blogeditor · 13 de agosto de 2020
En nuestro país diversas leyes establecen la importancia de incluir la perspectiva de género en las políticas públicas. Es decir, que una política pública o programa debe tener en cuenta su impacto diferenciado en hombres y mujeres, considerando que las condiciones de ambos grupos son distintas. Suena sencillo, pero no ha sido fácil llevarlo a cabo. Y en primer lugar es necesario crear conciencia y comprensión de que los impactos no suelen ser los mismos.
La Ley de Planeación, por ejemplo, señala (art. 2) que la planeación deberá estar basada, entre otros principios, en la perspectiva de género y así, promover el adelanto de las mujeres en el acceso a bienes, recursos y beneficios del desarrollo. Según esta ley las dependencias y entidades públicas deben planear y conducir sus actividades con perspectiva de género.
La Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres establece también que el Gobierno federal debe garantizar la igualdad de oportunidades, mediante la adopción de políticas y programas que incluyan medidas para acelerar la igualdad entre hombres y mujeres.
Sin embargo, en lo que se refiere a la perspectiva de género, falta mucho por hacer en nuestro país. Si bien está plasmada en las leyes y normas, en la práctica se olvida.
El 12 de agosto es el día internacional de la juventud y que mejor ejemplo de la falta de perspectiva de género en un programa prioritario de esta administración: Jóvenes Construyendo el Futuro. Para 2020 tiene un presupuesto aprobado de 24.9 mil millones de pesos, presupuesto 11 veces mayor al aprobado para el Programa de Apoyo para el Bienestar de las Niñas y Niños, Hijos de Madres Trabajadoras (antes Estancias Infantiles) y casi 90 veces mayor al del programa de Apoyo a las Instancias de Mujeres en las Entidades Federativas (PAIMEF).

Jóvenes Construyendo el Futuro tiene como objetivo incluir en actividades productivas a jóvenes de 18 a 29 años que no estudian ni trabajan y propiciar la conexión de éstos con unidades económicas dispuestas a brindarles capacitación en el trabajo. En las ROPs se menciona que en la operación del programa se dará prioridad a las y los jóvenes solicitantes que habiten en municipios de alta y muy alta marginación, con altos índices de violencia y a integrantes de grupos históricamente discriminados, entre ellos por cuestiones de género.
Al analizar quienes son los jóvenes que no estudian y no trabajan en nuestro país en el grupo de edad de 18 a 29 años vemos que en México hay 5.9 millones de personas en esta situación, de los cuales el 82% (4.8 millones) son mujeres.

Cuando se les preguntó a los jóvenes por qué están en condición de inactividad (es decir, por qué no estudian y no trabajan) 88.9% de las mujeres respondió que es porque están realizando quehaceres domésticos, en contraste con 21.5% de los hombres.

Históricamente, las labores de cuidado, tanto de niños como de adultos, han recaído en las mujeres. En la actualidad, aunque las mujeres pueden estudiar y trabajar, en muchas ocasiones todavía deben elegir entre una actividad laboral y/o escolar y los quehaceres domésticos, situación que los hombres no enfrentan (al menos no en la misma magnitud).
Un programa como Jóvenes Construyendo el Futuro debería contemplar medidas para ayudar a que las mujeres que lo deseen puedan recibir capacitación, situación que actualmente no se incluye ni en su diseño ni en su operación. No basta con dar apoyos por igual a las mujeres y los hombres. En el caso de las mujeres, necesitan medidas adicionales para superar las barreras que no les permiten ser beneficiarias del programa.
Este programa es una muestra de cómo la perspectiva de género se olvida, incluso cuando la población objetivo del mismo sean en su mayoría mujeres. Estas omisiones son frecuentes y no permiten lograr una participación efectiva y plena de las mujeres en la vida económica, política, social, civil y cultural del país.
Las causas y los efectos de la desigualdad entre mujeres y hombres no terminan de quedar claras y no permean en las instituciones y en la sociedad. Y mientras tanto la perspectiva de género en las políticas públicas y programas brilla por su ausencia. Ante el COVID-19 con mayor razón es importante tomar en cuenta la perspectiva de género, pues en diversos ámbitos está aumentado la brecha de género.