blogeditor · 11 de marzo de 2013
Por: José Manuel Valiñas
La muerte del líder carismático, el que puede aglutinar a las masas a pesar de los pesados sacrificios que les exige, necesariamente significará cambios para toda la región. Cambios que de hecho ya se venían dando pues, fuera de la retórica, países como Bolivia y el Perú de Ollanta Humala prefirieron desde hace meses enfocarse en sus problemas y efectuar reformas, antes que seguir al pie de la letra la receta proveniente de Caracas. Pero quizá sea Argentina el país que resienta mayormente la ausencia del comandante. Muy difícilmente volverán a existir las condiciones para que una sola persona disponga de los petrodólares para subvencionar a los regímenes afines. Y aunque el mismo comandante siguiera vivo, la ruinosa economía venezolana no da para seguir repartiendo dádivas en el exterior. Vamos, ni siquiera para sostener una revolución bolivariana que hoy en día luce francamente devaluada.
El legado
Hoy Venezuela es el segundo país con mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con números casi iguales a los de Arabia Saudita. Eso no quiere decir que van a acceder a esa riqueza de inmediato, puesto que los nuevos yacimientos son difíciles de explotar, además de que PDVSA ha perdido productividad de manera alarmante. En 2006, por ejemplo, la petrolera tenía 58 mil trabajadores y producía 3.2 millones de barriles al día: un promedio de 61 barriles diarios por cada trabajador. Para el cierre de 2011 las cifras eran de 104 mil trabajadores en actividades petroleras y 121 mil en total, con 2.9 millones de barriles: tan sólo 24 barriles al día por trabajador. Es la vieja conocida enfermedad de las economías petrolizadas (hoy Venezuela sólo exporta un triste 3% de productos no petroleros), máxime si se sustentan en políticas que provocan la expansión descontrolada del gasto público.
Así que, a pesar de estar nadando en petróleo, la situación económica del país se encuentra en punto de rompimiento social. La última devaluación sucedió apenas en febrero: la moneda perdió el 32% de su valor. Un recordatorio, por si faltaran, de que las economías “planificadas” y de controles de precios y cambios suelen producir hiper-inflación y devaluación. El bolívar pasó de 4.3 a 6.3 por dólar, pero en el mercado negro se cotiza en 22. La escasez de harina, arroz, leche, aceite, papel de baño, medicinas y electricidad es pan de todos los días, lo mismo que la inseguridad, que ha convertido en Caracas en una de las ciudades más violentas del mundo. Moisés Naím, el columnista internacional que alguna vez fuera ministro de comercio de Venezuela, ofrece un dato estremecedor: el saldo de la devaluación del bolívar desde que Chávez llegó al poder es de 992%. El subsidio a la gasolina produce un boquete de 7% del PIB, pues el combustible prácticamente se regala. Claro que en cualquier país eso ayudaría a controlar la inflación, pero en Venezuela es justo lo contrario, pues el aumento de precios se calcula en 25% a 28% (dado que nadie puede confiar en las cifras oficiales).
Ya para este año Venezuela tiene un déficit público de 18% de su PIB, y el poder adquisitivo se ha reducido de 26 a 30%. La situación tiende a empeorar si no se realizan reformas, y la población de escasos recursos ya no va a tener a un líder “protector” y carismático para contrarrestar, al menos en lo emocional, el terrible golpe a la economía.
Cierto que en los regímenes latinoamericanos con fuertes programas asistencialistas mucha gente que no tenía movilidad social comienza a experimentar una mejor calidad de vida (ello explica por ejemplo por qué Rafael Correa acaba de ganar las elecciones en Ecuador con amplísimo margen). Todo esto, obviamente, no puede sino ser positivo: el problema es el camino para llegar a esa meta, pues, una vez más, las economías planificadas desde el Estado históricamente han producido muchos más problemas a la larga, que los que resuelven en el corto plazo.
“Por culpa del neoliberalismo”
Durante muchos años los apoyos de Chávez a otros países conformaron una nueva fortaleza en la región. Tanto que Argentina, el país que ostenta el nada agradable récord del mayor default de la historia ($82 mil millones de dólares en 2001) llegó a liquidar el total de su deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En diferentes exhibiciones Caracas apoyó a Buenos Aires, como en 2005, con $500 millones de dólares. “Es un pequeño sacrificio –dijo Chávez esa vez–, pero lo hacemos porque sabemos el peso que tiene la deuda en Argentina, y además es por culpa del neoliberalismo”. En total, el líder bolivariano apoyó a Argentina con $3,000 millones de dólares, pero la lista de países que recibieron recursos llega a 26, según la denuncia que hizo Henrique Capriles, el candidato opositor en las pasadas elecciones. Para 2007 Hugo Chávez se declaraba “muy contento” porque Argentina ya no le debía nada al FMI, “entre otras cosas gracias al apoyo de Venezuela”. Los gastos se adjudicaban bajo el rubro de “Inversión del Alba”, aunque algunos de ellos parecen más bien bromas u ocurrencias: la reparación de un estadio de futbol en Bolivia o el patrocinio a una escuela de samba en Río.
