blogeditor · 17 de abril de 2020
Hacer un acuerdo sin compromisos serios, ese fue el trato al que llegaron la industria del plástico y los senadores Jorge Carlos Ramírez Marín (PRI) y Ricardo Monreal Ávila (MORENA) en diciembre de 2019. Así comienza la historia de esta foto, una imagen que resume el acuerdo alcanzado entre los empresarios del plástico y estos senadores a pesar del trabajo de parlamento abierto que se estaba llevando a cabo entre empresas, sociedad civil, academia y la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Senado para combatir la contaminación plástica desde modificaciones legislativas.
Con el propósito de no modificar la Ley General Para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR) y continuar con el modelo de negocios actual, la industria del plástico y comercios asociados jugó sus cartas y lo único tangible que hizo el Senado de la República respecto a la contaminación por plásticos fue este acuerdo al que llamaron “Acuerdo Nacional por la Nueva Economía de los Plásticos” e intentaron hacerlo pasar como una adaptación del Acuerdo Global por la Nueva Economía del Plástico que es promovido por la fundación Ellen MacArthur a nivel mundial.
No obstante la mismísima fundación Ellen MacArthur les hizo llegar el primer día de abril su total desconocimiento del Acuerdo Nacional de diciembre de 2019 entre senadores e industriales, expresando que “este acuerdo no estaba alineado con la ambición y visión que promueve la fundación en la iniciativa de la Nueva Economía del Plástico”.
Precisamente fue esto lo que en su momento Greenpeace México señaló junto a la Alianza México sin Plásticos, pues el acuerdo carecía de metas ambiciosas y soluciones reales e intentaba hacer parecer la economía circular únicamente como un modelo de gestión de residuos y promoción del reciclaje, más que una nueva visión económica basada en la no generación de residuos.
El intento de los senadores y empresarios del plástico, incluidos los asociados de retailers y tiendas de conveniencia, resultó como las organizaciones predijimos: una estrategia para no legislar en la materia, con un poder político y económico entrelazados para evadir sus responsabilidades, asumiendo que los ciudadanos no exigiremos rendición de cuentas.
La misma estrategia puede verse de nuevo en estos días, donde la industria del plástico busca sacar provecho de la pandemia mundial por COVID19 y de los temores de las personas, para llamar a las autoridades a permitir sus desechables de uso común (platos, vasos, cubiertos, contenedores de unicel, etc.), que no tienen ningún uso médico y solo hipotecan la viabilidad de los ecosistemas y perjudican nuestra salud.
Por tal razón, en ejercicio de la rendición de cuentas, desde la sociedad civil demandamos que sus acciones se encuentren alineadas con el bienestar de las personas y los ecosistemas, y exhortamos a la autoridad legislativa a emprender las reformas necesarias para conservar la salud del planeta y la nuestra, dejando el plástico de un solo uso para lo que verdaderamente se necesite, como en el caso de los insumos médicos, y no para favorecer productos que solo buscan la comodidad a costa de un gran impacto ecosistémico y que pueden sustituirse fácilmente por alternativas reutilizables. Fortalecer el reciclaje es la parte final de la economía circular, no la solución clave en este tema.
* Miguel Rivas el Líder de Proyecto de Océanos sin Plásticos en Greenpeace México (@greenpeacemx) y Ornela Garelli es Campañista en el Proyecto de Océanos sin Plásticos en la misma organización.