La política Toluca y las relaciones exteriores

blogeditor · 24 de septiembre de 2016

La política Toluca y las relaciones exteriores

Por: Roberto Rueda Monreal

Tristemente, ahora en nuestras relaciones con el orbe, todo indica que seguimos viviendo en una república bananera.

A pesar de todas las notas que se han redactado hasta el momento, nadie ha podido describir con fría precisión cómo se maquinó y organizó la visita a nuestro país de Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, quien, desde hace poco más de un año ha arreciado, implacable, sus críticas contra México y los mexicanos en aras de endurecer su discurso antiinmigrante, cosa que, hasta ahora, sólo le ha traído beneficios.

Lo único cierto, por evidente, fue que llegó hasta el recinto del máximo poder central de la República Mexicana y que el trato dado, tanto por el federal lugar, la parafernalia colocada, así como por los símbolos y escenarios utilizados, fue a todas luces presidencial, de Estado.

Herramientas todas que el rústico empresario republicano supo capitalizar en la conferencia conjunta en donde, sencillamente, con mucha claridad y contundencia, describió uno por uno, enumerándolos, los puntos que le interesaban:

  1. Poner alto a la inmigración ilegal.
  2. Exigir más seguridad fronteriza.
  3. Desmantelar cárteles que trafican con droga, armas y efectivo.
  4. Revisar el TLC, pues sólo está beneficiando a México, por lo que deber ser replanteado (como ya es habitual, China no dejó de recibir su mención en este punto).
  5. Cuidar la manufactura estadounidense, es decir, impedir que los empleos migren de Estados Unidos hacia nuestro país.

Independientemente de las preguntas que vinieron después por parte de la prensa (concentradas en el famoso muro), el daño estaba hecho, pues el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, quien había hablado primero, sólo leyó un documento en donde, básicamente, como tema único, e incluso como reiterada respuesta posterior ante el cuestionamiento de quién pagaría la barda fronteriza, dijo que ambos países se necesitaban y que la relación tenía que darse en la base de un respeto mutuo entre naciones, cualquier cosa que eso signifique.

Así las cosas, pues, el presidente mexicano se había expuesto, y había sido expuesto, en calidad de verdadero patiño en términos de relaciones bilaterales, con las nefastas consecuencias de cara a un México ofendido por una larga cadena de corruptelas, errores y agravios gubernamentales que, precisamente por ello, y dado que “el enemigo que abiertamente lo odia” estaba en suelo azteca (enemigo que, por cierto, luego de esta “exitosa visita”, se catapultó hacia arriba en la lucha por la presidencia de Estados Unidos, obteniendo un empate técnico ante la demócrata Hillary Clinton), esperaba una determinante y airada reacción en su nombre ante el individuo que, hasta ahora, no ha dejado de insultarlo.

Si hubiese actuado justamente en sentido contrario a la forma en que lo hizo, aprovechando la especial coyuntura y dada esa relación difícil, acomplejada y visceral que históricamente México ha tenido con Estados Unidos, el vapuleado y casi nada popular presidente Peña Nieto hubiese obtenido una enorme bocanada de aire fresco.

Al beneficiarse de los resultados positivos de dicho actuar, habría podido ampliar sin problemas su margen de acción de aquí a lo que le restaba en su tiempo presidencial de gobierno, a saber: habría podido renovar su gabinete entero. Habría podido replantear las políticas y las estrategias urgentes. Habría podido defender con suficiente calidad moral las iniciativas obligadas para la verdadera modernidad del país. Habría podido escuchar una vez más al pueblo luego de su firme, decidida y aplastante postura de defensa ante un básico, vetusto y racista Trump. Habría reflexionado de forma más que suficiente que gobernar un país no se trata de vender historias positivas por televisión, ni de copiar lo realizado en Toluca, Estado de México, y mucho menos de rodearse sólo de incondicionales y de “amigos”.

Todo lo anterior habría sucedido si alguien realmente profesional en el terreno de las relaciones exteriores hubiese tenido entre sus manos la estrategia de la invitación de principio a fin, una cuyo punto medular, por poner un pequeño gran ejemplo, habría sido de inmediato mantener informada a la casi recién nombrada embajadora estadounidense en México, Roberta Jacobson, quien, trascendió, habría quedado muy mal parada por el hecho ante el presidente Barack Obama, quien luchó bastante ante su Congreso para poder buscar su ratificación (luego de muchos y tortuosos meses) en el controvertido puesto diplomático.

Así las cosas, ¿dónde estaba la secretaria de Relaciones Exteriores de México, Claudia Ruiz Massieu, por cierto, proveniente de la Secretaría de Turismo (cargo para el que tampoco contaba con especialidad ni experiencia probadas)?

¡En la inauguración del consulado 50, ubicado en Milwaukee, Wisconsin, Estados Unidos!

