blogeditor · 28 de junio de 2021
Debido a nuestro pasado belicoso y dictatorial, en este país tenemos cierta reserva a que los políticos se queden mucho tiempo en su puesto. De ahí a que por más de un siglo hemos evitado la posibilidad de que los presidentes duren más de un mandato en su cargo. Seis años y a lo que sigue. Todo lo que resuene a permanencia en el puesto nos da urticaria, y con mucha razón. El fantasma de don Porfirio todavía revolotea por los pasillos del poder.
En cuanto al Poder Legislativo hicimos algo muy curioso, por años impedimos que los legisladores pudieran repetir como diputados o como senadores, pero podían brincar a la otra Cámara o podían regresar tras un período de “descanso” que en realidad siempre usaron para agarrar otra chamba, a veces como legisladores locales, presidentes municipales o puestos en el Ejecutivo para luego regresar a la carrera parlamentaria. Así tenemos grandes legisladores que lo han sido por cinco o más períodos (no continuos).
Sin embargo, con la reforma política de 2014 se aprobó la reelección consecutiva de legisladores con la idea de fortalecer el vínculo entre servidores públicos y electores, ya que la ciudadanía, con su voto, premiaría con la reelección (por un buen desempeño) o castigaría con el voto a otro candidato (por un mal desempeño). Eso dice la teoría. De esta forma, se buscaba abonar a la rendición de cuentas y consolidar relaciones de confianza entre representados y representantes. Los expertos del Congreso hablaban de profesionalizar al legislativo y fortalecer la rendición de cuentas.
Así las cosas, los diputados de la LXIV legislatura serían los primeros con la posibilidad de ser reelectos en períodos consecutivos desde 1933, esto –de nuevo, en teoría– incrementaría los incentivos de los diputados a involucrarse más en los asuntos parlamentarios, ya que podrían ser llamados a cuentas en una nueva elección por su electorado, que –en teoría– está muy atento al desempeño y resultados de su legislador.
Dos factores limitaron los beneficios esperados de la reforma:
Veamos los números:
Productividad Legislativa
En la LXIV Legislatura de la Cámara de Diputados, se presentaron 11,117 asuntos de los cuales se aprobaron 1,165 (10.5%), se desecharon 1,443 (13%) y más del 69% (7,685) se quedaron sin dictaminar; además, no hubo atención a ninguna proposición con punto de acuerdo. En otras palabras, 1 de cada 10 asuntos se aprobó, el resto no prosperó. En contraste, en la legislatura anterior, se presentaron menos asuntos (10,229), pero se aprobaron más (1,353); se rechazaron 6,883 y sólo quedaron pendientes de dictaminar, el 7.6% (778); adicionalmente, se atendieron 396 proposiciones con punto de acuerdo3.
Es decir, que la posibilidad de reelegirse no ofreció incentivos a las comisiones para acelerar los trabajos y la mayor parte de las propuestas de diputadas y diputados, se quedaron en buenas intenciones.
La reelección pasa por el dedito del partido
De 500 diputados que integran la LXIV legislatura, 449 firmaron carta de intención para reelegirse, de los cuales fueron rechazados el 54%:
De esa forma, se espera que la LXV Legislatura se integre con menos de 30% de diputados reelectos4.
Como se observa en el gráfico 2, Movimiento Ciudadano frenó más las aspiraciones de los miembros de su grupo parlamentario que pretendían reelegirse (82%); es decir, rechazó a 18; permitió que fueran a competencia electoral 3 y uno se incluyó en los listados de plurinominales. Por el contrario, el PT fue el partido que más permitió a sus legisladores la posibilidad de reelegirse y aprobó el 70% de las solicitudes.
Con relación al éxito electoral de los partidos, es decir, el porcentaje de candidatos a reelegirse que ganaron, respecto de los que compitieron, el Gráfico 3 muestra que el PAN fue el que obtuvo mayor porcentaje de victorias, con 86%; por el contrario, los diputados que compitieron por Movimiento Ciudadano y el PRD, perdieron.5
Las y los reelegidos
Con el objetivo de estudiar algunos factores que podrían incidir en la reelección legislativa, analizamos datos de Buró Parlamentario, para evaluar si el desempeño de diputadas y diputados influyó en postulación para reelegirse, o bien, si fue la disciplina partidaria la que pesó en la posibilidad de continuar en sus cargos. El análisis que se presenta es meramente descriptivo; se presentan únicamente tendencias y no causalidades.
Primero, se estudió el Score de Involucramiento Parlamentario, el cual mide la cantidad, relevancia y avance procesal de los proyectos presentados por un legislador como promovente, así como el porcentaje de asistencia a sesiones de pleno, con votación registrada. Los valores van de 0 a 100, donde 0 es nulo involucramiento y 100 es total compromiso6.
Contrario a la expectativa, el Gráfico 4 muestra que el promedio del Score de Involucramiento Parlamentario es mayor entre aquellos que perdieron, respecto de los que ganaron y de los plurinominales. Es decir, los que se reeligieron no necesariamente fueron los más productivos. Por ejemplo, entre los que ganaron destaca el diputado Roberto Antonio Rubio Montejo, del Partido Verde Ecologista de México, quien representa al distrito 11 de Chiapas: obtuvo un score de -3, presentó una sola iniciativa no aprobada, 8 puntos de acuerdo y estuvo ausente en votaciones importantes7. Asimismo, el diputado Armando Tejeda Cid, del PAN, -con un Score de 8- propuso una iniciativa que no se dictaminó, dos puntos de acuerdo rechazados y estuvo ausente en diversas votaciones (en el segundo periodo del tercer año, registró 33 ausencias)8. Por lo visto hay un mecanismo extraño de premiación legislativa.
