La policía, al basurero de la historia por culpa del poder político

blogeditor · 17 de noviembre de 2021

La policía, al basurero de la historia por culpa del poder político

La policía no nos cuida porque nosotros no la cuidamos a ella. Parece una frase hueca. No lo es. Todo lo contrario, enseña de manera sencilla y clara la receta perdedora de la policía y de su relación con la sociedad. Jamás, en ningún lugar la policía protege adecuadamente los derechos de la gente si ella no tiene sus derechos básicos garantizados.

¿A quién demonios se le ocurrió que la policía en México -como en tantos otros lugares- debía funcionar en condiciones de precariedad? ¿Quién diseño la fórmula? ¿Cómo cuajó la idea de que una institución uniformada y armada debía salir a la calle sin tener lo mínimo necesario para trabajar de manera profesional y en beneficio de la gente?

El veneno tiene nombre: lealtad política a cambio de impunidad. Lo expliqué en este ensayo desde el 2000. La policía nació desde un pacto político que, por un lado, le asignó un rol de lealtad política y, por el otro, le autorizó delinquir. No nació la policía para proteger a la gente, nació para proteger al poder político y a los intereses criminales vinculados al mismo (la película Pandillas de Nueva York -entre muchas otras- lo enseña especialmente bien, no se la pierdan).

El veneno original funcionó para mantener a la policía sometida al poder político y a la vez hundida en la precariedad, justamente para evitar que se profesionalizara. Pocos recursos para la policía fue la decisión que la obligó desde siempre a reducirla a condición de sobrevivencia, y a la vez usarla como herramienta de mediación con la delincuencia.

Puedes delinquir, siempre y cuando mantengas el orden suficiente para que las élites se reproduzcan. La policía fue entonces más un brazo de control político que un servicio de protección ciudadana, condenándola al conflicto interminable con las comunidades o, en el mejor de los casos, a funciones efímeras de protección.

Tuve el privilegio de participar como asesor en Una película de policías y también acompañé a Luis Gerardo Méndez en la preparación de su personaje como policía municipal en la tercera temporada de la serie Narcos México. En ambos casos, mi relato principal fue aclarar que la policía es lo que es gracias a un diseño político e histórico. Diseño que sumerge a las personas policías, la mayoría de las veces, en una experiencia terrible de precariedad, humillación, contradicciones, tensiones, conflicto, desesperación, frustración y, muy de vez en cuando, de satisfacción.

En el documental y en la serie queda retratado este diseño perdedor para la mayoría de la policía y la gente y ganador para unas cuantas personas dueñas de los poderes formales y de facto, adentro y afuera de las instituciones policiales. Si entendemos este veneno de diseño entonces apreciamos que solo el rediseño de la fórmula puede cambiar las cosas.

La mierda esparcida en el baño al que va la mujer policía protagonista de Una película de policías, representa bien toda esta historia. El poder político colocó a la policía en el basurero de la historia y la sociedad así aprendió a convivir con ella, asentándose una fractura de tal tamaño que cuesta siquiera imaginar la reconciliación policía/sociedad.

La fórmula tendría que ser completamente otra si queremos sacar a la policía de la humillación política y social. Una policía con derechos sería el nuevo ADN para en verdad construir una institución profesional que sirva y proteja más a la gente y menos a los poderes que hoy la avasallan.

@ErnestoLPV