Nunca estuvo enterada de la polémica visita, por lo que trascendió que a su regreso habría puesto su renuncia sobre la mesa, aunque después ella misma desmentiría tal acción ante la presión de la prensa, dejando entender que sí supo de la visita, pero que había estado en desacuerdo con esta, por lo que inevitablemente se tuvo que proceder a dar a conocer el nombre del operador político de la misma: Luis Videgaray, el incondicional secretario de Hacienda y Crédito Público y el primer consejero en temas internacionales (ahora se sabía) del señor presidente.

No obstante, a pesar de las forzadas declaraciones de la secretaria, de haber sido verdad que estaba enterada de la visita del millonario Trump, entonces la Cancillería tendría que haber girado instrucciones de inmediato, con carácter de obligatorio y de urgente, mínimo, a los funcionarios responsables de la Subsecretaría para América del Norte, cosa que, simplemente, por boca de ellos, nunca ocurrió.

Todo lo anterior nos obliga a preguntarnos. ¿Es la cartera de Relaciones Exteriores una que salvaguarda una función vital para el país o, dados los últimos acontecimientos, tendremos que comenzar a concebirla sólo como un accesorio más, con el que se puede jugar o experimentar, dentro de la burocracia gubernamental?

¿Sería oportuna la renuncia de nuestra secretaria de Relaciones Exteriores ante este desafortunado y bochornoso episodio, dada la delicada pero estratégica relación que mantiene México con la aún primera potencia del mundo, Estados Unidos?

Dejo estas preguntas para la reflexión.

A manera de contraste, salgamos de México y veamos cómo y por qué han sido las renuncias a esta cartera estratégica en otras partes del mundo.

1. Antonio Patriota, ministro de Relaciones Exteriores de Brasil

Renunció a su cargo en agosto de 2013, después de haber participado en negociaciones secretas que ayudaron a un senador opositor del congreso boliviano, Roger Pinto, a escapar de su país luego de haber permanecido en la embajada brasileña de La Paz como refugiado político durante quince meses.

La entonces presidente brasileña, Dilma Rousseff aceptó su renuncia, para asignarlo casi de inmediato a la misión brasileña de la ONU en Nueva York.

2. Arturo Corrales, secretario de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional de Honduras

Renunció a su puesto luego de haberse descubierto que altos mandos policiacos habrían mandado a ejecutar al zar antidrogas de aquella nación, Arístides González, en 2009.

Y no sólo por eso. Los mismos mandos, de acuerdo con la prensa nacional, habrían asesinado también al fiscal Orlando Chávez, en abril de 2013, y al ex asesor de seguridad Alfredo Landaverde, en diciembre de 2014.

El líder de los aludidos altos mandos era en esos tiempos el ministro de Seguridad, nada más y nada menos que el mismo Arturo Corrales.

3. Mohamed Kamel Amr, ministro de Relaciones Exteriores de Egipto

Renunció a su cargo en julio de 2013, luego de una cascada de renuncias al interior del gobierno ante la crisis estructural que se vive en el país y ante las protestas callejeras que exigen la caída del presidente Mohamed Mursi, musulmán que llegó al poder de manera democrática, quien, ante su propia impericia, su relación con los Hermanos Musulmanes y la enorme presión del ejército (con líderes con agenda política propia), se encontraba irremediablemente en la antesala de su propia caída.

4. Qian Qichen, ministro de Relaciones Exteriores de China

En marzo de 1998 renunció a su cargo luego de haber permanecido en él poco más de diez años. Artífice importantísimo en el restablecimiento de relaciones con países clave, sobre todo occidentales, luego de la horrible y espantosa matanza en la Plaza Tiananmen, Qichen fue también el gran estadista que hizo de todo cuanto estuvo a su alcance para propiciar y suavizar el retorno de Hong Kong a la administración china.

La retos que se avecinaban en la importante cartera para su país le hicieron tomar la decisión, pues Qichen ya se consideraba a sus 69 años demasiado viejo para enfrentar lo que vendría.

5. Avigdor Lieberman, ministro de Relaciones Exteriores de Israel

Desde principios de 2015, el gobierno de Benjamin Netanyahu en Israel mostró una fragilidad preocupante, pues no tenía grandes apoyos parlamentarios (muy importantes para el equilibrio y la fortaleza israelíes), y, antes bien, se estaba ganando demasiados enemigos y opositores.

Tal vez por lo mismo, ante el enorme reto político de formar coaliciones, Netanyahu optó por rodearse de personajes de las alas y corrientes más duras y conservadoras en muchos ámbitos, incluyendo la polémica cartera de Defensa entre otras.

