Redacción Animal Político · 17 de diciembre de 2022
Una vez más, un atentado contra la vida de un periodista en México. Afortunadamente, fallido. Gracias a que Ciro Gómez Leyva trabaja para un medio influyente y con buen presupuesto, este periodista la libró, protegido por el blindaje de la camioneta que Imagen le asignó. Gracias a que ha tenido un espacio en radio y televisión desde hace muchos años, y muchos seguidores en las redes, nos enteramos de inmediato. Afortunadamente no le tocó ser un mártir de la causa de los periodistas, pero sí ser el periodista famoso que puede iluminar los nombres de las decenas de reporteros de todo el país, que no tienen la misma visibilidad y que fácilmente se pierden en las cifras de periodistas asesinados en relación con su labor informativa. En lo que va del año, 11. Del 2000 para acá, 157 según la información de Artículo 19. Los números no tienen cara, ni familia. Por eso no nos conmueve leer cifras. No nos ayuda a dimensionar la tragedia. No nos hace unirnos y parar el país para exigir que quienes ostentan hoy el poder político hagan por fin su trabajo y dejen de pensar solo en sus estrategias electorales, su permanencia en el poder y su acceso al dinero .
Las ciudadanas y ciudadanos mexicanos hemos perdido a Juan Arjón López, María Elena Ferrán, Margarito Martínez, Lourdes Maldonado López, Roberto Toledo, Yessenia Mollinedo, Sheila García, Antonio De la Cruz, Jorge Luis Camero Sazueta, Javier Valdés, Nevith Condés Jaramillo, Miroslava Breach, Rubén Espinosa, Juan Carlos Muñiz, Heber López Vázquez y un largo, dolorosísimo etcétera.
Reporteros en su mayoría invisibles a nivel federal, pero indispensables en sus estados: Sonora, Chihuahua, Tamaulipas, Sinaloa, Zacatecas, Michoacán, Guanajuato, Oaxaca, Baja California, Veracruz, Guerrero, Chiapas, Coahuila, Edomex, Morelos.
He estado presente en marchas y protestas de periodistas y los visibles, como Ciro, nunca están. Quiero creer que no es por falta de solidaridad. Quizá las empresas para las que trabajan les piden que no se pongan en riesgo. Quienes están son las reporteras y reporteros de a pie, pidiendo que se resuelvan los casos de sus colegas muertos, que no los maten a ellos y los dejen hacer su trabajo, para beneficio del pueblo, que por cierto, somos todes, no solamente quienes reciben el sello de aprobación del presidente.
Por si fuera poco el peligro que implican los gobiernos corruptos, las fiscalías estatales a modo y el crimen organizado, en vez de que el gremio periodístico reciba respeto por parte del Presidente de la República, es víctima de ataques verbales diarios, de burlas, descalificaciones, “chistes”, acusaciones sin pruebas, violaciones a la privacidad de los periodistas, es decir, algo que bien podría llamarse “bullying presidencial”. Es de llamar la atención que el presidente solo reconociera el bullying o el abuso de poder cuando se ejercía en contra de él, siendo candidato, pero sea incapaz de reconocerlo ahora, cuando lo ejerce él en contra de otros desde el lugar más alto al que puede aspirar un político: la presidencia de un país, con una mayoría legislativa del ahora partido oficial, SU partido.
Del actual presidente pueden decirse muchas cosas, excepto que sea un ingenuo. Un ingenuo no llega a donde ha llegado él, ni mueve masas como lo hace él. Es un maestro del marketing y un hábil manipulador. Le funcionó victimizarse en campaña para detonar la solidaridad de la gente. Y ahora, poderoso, se sigue victimizando para que la gente del pueblo repita consignas como “no estás solo” y rece por él. Y se esmera en crear una narrativa en que los periodistas, cuando lo cuestionan, claro, son unos villanos conservadores, vendidos, “fifís”, y todos esos adjetivos que repite diario y pone en boca de todo el mundo, consciente de aquella frase de Goebbles: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. No para todos, pero sí para millones de personas que aún confían en él y le creen todo lo que dice, solo porque lo dice él. Mientras nuestro presidente no tolere la crítica y los cuestionamientos que, en una democracia, cualquier político debe enfrentar, y recuerde que está obligado a rendir cuentas a ese pueblo que le brindó su confianza, los periodistas sí están solos. Aunque muchos tengamos el corazón indignado y demos patadas de ahogado tratando de hacerles llegar nuestra solidaridad a ellos y sus familias con videos, textos como éste o mensajes en las redes.
Lamento mucho que Ciro Gómez Leyva haya tenido que vivir la horrible experiencia de un atentado afuera de su casa y celebro que esté a salvo. Ni Javier Valdés, ni Armando Linares López, ni Margarito Martínez, ni Miroslava Breach sobrevivieron a los suyos. Ciro aún tiene la oportunidad de hacer mucho por su gremio.