Para los cubanos, la ausencia de Hugo Chávez también será desastrosa. El previsible cese de sus apoyos puede causar estragos en su economía. Hace unos meses la organización con sede en Londres The Economist Intelligence Unit advertía que si Venezuela dejara de mandar petróleo barato a Cuba, la isla podría presentar números rojos en su balanza comercial “y conducir a la imposición de restricciones en el consumo de energía”.Recordemos que dos terceras partes de lo que consume en petróleo venían de la mano dadivosa del autoproclamado hijo político de Fidel Castro. 96 mil barriles arriban a la isla a precios más que preferenciales y a cambio los cubanos envían a Venezuela maestros y doctores “extremadamente sobrevalorados” (por otro lado, algunos analistas concluyen que lo mejor que le puede pasar a la isla es dejar de recibir esos subsidios externos, pues de esa manera Raúl Castro sí podrá llevar a cabo las reformas económicas de mercado que quiere imponer desde 2007). Pero si en La Habana la situación enciende focos rojos (contando que el régimen isleño es resiliente como pocos), en Buenos Aires también puede traer severas consecuencias.
La presidente
De hecho, Argentina ya está metida en graves problemas. El FMI, la institución que tanto odiaba Néstor Kirchner (pero a la que tuvo que acudir), ha sancionado al país sudamericano por trucar sus estadísticas de PIB e inflación. El engaño ha sido denunciado por los propios funcionarios que eran impelidos a falsear los números, y es ampliamente conocido desde hace años. Pero ahora el timo no se puede tapar, pues la presidente les ofrece aumentos de nada menos de 20% a los sueldos de los trabajadores sindicalizados y aún así éstos los rechazan. Eso significa que las alzas de precios están en esos rangos, o mayores. Además, en febrero Cristina Fernández de Kirchner obligó a las tiendas menudistas a no subir sus precios en dos meses.
Sí, Cristina recibió la adoración de su pueblo, que ya la tachaba de la nueva Evita cuando expropió la parte española de YPF. Pero ya la gente resiente en su bolsillo los efectos de su política de controles verticales de la economía, y cientos de miles han salido a las calles de Buenos Aires a sonar sus cacerolas contra la presidente. Por si fuera poco, Cristina hoy tiene que viajar al extranjero rentando jets, pues el avión presidencial le puede ser embargado si se atreve a sacarlo de territorio nacional. La razón es que el grave problema de impago de 2001 no se ha resuelto. Argentina logró renegociaciones de esos bonos con casi todos sus acreedores, pero faltó un 7% que quedó en litigio y que ahora exige la totalidad del valor nominal de los mismos. El giro vino cuando un juez estadounidense dictaminó que Buenos Aires no debía seguir pagando a los tenedores del papel renegociado hasta que no termine de liquidar a ese 7%. La resolución vendrá en mayo o abril, justo cuando las tiendas argentinas vuelvan a tener luz verde para subir sus precios (y se espera que lo hagan con un fuerte efecto “rebote”). Así que se podría sumar el ahora débil o nulo apoyo de parte de Caracas en cuestiones financieras, a una decisión judicial adversa y requerimientos de deuda que, según algunos analistas, podrían llevar incluso al país a una suspensión de pagos. Hoy como nunca es cuando más necesitaría Argentina de un apoyo incondicional como el que ha tenido en el pasado para pagar sus deudas.
Argentina estaba creciendo a ritmos de 7% y 8% hasta hace muy poco, pero para este año apenas espera un aumento de su PIB de 2%, muy lejos de lo que necesita su gente para paliar la hiperinflación que puede llegar hasta el 30%.
Hoy que se ha ido el mayor líder del bloque de izquierda en la región, no es factible que llegue otro a ocupar su lugar, pues nadie tiene ese poder de confrontarse con todo y todos, en ver a enemigos reales e imaginarios en cualquier parte y enumerarlos en discursos que duran hasta nueve horas (además de ser amigo incondicional de todos los parias internacionales, como el asesino de masas Bashar el-Assad). Definitivamente no habrá otro de la talla de Chávez: los imitadores de menor estatura se encuentran liados con sus propios conflictos, que son cada vez más marcados. Tal vez es tiempo de que a la región lleguen buenos administradores en lugar de apóstoles. Cuánto le haría falta a más de un país un líder de bajo perfil, pero que sea un excelente economista, en lugar de un enésimo redentor.
* José Manuel Valiñas es articulista de política internacional. Dirigió el reposicionamiento de la revista Inversionista y fue de los fundadores de la revista S1ngular. Actualmente tiene su propia empresa de custom publishing y escribe un libro de próxima aparición sobre emprendedurismo e inversiones.