Por eso, el ministro Lieberman renunció a su cargo luego de evaluar lo difícil que sería encarar los desafíos ante el mundo con las nuevas alianzas políticas que estaba entablando el gobierno, aunque muchos más bien interpretaron la dimisión como clara estrategia política, pues el mismo Lieberman es tachado de ser ultraderechista y nacionalista. Al parecer, para el partido Israel Beiteinu (el de Lieberman) no fueron suficientes las carteras de Exteriores ni la de Absorción e Inmigración que el gobierno les había ofrecido.

6. Jorge Taiana, ministro de Relaciones Exteriores de Argentina

Renunció en junio de 2010, causando un verdadero sismo entre la clase política patagónica pues Taiana no sólo era considerado un elemento estratégico sino, sobre todo, muy querido y apreciado por el régimen kirchnerista.

Con un pasado comprometido, al haber sido preso político durante la oscura época de la dictadura militar, el canciller había tenido un desempeño impecable en la cartera que le fue asignada. Para no ir muy lejos, fue el principal estratega que en 2005, en la Cumbre presidencial llevada a cabo en Mar de Plata, dio como respuesta un contundente NO al presidente de Estados Unidos, George Bush, y a sus intenciones de establecer el Área para el Libre Comercio de las Américas (ALCA). Esto no fue fácil, dadas las negociaciones con países del continente y acuerdos extra que tuvo que establecer previamente con los miembros del Mercado Común del Sur.

Así las cosas, la dimisión se debió a diferencias radicales con presidencia en cuanto a su descarada intervención en asuntos de la cartera y, en consecuencia, a una evidente “falta de apoyo” institucional en ese sentido a las acciones del ministro.

Recordemos que la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, antes de asumir el alto cargo se había convertido en algo así como la primera embajadora no oficial del país ante el mundo, quien, debido a su imagen y soltura, se había ganado la simpatía de varios personajes de diversas partes del orbe, confundiendo así tal vez gracia y originalidad de primera dama con política internacional de Estado, carismática y personalísima formas que llevó más allá de sus límites, por lo menos en cuanto a las funciones del ministro Taiana, al parecer.

7. Seiji Maehara, ministro de Relaciones Exteriores de Japón

Dimitió en marzo de 2011, debido a un escándalo por donaciones fraudulentas. Y es que se descubrió que Maehara recibió dinero por parte de personajes extranjeros que habría sido utilizado con fines políticos, cosa muy grave para un país como Japón que, en principio, “prohíbe” y condena de manera muy estricta tal acción.

A pesar de lo anterior, que ya es escandaloso en sí mismo, lo que más ha llamado la atención en el país nipón es que Relaciones Exteriores, al parecer, se ha convertido en el ala institucional más volátil e inestable del los últimos tiempos (creo que es natural, pues cambian de primeros ministros como calcetines), dando al traste con la otrora imagen de un Japón ordenado, limpio, honorable y, sobre todo, estable e incorruptible.

Y es que Maehara no es más que la punta de un iceberg en donde los políticos nipones que llegan a esta importante cartera se ven constantemente involucrados en temas de corrupción, prebendas y promesas de negocios turbios a cambio de dinero foráneo, por no mencionar, claro, su incapacidad para encarar los retos de las relaciones internacionales con países clave como China, en una estrategia subterránea (especula la prensa local) para mitigar de dicha y reprobable forma la elevada deuda pública que no ha dejado de crecer y que ningún gobierno parece poder estabilizar por las vías de la honorable tradición y de la legalidad niponas.

8. Maxime Bernier, ministro de Relaciones Exteriores de Canadá

Ya había estado sujeto a fuertes presiones para que abandonara el cargo, no obstante, fue hasta que se comprobó que habría olvidado en un lugar bastante inseguro documentos clasificados, que el ministro Bernier tuvo que dimitir finalmente en mayo de 2008.

Y es que las presiones ya habían sido considerables desde que Bernier había mostrado cierta incapacidad para separar su vida privada de su vida profesional. Esto a razón de que a su ex novia le comprobaron nexos directos con el crimen organizado. Razón por la cual fue cada vez más dudoso su desempeño en el cargo, sobre todo por la impericia con la que casi en todo momento manejó la información delicada de la importantísima cartera a su mando.

9. Michelle Alliot Marie, ministra de Relaciones Exteriores de Francia

Renunció a su puesto en febrero de 2011 luego de una serie de graves tropiezos en el desempeño del mismo. Un par de ellos fueron decisivos para su salida. El primero, la mala negociación en el polémico caso de Florence Cassez con México, al intentar influir en los mecanismos del sistema de justicia mexicano siempre a la distancia y posteriormente atizando el fuego con un incendiario discurso pronunciado airosamente en el Senado galo, provocando que el embajador mexicano, Carlos de Icaza, abandonara el recinto parlamentario, en unos momentos de álgida crisis diplomática en donde ella misma habría propiciado la cancelación del Año de México en Francia.

