blogeditor · 28 de enero de 2014
El general de los jesuitas, el padre Adolfo Nicolás Pachón, visitó México en abril de 2010. En esa ocasión se reunió con seis profesores de la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe). Me encontraba entre ellos. La reunión duró hora y media y se trataron seis temas. Ahora ofrezco el quinto de ellos, la reconciliación. En estas mismas páginas, en cuatro artículos anteriores, se han publicado: La religión; Los jóvenes y la creatividad; La relación de las culturas y el hemisferio Sur, y La educación y la democracia. Es la primera vez que se publica este texto.
La reconciliación
En su condición de teólogo es un tema que le interesa al jesuita. Le preocupa que “en el mundo moderno hay una caza del pecador. Todos hemos sido siempre pecadores y el mensaje de todas las religiones ha sido: somos pecadores pero la persona puede convertirse, puede cambiar. Puede rehacer su vida porque Dios es misericordioso y nosotros capaces de perdonar”.
Él piensa que “nos hemos centrado más en el crimen que en la debilidad. El crimen siempre es horrendo, es un mal, hay que rechazarlo y evitar que siga campante”, pero añade que no puede desaparecer el perdón y la reconciliación. Si cualquier persona comete un error se le debe castigar, pero ella debe tener siempre la posibilidad “de rehacer su vida y tener la oportunidad de empezar otra vez”. Que eso desaparezca, afirma, “sería trágico”.
[contextly_sidebar id=”e5f51a81560f642fd6228ae2a6dca7ab”]La gran herencia que han dejado todas las religiones es el mensaje de la misericordia que está presente en el budismo, el islam y el cristianismo. “En todas las religiones, afirma, está presente también la renovación espiritual. Si ésta desaparece del horizonte humano es una vuelta a la barbarie donde el que la hace la paga sin ninguna contemplación”. Debemos, añade, ser fieles a la reconciliación sabiendo que no es fácil. Hay que crear espacios donde el que falló, “un vez que es capaz de aceptar su propia limitación, pecado y crimen incluso”, y después de pagar las consecuencias, tenga la oportunidad de ir hacia adelante y “vivir con esperanza”.
El general de los jesuitas termina la entrevista confesando que “una de las cosas que me han inspirado más en toda mi vida, que hace la diferencia entre Jesús y los fariseos, es que éstos buscaban la salvación excluyendo al pecador, y Jesús busca la salvación incluyéndolo. Esa diferencia en la sociedad es sumamente importante, en el momento en que la única respuesta al error, al crimen, a la debilidad humana es el castigo sin la posibilidad de la redención, entonces, la humanidad va hacia abajo”.