La polarización ideológica, el pretexto de Trump para regresar en 2024

blogeditor · 10 de mayo de 2021

La polarización ideológica, el pretexto de Trump para regresar en 2024

Donald Trump continúa siendo el favorito para ganar la candidatura del Partido Republicano de cara a las elecciones presidenciales en 2024. Una encuesta reciente de Harvard CAPS-Harris Poll1 lo coloca en primer lugar con 52 % de las preferencias contra 18 % de Michael Pence. Trump tiene posibilidades reales de convertirse tan sólo en el segundo expresidente en la historia de Estados Unidos en regresar al poder. La polarización ideológica provocada por lo que John McWorther llama la “nueva religión del antirracismo”2 ha consumido al ala progresista del partido demócrata e incrementa la probabilidad de dicho escenario. Se refleja en las políticas públicas impulsadas por la administración de Joe Biden y –de manera más extrema– en gobiernos locales dominados por demócratas. Este fenómeno amenaza con enajenar a demócratas moderados e independientes y darle a Trump las municiones que necesita para ganar contundentemente el apoyo de los republicanos.

Abajo describo tres aplicaciones recientes de la ideología del antirracismo que ha permeado en distintos ámbitos de la sociedad norteamericana y, con el apoyo de la nueva administración, se prevé que continúe avanzando.

Discriminación en los servicios médicos. Regresar a la discriminación racial para acceder a servicios médicos de emergencia en Estados Unidos.3 Eso es lo que proponen Michelle Morse y Bram Wispelwey, dos médicos de la Universidad de Harvard. En un artículo publicado en Boston Review, argumentan que injusticias históricas han provocado carencias para las minorías con respecto al estadounidense promedio. Lo anterior incluye el acceso a servicios de salud. Por lo tanto, proponen que las clínicas y hospitales abandonen la política actual de no discriminar por motivos de raza al momento de prestar atención médica –conocido como “colorblindness”– por una que favorezca a las minorías y específicamente a los afroamericanos y latinos. Proponen darles un trato preferencial en la admisión a los hospitales, discriminando no sólo a blancos sino a asiáticos y a otras minorías.

‘Racismo’ en las matemáticas. El Departamento de Educación de Oregon publicó un boletín informativo recomendando a los maestros a adoptar una guía para combatir el racismo en las matemáticas. Esta guía propone, entre otras cosas, combatir la ‘supremacía blanca’ que privilegia obtener las respuestas correctas.4 Sus autores están preocupados de lo que entienden como un racismo sistémico en la disciplina, la cual valora más que los estudiantes aprendan los procedimientos correctos y no le da peso a la diversidad de opiniones y experiencias.

Acción afirmativa en contrataciones laborales. Charlton H. Bonham y Wade Crowfoot, quienes encabezan las agencias de recursos naturales del estado de California, fueron sujetos a una demanda colectiva impulsada por un grupo de empleados del Departamento de Pesca y Vida Silvestre. Los acusaron por supuestamente discriminar abiertamente a personas por motivos raciales en sus procesos de contratación. Los funcionarios, en contra de las leyes en Estados Unidos que prohíben la discriminación, impulsaron cuotas raciales en la contratación de nuevos funcionarios.5

Estas tres políticas están fundamentadas en un concepto constructivista conocido como Critical Race Theory (CRT).6 Esta teoría fue desarrollada en los setenta como un estudio crítico de la ley en Estados Unidos en lo correspondiente a asuntos raciales. Tiene dos planteamientos fundamentales. En primer lugar, que el racismo es el estatus quo en la sociedad y que, por lo tanto, no hay tal categoría como un individuo ‘no racista’. Desde esta perspectiva, todos los blancos en Estados Unidos son racistas independientemente de sus acciones y por el simple hecho de su raza. Según la CRT, los blancos se aprovechan de instituciones y reglas del juego que históricamente les han favorecido. Por lo tanto, un mundo con igualdad de oportunidades en donde a las personas se les juzga sólo por sus acciones no es justo. Las minorías no tienen un “piso parejo” sobre el cual competir y “alcanzar” a las mayorías. En segundo lugar, para combatir a este racismo sistémico e implícito no son suficientes las instituciones “colorblind”, sino que debemos de transitar hacia el antirracismo. El antirracismo plantea abiertamente que la discriminación institucional hacia los blancos es la única manera de “compensar las injusticias históricas” sufridas por las minorías raciales.

