La primera vez

Marco Cancino · 19 de enero de 2012

La primera vez

‘- ¿Qué vas a querer?

– Un latte grande deslactosado light con cuatro cargas de café, por favor.

– ¿Algo para acompañar tu café?

– Nada, gracias.

– 52 pesos, por favor.

 

Justo cuando estaba esperando que me entregaran mi café, un grupo de chavos que estaban en la mesa de junto estaban festejando que por fin tenían su credencial de elector con fotografía.

– No mames we, sales re pinche feo en la foto.

– No tanto como tu we.

– Son unos infantiles.

– ¿Por qué we?

– Pues porque es sólo un documento el que les dieron, no es gran cosa.

– ¿Cómo que no es gran cosa we? ¿No te das cuenta Kari, we, que con esto ya podremos entrar a los antros sin broncas we?

– Como si no hubieran estado entrando.

– Pues sí we, pero ya no tendremos que estarle sacando copia a la copia, de la copia de la cartilla de mi hermano el Totto, we.

– Como ustedes digan, sólo creo que son un par de babosos inmaduros.

– ¿Babosos we? ¿Nos dices babosos we? Ya querrás ir con nosotros al antro we y les vamos a decir que no te dejen entrar we, por fresa.

– Pues quien quiera ir con un par de mensos como ustedes.

– Oigan chavos, ¿ya les dieron su nueva credencial de elector con fotografía?

 

Se me quedan viendo con cara como de “a usted quién carajos lo invitó a la conversación”.

Pus sí, ¿y a usted qué?

– Nada, veo solamente que están rete emocionados por su credencialota. Yo recuerdo cuando me dieron la mía por allá del lejano 1991, que también me emocionaba, pero no salía en la foto tan feo como ustedes…. Claro, porque no tenían foto. Pero en verdad me emocionaba con solo pensar que podía votar.

– Ah, órale don, pus chido.

– Pero, ¿no les emociona que van a votar por primera vez en las elecciones presidenciales?

– ¿Qué?

– Pues que ustedes serán de los casi 10 millones de jóvenes en el país que podrían votar por primera vez para decidir quién será el próximo Presidente de la República.

– ¿Y eso qué?

– ¿Cómo que “y eso qué”?  Pues que es probable, de hecho, muy probable que con el voto de los jóvenes que lo harán por primera vez, se decida quién gobernará a este país y al Defe.

– ¿Y eso qué?

– Pues que ustedes tienen mucho poder. ¿No se han dado cuenta?

– ¡Jajajaja! No maaaa… don, nosotros no vamos a votar, ¿verdad Mike?

Neeeel, we.

– ¿Te llamas Miguel?

– ¿Sí y qué con eso don?

– Pues nada, que creo que te deberías de dar cuenta que si usas tu credencial no sólo para ir a los antros, sino también para votar el próximo julio, podrías ayudar a cambiar muchas cosas en el país.

– ¿Qué habrán chelas gratis o qué?

– ¡Jajajaja!

– ¡Un latte grande deslactosado light con cuádruple carga para Marcoooo!

– ¿En verdad señor?

– En verdad. Deberías de convencer a tus dos amigos a que vayan a votar, por el que quieran, pero que vayan a votar en julio. Es muy importante que lo hagan.

– Pues eso he tratado de decirles, que la credencial no sólo es pa echar desmadre, que también es para trámites, y así.

– También para votar, no se te olvide.

– También para votar.

– Me voy, pero piénsenlo bien chavos.

– Sí, si… adiós don, lléguele, saludos a su familia.

 

En verdad, me quedé pensando en esos chavos y todos los demás que van a votar por primera vez en las elecciones presidenciales de julio próximo. Si consideramos que podrían ser casi 10 millones los que podrían hacerlo, pero que al menos vaya la mitad o la tercera parte a votar, serían entre 3 y 5 millones de votos valiosísimos y que podrían influir indudablemente en los resultados de las elecciones. Los políticos lo saben y por eso se vuelcan a tratar de convencer a esta generación de jóvenes primerizos, indecisos y con poco interés en la vida política y que para algunos, por desgracia, votar es cosa de juego.