El segundo, el más demoledor, una serie de revelaciones en donde fueron expuestas sus peculiares relaciones con personajes poderosos y del mundo del dinero de Túnez. En medio del levantamiento popular y del derrocamiento del presidente de esa nación africana, Zinedine Ben Alí, Alliot Marie se habría beneficiado de ciertos jugosos acuerdos con empresarios locales vía sus progenitores, quienes, por esos mismos agitados días, se apersonaron en Túnez para cerrar grandes negocios. Y es que, por si esto fuese poco, a la diplomática se la vio, en pleno levantamiento local hostil, gozando de unas vacaciones navideñas, pagadas por particulares tunecinos. Un verdadero escándalo que le costó una cascada de fuertes críticas por parte de la prensa especializada.

La ex ministra nunca aceptó culpabilidad ninguna y, antes bien, en todo momento, apostó por su ratificación al ser una pieza muy leal al presidente de la República, Nicolas Sarkozy. Sobra decir que ser parte del “selecto grupo presidencial” fue el sello de la casa durante esa administración francesa. No obstante, ni eso la salvó de ser retirada del puesto.

10. Micheál Martin, ministro de Relaciones Exteriores de Irlanda

Su renuncia, a principios de 2011, fue una muy peculiar en la historia moderna de Occidente al convertirse en el detonador de una serie de renuncias en cascada casi inmediata. Así las cosas, los representantes de las carteras de Justicia, Salud, Transporte y, por si fuese poco, Defensa, renunciaron a sus puestos en solidaridad con Martin, quien no hacía mucho había encabezado una rebelión interna, que resultó poco afortunada, contra el Primer Ministro, Brian Cowen, quien, a ojos de muchos miembros del gobierno, no estaba resultando un buen líder ni tampoco el mejor de los referentes ante la fuerte crisis generalizada que experimentaba el país.

No obstante lo anterior, ante el clima adverso, Cowen resultó mucho más inteligente y astuto, políticamente hablando, y logró equilibrar los intereses mínimos en juego al interior de su partido, el Fianna Fáil, obteniendo en uno de sus cónclaves una moción decisiva de confianza y de respaldo absolutos hasta las nuevas elecciones, por lo que no sólo se mantuvo como líder de aquella nación sino que supo renovar los bonos de poder que le restaban.

Martin le había declarado abiertamente la guerra a Cowen al divulgar cosas falsas sobre su gestión, pero, sobre todo, al afirmar fuerte y quedito que el Primer Ministro sencillamente no podía controlar la crisis derivada de la deuda irlandesa, por lo que se lo pasaba insinuando que éste debía renunciar. Sucedió lo contrario.

11. María Consuelo Araujo, ministra de Relaciones Exteriores de Colombia

Renunció a su cargo a principios de 2007, cual víctima colateral de un proceso judicial abierto contra algunos de sus familiares (su padre, su hermano y un primo) por ser sospechosos de mantener relaciones directas con paramilitares.

En una trama en donde se buscaba en realidad la cabeza del presidente Álvaro Uribe, Araujo prefirió renunciar para poder estar en esa lucha al lado de sus familiares y, así, no servir como un pretexto más para arreciar las fuertes críticas hacia Uribe, quien fue conocido por atacar sin tregua (utilizando medios y métodos en ocasiones en absoluto legales) a organizaciones guerrilleras de corte comunista, y también por tolerar, hasta grados criminales ilegales, las acciones violentas y asesinas de los paramilitares de corte utlraderechista.

12. Ana María Sánchez, ministra de Relaciones Exteriores de Perú

En 2012, el congresista de Perú y miembro de la APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), Mauricio Mulder, exigió la renuncia de la ministra Sánchez, luego de que esta diera una conferencia de prensa en donde dijo que había sido un “error” haber afirmado que la primera dama, Nadine Heredia, había “viajado en su representación” a Brasil, una afirmación que habría sostenido previamente el propio presidente de la República, Ollanta Humala, luego del escándalo suscitado a la hora de justificar no sólo éste sino otro viaje realizado a Cuba.

La conferencia resultó aún peor, pues en palabras de Mulder, entonces el escándalo tenía que ser mayúsculo, pues Sánchez, con sus palabras, lo único que estaba confirmando era que Perú tenía a un jefe del Ejecutivo que miente acerca de las funciones y los viajes que tendrían que ser atribuidos únicamente a quien encabeza Relaciones Exteriores.

“En este gobierno ha habido usurpación de funciones en este ejemplo y en otros (…) si el presidente sale y dice me invitaron a mí, pero yo delegué, (y luego resulta que) es mentira y lo confirma la canciller, (pues) estamos en una república bananera”.

 

* Roberto Rueda Monreal es politólogo, traductor literario, articulista y escritor.