En contraste, el diputado Juan Martín Espinoza Cárdenas, de Movimiento Ciudadano, con un score de 99, propuso 124 iniciativas; no obstante, fue derrotado en las urnas9. Al parecer, los ciudadanos no conocieron su gran desempeño parlamentario o fue irrelevante.
Por supuesto, existen excepciones, entre los ganadores destacan el diputado Emmanuel Reyes Carmona de Morena, con un Score de 96 y 88 iniciativas presentadas10; así como la diputada Ana Lilia Herrera Anzaldo del PRI, con un score de 97 y 46 iniciativas presentadas.11
Para medir la posición ideológica de los grupos parlamentarios, se consultó en Buró Parlamentario el Score de Posicionamiento Global (SPG), el cual contrasta las posturas de cada diputado en votaciones nominales de pleno, con respecto de la posición mayoritaria de la coalición en el gobierno (MORENA-PES-PT). Dicho score va de 0 a 100, donde 100 es totalmente gobierno y 0 totalmente oposición12.
El Gráfico 5 muestra el promedio del SPG por grupo parlamentario, en la que se observa que el PAN representa la oposición más radical, aún así, el valor promedio es de 77.5.
Como siguiente paso, se calculó la distancia ideológica de cada legislador, respecto de su grupo parlamentario, para ello se utilizó la siguiente fórmula:
Distancia ideológica= (SPG Partido – SPG legislador) 2
Así, a menor distancia ideológica, mayor disciplina partidista. En el Gráfico 6 se muestra las distancias promedio por fracción parlamentaria, en la que es evidente que los partidos más disciplinados son Morena y el PAN; por el contrario, el PVEM es el más indisciplinado.
Posteriormente, se analizó si la disciplina partidista había influido o no en la decisión de los partidos de postular a los legisladores para su reelección. En el Gráfico 7, se muestra que, en promedio, las diputadas y diputados más disciplinados fueron premiados con la postulación; por el contrario, quienes se alejaron más de la postura mayoritaria de su bancada, con mayor probabilidad fueron frenados en su intención de reelegirse.
Finalmente, en el Gráfico 8 se observa que la disciplina partidista fue premiada no únicamente por los partidos políticos, sino también por los electores. Así, la distancia ideológica promedio de los ganadores fue de 3.16; mientras que la de los perdedores fue de 8.86. Los plurinominales estuvieron en la posición media con 4.27.
En conclusión, la reforma política de 2014, en materia de reelección, fue una oportunidad desaprovechada por los partidos, puesto que frenaron las aspiraciones de más de la mitad de los legisladores que pretendían reelegirse, y favorecieron la postulación de los más disciplinados, aún sobre los más comprometidos y profesionales. Algunos cuadros importantes para los partidos no lograron permanecer en el congreso, como es el famoso caso de Pablo Gómez de Morena, quizá uno de los mejores legisladores del país.
Las diputadas y diputados desaprovecharon la oportunidad de recuperar la confianza de la ciudadanía, puesto que aún sabiendo que podrían someterse a la rendición de cuentas, a través de la reelección, no se mostró un incremento sustancial en la productividad legislativa. Asimismo, el elector promedio no se ocupó de obtener información suficiente para emitir un voto responsable, que permitiera aprovechar el profesionalismo de legisladoras y legisladores o simple y llanamente no les importó. Aunque es importante señalar que el GRAN legislador de esta legislatura fue el Ejecutivo Federal, dejando en segundo plano a los congresistas.
La reelección significaba la posibilidad de fortalecer al poder legislativo como contrapeso del ejecutivo. Se trataba de premiar productividad y cumplimiento, por encima de las lealtades. Los grandes ganadores fueron los partidos políticos, puesto que mantuvieron el monopolio de las nominaciones. Los grandes perdedores fuimos las ciudadanas y ciudadanos que sólo en una minoría de casos tuvimos la posibilidad de evaluar el trabajo de nuestros representantes parlamentarios.
Sin embargo, tomando en cuenta que era el primer ejercicio parlamentario no todo está tan mal, Argentina tiene un promedio de reelección legislativa de 15%. Pero no se asoma a las mejores prácticas del continente como en Estados Unidos, Brasil y Chile donde se reeligen entre el 60 y 80% de los miembros de sus Cámaras 13. Por ello, si queremos sacar el mejor provecho de la posibilidad de que nuestros legisladores se reelijan es importante que revisemos si las reglas de reelección son las mejores para encarar el 2024, donde también los senadores y senadoras podrán optar por mantenerse un período más.
Es cuanto.
* Este texto fue escrito por Eunice Sánchez (@EUNICE_SANCHEZ) y Cristina Rivas (@chrissierivas), y editado por Rodrigo Elizarrarás (@rodaxiando). Análisis de datos: Eunice Sánchez.
1 En la edición 2020 de Ranking Confianza en Instituciones de México, realizado por MITOFSKY se observa que los partidos políticos y los diputados son las instituciones a las que menor confianza tiene la ciudadanía (5.3 y 5.7). Consultado aquí.
2 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, artículo reformado 10 – 02- 2014.
3 Sistema de Información Legislativa (SIL), consultado aquí.
4 Resultados de cómputos finales consultados aquí.
5 En el caso del diputado Manuel de Jesús Baldenebro Arredondo, es parte del grupo parlamentario de PES, pero compitió y ganó bajo el logo de Morena.
6 Para mayor referencia sobre la metodología, consultar aquí.
12 Los valores se expresan como porcentajes, para facilitar la lectura. Para mayor referencia sobre la metodología, consultar aquí.