Este planteamiento tiene muchos problemas, tanto teóricos como prácticos. Señalo dos que considero relevantes.

En primer lugar, incluyen al método científico dentro del conjunto de “instituciones racistas” que hay que desmantelar y, por lo tanto, no creen en la evidencia empírica. Confían solo en las anécdotas y narrativas que les son convenientes para defender sus argumentos. Utilizan el concepto de “racismo sistémico” como un término que abarca y explica todo. ¿Por qué hay diferencias en el desempeño escolar? Por racismo sistémico. ¿Por qué hay diferentes tasas de violencia? Por racismo sistémico. ¿Por qué hay diferencias en preferencias deportivas o alimentación? Por racismo sistémico. Así hasta el infinito sin preocuparse demasiado por la lógica, la evidencia o por reconocer que cualquier fenómeno social tiene una explicación multifactorial en donde hay otros motivos además de la raza.

En segundo lugar, y mucho más preocupante, es una teoría que reduce al mundo a una guerra constante entre grupos identitarios que buscan dominio y poder. Polariza a la población por diseño, borra su individualidad y pregona que lo más importante no es la persona sino el grupo identitario al que pertenece y que –lo quieran o no– su membresía los enfrenta automáticamente con miembros de otros grupos. Daña doblemente. A los miembros de la mayoría les dice que hagan lo que hagan siempre van a ser racistas y que, por lo tanto, su deber es sentirse culpables, ofrecer disculpas y aceptar el antirracismo que los discriminará en favor de otros. El daño para los miembros de las minorías es incluso peor. Busca convencerlos de que son seres indefensos, incapaces de tener éxito en el mundo por su cuenta. Los infantiliza y les dice que la única solución es esperar un trato preferencial.

¿Qué tienen que ver la CRT con un posible regreso de Trump a la presidencia en 2024? Su lógica se ha extendido al ala progresista del partido demócrata al grado de que el mismo Joe Biden lo utiliza para construir algunas de sus políticas más relevantes. El 8 de enero de 2021, el presidente dijo públicamente que les dará prioridad a minorías raciales en el paquete de apoyo a empresas en contra los efectos de la pandemia COVID-19.7 Estas declaraciones fueron duramente criticadas en medios conservadores por proponer un criterio racial en lugar de uno que privilegie la necesidad.

Por último, planteo un escenario preocupante. Si la nueva administración insiste en aplicar la fórmula de la CRT en su discurso y políticas públicas, la polarización y el resentimiento en Estados Unidos se incrementará. Los independientes y republicanos moderados –así como grupos que fueron muy importantes para Biden en 2020 como mujeres en los suburbios– se alejarán de los demócratas. El escenario será favorable para Trump, quien es visto por sus seguidores como su campeón en contra del elitismo liberal que ignora sus necesidades, y utilizará como pretexto la polarización ideológica para afianzarse a las masas. Otros cuatro años de un populista con un manejo caótico del Ejecutivo como Trump podría desestabilizar más a Estados Unidos y afectar al mundo de las democracias liberales en favor de China y Rusia.

* Gonzalo Carrasco Chávez es economista y politólogo por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y socio de ADN Capital.

 

 

1 Encuesta publicada el 1-marzo-2021 en el medio “The Hill”.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí; publicado el 17 de marzo de 2021.

4 Disponible aquí.

5 Disponible aquí.

6 Disponible aquí.

7 Disponible aquí.