La Rebelión de los Estúpidos

bloggeralfonsotames · 10 de enero de 2011

La Rebelión de los Estúpidos

“Only two things are infinite, the universe and human stupidity, and I’m not sure about the former.”
–Albert Einstein

 

La estupidez es inherente a nosotros tanto como lo es la razón, sin ella no nos reconoceríamos ni podríamos seguirnos llamando humanos. Indudablemente, una sana dosis de estupidez es necesaria para que la vida sea divertida y creativa, sin embargo, cuando la estupidez se dispara puede causarnos problemas. Desde hace tiempo, nuestra cultura ha estado provocando peligrosos desequilibrios en buena parte de nuestra sociedad que hoy más que nunca celebra la cultura de la estupidez y la ignorancia.

Hemos perdido o no hemos todavía adquirido suficiente confianza en la razón, la ciencia y la educación. El agotamiento de la idea del progreso como camino a la felicidad pudo haber tenido esta repercusión.

La última encuesta del CONACYT sobre la percepción de la ciencia y tecnología en México arrojó datos perturbadores. Para empezar, el 57.5% de las personas que contestaron la encuesta consideran que los científicos son peligrosos. 83.6% reconocen que confían demasiado en la fe y 38% afirma que los ovnis con vehículos espaciales de civilizaciones intergalácticas.

Sería interesante saber si la educación en general también sufre de esta pobre percepción. Desde hace tiempo pareciera que hay un ambiente político abiertamente hostil contra las personas que cuentan con cualquier tipo de educación superior. Algunos políticos han llegado a presumir en campaña de no contar con estudios superiores para diferenciarse de una clase gobernante técnicamente capaz pero corrupta. En días recientes, cuando fueron anunciados los ajustes en el gobierno federal, no faltaron los comentarios en twitter criticando los nuevos nombramientos por sus estudios en Harvard o el ITAM.

En el mejor de los casos, la estupidez puede producir momentos y situaciones divertidas como las mostradas en los vídeos de la entrega pasada. Después de todo, ninguno de los políticos que generaron tales joyas de humor involuntario ganó en sus elecciones. En el peor de los casos, cuando el electorado conecta con un candidato así, corremos gran peligro, tal es el caso de la elección pasada en Estados Unidos donde hubieron varias conexiones desafortunadas. Destaca la reelección de John Shimkus, representante por el distrito 19 de Illinois y célebre, entre otras cosas, por afirmar ante un subcomité de energía del congreso que “la tierra dejará de existir sólo cuando Dios declare que su tiempo se acabó. El hombre no puede destruir la tierra. La tierra no será destruida por una inundación.” Una estupidez poco divertida y hasta peligrosa porque el político buscaba la presidencia del poderoso Comité de Energía de la Cámara de Representantes, importante para la toma de decisiones relacionadas con el cambio climático.

Otro caso destacado es el de “Tiririca”, ni más ni menos que el diputado más votado de Brasil en las pasadas elecciones y que tuvo que demostrar que no es analfabeta para evitar la anulación de su elección. “Tiririca” representa al estado de Sao Paulo y obtuvo más de un millón de votos con su eslogan “¿Que qué hace un diputado federal? La verdad, no tengo idea, pero vote por mi y se lo cuento”.

Corremos grave peligro cuando en política se junta el resentimiento con la estupidez. Cuando una parte de la sociedad que siente que ha sido rezagada y olvidada responde con una bomba molotov al sistema. Eso es Sarah Palin, una mujer que combina como pocos cuatro características fundamentales para capitalizar esta época de decadencia: es, por supuesto, una estúpida; es auténtica, atractiva para la prensa y sobre todas las cosas, canaliza como pocos el resentimiento, que junto con la desconfianza al sistema democrático le ha permitido escapar al escrutinio público. Las incontables ocasiones en las que la prensa la ha desnudado y dejado en evidencia han sido despreciadas por su electorado como un complot de la prensa liberal (se valen las analogías mexicanas).

En una de las peores estupideces de Palin, en el punto más álgido de la pasada campaña electoral y cuando varios candidatos demócratas habían sufrido actos de vandalismo en sus oficinas y amenazas de muerte, apareció en el sitio web de su comité de acción política (www.sarahpac.com) un mapa con blancos de tiro sobre 20 distritos demócratas que debían tener especial atención por haber votado a favor de la reforma al sistema de salud.

Haber utilizado miras telescópicas para marcar los objetivos del mapa hubiera pasado como otra más de las estupideces de Palin de no haber sido porque la cuarta en la lista, Gabrielle Giffords, se encuentra grave tras recibir un disparo en la cabeza en un reciente atentado que ha dejado al momento 6 muertos y 14 heridos. La pistola usada, una Glock 9mm, fue comprada en una tienda de armas sin la necesidad de un registro, las balas, en Wal Mart.

Por supuesto, el mapa de Palin se esfumó del sitio inmediatamente después de la masacre, seguramente de haber sido publicado por cualquier otra persona la policía ya hubiera allanado su casa y la hubiera interrogado.

Es así como hoy en día vivimos la rebelión de los estúpidos en medio de una cultura que los celebra y que pareciera apartarse de los valores de la ilustración.

La cultura y la educación son riqueza, una riqueza que hoy no es valorada por todos y que debe salir de sus canales convencionales para llegar a lo más profundo de la sociedad, sobretodo a aquellos que quedaron rezagados.

Volver a hacer de la educación y la cultura el más importante anhelo social será fundamental si no queremos vivir sumergidos en un mundo masivamente conectado pero masivamente estúpido.

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