La posibilidad de un México mejor

blogeditor · 11 de julio de 2012

La posibilidad de un México mejor


Por: Moís Cherem Arana* (@moischerem)

 

A diferencia de la resignación que sienten algunos, creo que la victoria de Enrique Peña Nieto es muy buena noticia para el país. Económica y socialmente, México está a punto de dar un gran salto. Si nos concentramos en combatir nuestras debilidades—la pobreza, la deficiente educación y la inseguridad—en cinco años podemos encontrarnos con un país que nos haga sentirnos orgullosos. Para esto tenemos que recordar que, a pesar de nuestra obsesión con la figura presidencial y de todas las promesas de campaña, requerimos del esfuerzo concertado de cada mexicano.

La mayor crítica que se hace al candidato es por su filiación partidista. Efectivamente, hay personajes del PRI que ya no deben tener lugar en la vida política. Pero el primer interesado en tenerlos bajo control es el propio Peña. A él le tocó lidiar con un estado endeudado por sus predecesores, cuyos bonos logró llevar de calificación chatarra a grado de inversión. En su libro, reconoce con todas las letras los errores más significativos del PRI: la corrupción, la matanza del 68, y las prácticas antidemocráticas. Los miedos de la regresión democrática carecen de fundamento, en México los distintos partidos ganan y pierden elecciones de acuerdo al desempeño que percibe la ciudadanía. Esto se constató el domingo 1 de julio con elecciones democráticas y pacíficas.

Hace algunos años, una maestra que trabajaba con el ex candidato presidencial Al Gore me decía que la política es como las familias: los mayores afectos y rencores se dan con la gente cercana. Un político puede tener diferencias con personas de otro partido, pero al menos puede hacerlas públicas y esgrimirlas contra su adversario. En los partidos hay que colaborar con mucha gente que tiene una voz, pero que en ocasiones es errónea. Necesitamos que esas voces vean por el bienestar del país sobre todas las cosas, o que se queden calladas. En el Estado de México, Peña instauró una disciplina política que, de replicarla a nivel nacional, le permitirá gobernar efectivamente.

Otra crítica común es que Peña Nieto no tiene ideología. Propone una fórmula sencilla, pero su pragmatismo no le resta valor: que el Estado cumpla con los derechos que otorga la constitución. A través de los derechos sociales, los mexicanos ya decidimos democráticamente qué queremos: educación, salud, una sociedad más equitativa. No se trata de una lucha entre los de abajo y los de arriba. Lo fundamental es cómo convertir estas directrices en realidad. Peña tiene fortalezas para alcanzar estos objetivos. Cuenta con habilidades políticas probadas, un equipo capaz, y un programa definido de gobierno sobre el cual lo deberemos evaluar.

Donde muchos ven rigidez, yo he visto a un político respetuoso: de las formas, de la legalidad y de sus oponentes. En la campaña nunca minimizó a sus adversarios. La relación que llevó con el congreso del Estado de México (en el cual no tenía mayoría) fue de colaboración y de acuerdos. Verá a su oposición como lo que es, sin la obsesión histórica que el PAN tiene con el PRI o el discurso divisivo del PRD. Es mucho más fácil negociar con la oposición cuando no se le detesta.

Peña ha sabido rodearse de personas que pueden ejecutar su visión de gobierno. Junto a un buen político necesitamos tecnócratas, aunque el término para muchos sea despectivo. Gracias a los tecnócratas hacendarios, Calderón le heredará a Peña finanzas públicas que muchos países desarrollados envidiarían.  El término “tecné” quiere decir saber hacer. El tecnócrata es el que sabe hacer gobierno. Necesitamos un buen gobierno que dé un mejor trato a todos, y para eso hay que saber escoger los caminos más efectivos. Caminos que respeten los derechos y nuestra experiencia de país.

En tres años  habrán elecciones legislativas nuevamente. Los compromisos nos permitirán evaluar el grado de avance de la administración con una medida objetiva. No veo cómo podríamos haber hacer ese ejercicio crítico con los otros candidatos, sólo existirían imprecisas percepciones. Estoy convencido que, si logra generar consenso alrededor de su proyecto y relegar a ciertos intereses retrogradas de su partido, el gobierno de Peña triunfará. Será importante que se recuerde a sí mismo todos los días lo que afirmará en su acto de protesta: que si falla, la nación se lo demandará. La sociedad estará vigilando que cumpla con sus compromisos.

 

 

* Moís Cherem Arana es emprendedor social, abogado del ITAM y Maestro en Políticas Públicas de Harvard.