blogeditor · 8 de abril de 2022
Desde un inicio el presidente y los suyos consideraron que la ley que establecía la revocación de mandato, para sus intereses, debería entenderse como ratificación de mandato.
Siempre se planteó como un pretexto para realizar un ejercicio de propaganda política a la mitad del gobierno del presidente, con el propósito de tres cosas:
El éxito de los propósitos tiene relación directa con el número de los participantes en el evento del 10 de abril. Eso lo sabe el presidente y los suyos. Conocen las encuestas y son conscientes de quienes se presenten a votar lo van a hacer por la ratificación del mandato. Así es desde el origen.
El ejercicio no lo solicitó la ciudadanía inconforme con la gestión del presidente, para que éste dejara su cargo. Lo pidió el mismo presidente como estrategia de propaganda política. Se sabe por diversos sondeos, ellos los encargan, que el número de participantes no se va a dar en los términos que imaginaron.
La violación de la Constitución y la Ley de Revocación de Mandato por parte del presidente y de los suyos, ahora también del Ejército, ha estado presente todos los días a partir de que arrancó el proceso. El domingo 3 de abril, a una semana de la votación, se radicalizó, de manera abierta y cínica, la propaganda con recursos públicos para invitar a los simpatizantes del presidente a que vayan a votar por su permanencia.
El del próximo domingo es un ejercicio vil de propaganda política centrada en afirmar al presidente. Se invita a las personas a que lo vuelvan a votar. Es un evento muy semejante al que en 2008 promovió el presidente boliviano Evo Morales, para ser confirmado en el cargo. El mecanismo de revocación de mandato no se ha diseñado, en los países donde existe, para ratificar al presidente en funciones. Su propósito es otro.
Faltan dos días para saber el resultado de este evento de ratificación del mandato. Su éxito, en razón de sus propósitos, se mide por el número de millones de personas que vayan a votar. El padrón electoral tiene 94 millones. En 2018, el presidente ganó con 30 millones. Son números a tener en cuenta para medir los buenos o malos resultados. Si se presentan menos de 30 millones será un fracaso. Y la dimensión del mismo se relaciona con cuántos abajo de esa cantidad.