La pastilla que cambió el rumbo de las mujeres

Redacción Animal Político · 8 de enero de 2024

La pastilla que cambió el rumbo de las mujeres

En 1960 se dio inicio la propagación de un nuevo producto anticonceptivo, que en conjunto con otros factores, provocó el cambio en la toma de decisiones profesionales y de matrimonio de las mujeres en Estados Unidos. Claudia Goldin la profesora de Harvard ganadora del Premio Nobel de Economía de 2023 investigó sobre este fenómeno y publicó en el año 2002 su trabajo ‘El poder de la píldora’.

La Administración de Alimentos y Medicamentos en Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) aprobó en 1960 el uso de norethynodrel, una progesterona sintética, como anticonceptivo oral para las mujeres. En un inicio, la “píldora” se difundió rápida y únicamente entre mujeres casadas en los Estados Unidos. Para 1965, el 41 % de las mujeres casadas menores a 30 años usaban este anticonceptivo. En 1967, el resto de las mujeres (solteras y pobres) tuvieron acceso a ese método de planificación familiar, sin importar su edad o su estado civil.

A finales de los años sesenta, este método de control de natalidad se propagó rápidamente entre mujeres jóvenes y no casadas, y estos cambios se asociaron con leyes estatales más permisivas y la noción de aquella generación de que los jóvenes podrían tomar sus propias decisiones. En el año 1970 incrementó el número de mujeres que ingresaron a programas universitarios más largos, como derecho, medicina, odontología, arquitectura, veterinaria, economía, y la mayoría de las ingenierías. Además, la edad de la primera relación sexual y de matrimonio, se retrasaron.

Este trabajo de Claudia Goldin representa un punto de partida para revisar los datos existentes para México, tomando en cuenta las campañas de difusión de los métodos anticonceptivos en nuestro país y el acceso de las mujeres a la educación.

Con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018, la edad promedio de las mujeres al casarse ha aumentado de 26.6 años en 2012 a 30.5 años en 2021. Respecto a la condición de actividad económica al casarse, 94.3 % del total de hombres declaró dedicarse a un trabajo remunerado, mientras que solo 54.5 % del total de mujeres tenía empleo. De las mujeres que no tenían trabajo al momento de casarse, el 91.1 % se dedicaban al trabajo del hogar.

En cuanto a la fecundidad de las mujeres, la ENADID muestra una tendencia a la baja de 2.25 hijos en 2009 a 2.07 hijos en 2018. Esta tendencia se mantiene en localidades urbanas y rurales. Asimismo, la encuesta presenta que hay una reducción de fecundidad de las mujeres por nivel de escolaridad, que va de 2.82 hijos en mujeres con educación primaria, 2.66 en mujeres con estudios de secundaria, y de 1.75 hijos con estudios de nivel medio superior o superior.

En contraste, se ha reducido la edad para tener el primer hijo. La edad promedio para el primer hijo fue de 22 años para mujeres nacidas entre los periodos de 1964-1968 y 1974-1978, y de 21 años para las nacidas entre 1984-1988. Cuando se examina esta información por estrato socioeconómico, se encuentra que el 50 % de las mujeres del estrato alto tienen su primer hijo a los 25 años y las del estrato más bajo a los 20 años.

Los datos sobre anticoncepción reportan que, en 2018 el 53.4 % de mujeres en edad fértil eran usuarias de métodos anticonceptivos y, en el caso de mujeres casadas o en unión, el porcentaje de usuarias es de 78.5, mientras que las solteras representan el 11.3 % y las separadas el 10.5 %. Destaca que el 47.4 % de las mujeres con escolaridad media superior declaran ser usuarias de métodos anticonceptivos. Asimismo, el método de anticoncepción más utilizado son los permanentes en la mujer (48.5 %); métodos no hormonales (29.3 %), métodos hormonales (15.6 %) y la vasectomía es el método usado con menor frecuencia (2.7 %).

Con respecto a las preferencias reproductivas, la ENADID 2018 muestra que el 63.9 % de las mujeres que fueron madres reportan haber tenido más hijas e hijos de los que deseaban, debido a la no utilización de métodos anticonceptivos (34.5 %), falla del método anticonceptivo (23.8 %) y la pareja deseaba tener más hijos (18.9 %). Finalmente, el no uso de algún método anticonceptivo en mujeres con vida sexual activa y en edad fértil se debe a que no es requerido o se encuentra embarazada (60.9 %), a motivos religiosos, enfermedades o no estar de acuerdo con los anticonceptivos (17.2 %) y en tercer lugar a que no se utilizan porque las mujeres quieren embarazarse.

Derivado del trabajo de Claudia Goldin encontramos que las diferencias de fecundidad entre hombres y mujeres puede generar brechas educativas, asociadas con la división del trabajo en el hogar (los hombres pueden dedicarse a su carrera y las mujeres se dedican más al hogar, lo que puede exacerbar la brecha salarial de género. Por lo tanto, si la fertilidad se reduce como hasta ahora muestra la tendencia (los matrimonios tienen menos hijos), se esperaría que la división del trabajo en el hogar sea más igualitaria y las mujeres tendrían un horizonte más amplio en su desarrollo profesional.

Los datos mexicanos reflejan que el uso de anticonceptivos es delegado a la mujer, y es limitado por motivos culturales y religiosos, a pesar de que las mujeres contraen matrimonio a una edad mayor. Estos resultados muestran la necesidad de mejorar la educación sexual y el desarrollo de campañas que promuevan la anticoncepción masculina y que, en conjunto, logren que las mujeres tomen un rol activo en la toma de decisiones respecto a su formación profesional. Es cambiar la visión de la identidad de las mujeres más allá del trabajo en el hogar y la maternidad, reformular la paternidad, equilibrar el trabajo remunerado y el doméstico, y finalmente, reducir la brecha salarial de género.

* Mirna García (@Mir_Maicita) es investigadora de Simetría. Candidata a Doctora en Ciencias Sociales.