kim Jong-un, el enigmático nuevo líder de Corea del Norte, habló a inicios de 2013, para asombro del planeta entero, de una deseable reunificación de las dos Coreas? ¿Acaso le tendió la corona de olivo a la nueva presidenta del sur, tratando de alcanzar beneficios económicos o tal vez llegar a un acuerdo de paz? En su discurso, Jong-un (de quien no se sabe casi nada, salvo que su edad no llega ni a los 30 años y que su único mérito es ser hijo del líder anterior) habló de “la gran causa nacional de reunificar al país” y de la “construcción de un gigante económico”.

 

Giro a la derecha

Del lado de Japón, algunos sectores han lamentado lo que suponen es una vuelta a la ultra-derecha. Es cierto que Shinzo Abe tiene una postura militarista y que quiere reformar la constitución nipona para que su país tenga un ejército propio. Cuando alza la voz contra China adquiere muchos adeptos, pero esa combinación de nacionalismo y populismo resulta a la vez redituable políticamente, que peligrosa, tóxica e irresponsable. Cierto, cada vez que su gobierno se tambalee, Abe puede recurrir a las bravuconadas con el exterior para cohesionar a las masas, pero lo mismo pueden hacer Xinping en China y Park en Corea, con el consabido riesgo de que se inflamen las pasiones y se llegue quizá a escaramuzas o combates aéreos y marítimos en los mares de China y Japón. No obstante, aún en el caso de que seamos testigos de algo similar, con mucha probabilidad se evitaría una guerra generalizada.

En realidad nadie (ni siquiera Corea del Norte, con su delirante retórica belicista) quiere una guerra que significaría un debilitamiento, sobre todo en lo económico. Las monumentales cifras de comercio exterior entre los países implicados son algo así como un “seguro a prueba de guerras”, insisten los analistas. Ni Japón va a amenazar su recuperación, ni China va a dejar de lado el comercio con el archipiélago, ni Corea pretende desacelerar su milagro económico, que le ha llevado a convertirse en la cuarta economía asiática. El crecimiento de esta última nación fue de 6% en 2010 y desde entonces ha bajado a rangos de 3%, con una inflación a la baja y un desempleo de apenas 3.1%.

Tokio tiene problemas mucho más severos, por lo que precisamente lo que menos necesita es un conflicto internacional. Más bien tratará de concentrarse en reducir su aparatosa deuda (que llega a 230% de su PIB), la más voluminosa del mundo, excepto quizá por Zimbabue). Hace apenas 12 meses las importaciones japonesas superaron a las exportaciones por primera vez en tres décadas, y hoy el déficit comercial ya supera los $100 mil millones de dólares.

En medio de todos estos problemas, Shinzo Abe tratará de revertir decisiones erráticas de administraciones pasadas. Empezando por el romántico proyecto de apagón nuclear decretado por el gobierno anterior, que ha causado estragos tanto económicos como ambientales (después de Fukushima y la histeria antinuclear que supuso, Japón ha pasado a ser un importador neto de carbono). Su promesa fue desde un inicio llevar a Japón a un crecimiento de 3% anual. Para ello tiene una agenda agresiva de estímulos monetarios sumados a un gasto público en infraestructura por $2.4 trillones de dólares en 10 años, con la intención de terminar con la pesadilla de la deflación. Antes necesita convencer al Banco de Japón de aumentar su meta de inflación anual a 2% en lugar de 1% o intervenirlo, dejando a un lado su autonomía.

Debemos recordar que su antecesor, Yoshihito Noda, sufrió la debacle electoral en parte por la ineficiente respuesta ante el tsunami, pero también por el enojo de la gente con el impuesto al consumo de 8% que impulsó. No se sabe aún si Abe continuará con ese impuesto, pero si no lo hace, por un prurito populista, se puede meter en serios problemas de déficit público (ya Standard & Poor’s amenazó con bajar la calificación de la deuda nipona si no lleva a cabo el país una reforma fiscal).

El nuevo primer ministro japonés tuvo un periodo gubernamental de apenas 12 meses, entre 2006 y 2007, fracasando en redondo en lo económico, por concentrarse en la política, con sus constantes discursos patrioteros, no ausentes de agresividad contra las naciones vecinas. Hoy la historia parece escribirse en un tono distinto. ¿Llegaron los tiempos de calmar los ánimos politiqueros para concentrarse en lo que importa? Al parecer es así con Japón, tanto como con sus vecinos. Finalmente, lo que debe entender todo nacionalista (y todo elector), es que no hay nada mejor para la patria que una economía robusta en la que todos puedan participar.

Así, más que los discursos pacifistas, los lazos económicos son los que prevalecerán. Según algunas estimaciones, al menos 500 millones de personas salieron de la pobreza en Asia en 2012, para integrarse a la clase media. Nada mal para un año en el que se profetizaba el “fin del mundo”. Pero lo más relevante es que se prevé que otros 1,700 millones de orientales hagan lo mismo de aquí al año 2020. Esto en sí mismo es un disuasivo mucho más eficaz para el riesgo de una guerra, que ninguna otra situación.

 

* José Manuel Valiñas es articulista de política internacional. Dirigió el reposicionamiento de la revista Inversionista y fue de los fundadores de la revista S1ngular. Actualmente tiene su propia empresa de custom publishing y escribe un libro de próxima aparición sobre emprendedurismo e inversiones.