blogeditor · 8 de julio de 2014
La semana pasada, el Senado aprobó la legislación que se encargará de regular el sistema de medios de comunicación en México, un tema fundamental para la democracia mexicana y los derechos de todas las personas. Creo que la mejor manera de describir lo que pasó con la “democracia” en los últimos días, en relación con la Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión o #LeyTelecom (la ley secundaria encargada de desarrollar la reforma constitucional en la materia, presumida por el Gobierno Federal en el 2013), sería con la metáfora de una obra de teatro en tres actos, con un desenlace de tragedia (¿o comedia?). Toca a ustedes ponerle el nombre.
Primer acto: el Gobierno Federal
Enrique Peña Nieto comienza su gobierno con una promesa que busca ganar la legitimidad de ejercicio que no tuvo de origen en las elecciones: combatir los monopolios y distanciarse de las televisoras, quienes –de acuerdo a decenas de miles de estudiantes, sociedad civil y distintos actores políticos- habían impulsado (¿construido?) su candidatura a la presidencia. Desde la toma de protesta, el discurso de la presidencia es de distanciamiento de estos poderes fácticos. Su prueba, la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones (2013), con la que, supuestamente, se combatirían monopolios como el de Televisa y el de Telmex y se demostraría que “sus críticos” estaban equivocados.
[contextly_sidebar id=”7f418daeb5040437588a3a330e414fed”]Meses después, en mayo de 2014, la presidencia presenta un proyecto de ley en la materia (la #LeyTelecom) que, entre otras cosas, se encarga de echar atrás prácticamente todos los avances de la reforma constitucional: condena a medios públicos y sociales a la exclusión, busca establecer un sistema de vigilancia masiva e invasión a la privacidad de las personas, libera a Televisa de controles y da un mayor poder al Estado en los medios de comunicación y la impartición de justicia (a costa de libertades indispensables para las personas). La escena es magistral: “la decisión queda en el Poder Legislativo, la tarea del Gobierno Federal se limita a la reforma constitucional”.
Al cerrar el primer acto, tras el estallido de la sociedad civil, la crítica de especialistas y la mirada de medios de comunicación internacionales, comienza un discurso orquestado a través de los distintos operadores en la obra: “garantizaremos que las amenazas de la ley se retiren”. Al final de la escena, se revela información que muestra que el proyecto final fue construido con la mano y autorización de la presidencia. La redacción final fue hecha entre el Gobierno Federal y los distintos partidos que negociaron la ley (incluidos los de la “oposición”). Se cierra el telón con una frase de alerta desde la sociedad civil: “la ley es mucho peor que su versión inicial”.
Segundo acto: el Senado
Foros y consultas públicas por un lado, exclusión de actores y voces críticas por el otro. Senadoras y Senadores en prensa diciendo todo y nada. Todos “escuchan” a la sociedad civil, todos son “incluyentes” y se encuentran reunidos para que la ley sea “lo mejor para todos los usuarios”. Ningún legislador tiene intereses particulares, ni de ser gobernador en Puebla ni en Tabasco ni en Guerrero, desde luego que no. Las acusaciones externas de su relación con las televisoras (¿Telebancada, locos?) son obra de la imaginación de “(introduzca su filia política preferida) zombies”, que además son pagados por algún otro sujeto interesado en la #LeyTelecom (¿Slim?).
Llegada la hora, las promesas se difuminan, algunos Senadores tienen incluso el valor (¿descaro?) de afirmar que su apoyo a la ley tiene el aval del sector que dicen representar (como el de las radios comunitarias e indígenas), cuando la iniciativa los condena. Siempre hay personajes principales en una obra como ésta, desde Javier Lozano (con su inmemorable frase de “Gracias por participar”) hasta Zoé Robledo y Armando Ríos Piter (con su posicionamiento a favor de la ley y su voto en contra [¿disciplina partidista sólo en el PRI?]). Al final, la ley pasa con 80 votos a favor, 37 en contra y 11 inasistencias (¿para darle emoción a los números de una posible acción de inconstitucionalidad?).
Al final, muchos temas relacionados con los derechos humanos, la pluralidad y diversidad en el sistema de medios de comunicación y el combate a los monopolios quedan para las reservas, a discutirse después de la votación general –con promesas, incluso, de discutirlas seriamente para evaluar su viabilidad-. Sin embargo, para los medios comunitarios e indígenas, para las personas con discapacidad, para los grupos de activistas en contra del monopolio televisivo, para los colectivos a favor de Internet y en contra del control y vigilancia masiva del Estado (hacia todas las personas por distintos medios, desde Internet, las redes sociales, los correos electrónicos y los registros que deja el uso del celular), sólo podrá escucharse –desde un recinto vacío cerrado a la presencia de la ciudadanía-: “No se admite a discusión”.
Tercer acto: el cierre de Televisa
Una vez votada la ley en lo general y planchadas las reservas que serán aprobadas en lo particular, una vez salvados los intereses y los favores pagados, en cadena nacional, la obra cerrará a manos de Joaquín López Dóriga, quien arropado en el poder, el rencor y la gracia de la impunidad mediática de Televisa, podrá decirle a millones de espectadores que la #LeyTelecom impulsada por el PRI y por algunos legisladores panistas, es un avance histórico y que, todos aquellos que votaron en contra de ella, votaron en contra de los beneficios de los ciudadanos, como la eliminación de la larga distancia, la disminución de costos en telefonía y otros (avances, sin duda).
Porque en esta obra, el poder está ahí, en la posibilidad de moldear la realidad y de sentirse intocable, en saber que no habrá ningún costo. Con la garantía de que su poder no será minimizado, el ejército dirigido por Azcárraga podrá vapulear mediáticamente a quien sea, torciendo la información sucedida en la votación, sin transmitir una sola posición en contra de la ley, sin dar espacio a ningún comentario de la sociedad civil y de los especialistas, sin dar voz a nadie más. Porque en esta obra no es necesario, porque acá ganan los de siempre y pierden los mismos.
Aplausos, ovaciones, rosas al escenario. Una representación magistral. ¿Qué nombre te gusta para esta obra?
El día de hoy, probablemente, la Cámara de Diputados estará avalando lo sucedido en el Senado. Sin embargo, más allá de una obra de simulación, hay todavía puertas por abrir. La opción de una acción de inconstitucionalidad es, al parecer, la única vía restante para reclamar la inconstitucionalidad general de esta ley. En caso de fallar también en esto, tendremos para presumir al mundo la ley más regresiva a libertades como la privacidad, la libertad de expresión y el derecho a la protesta social, en la historia del país (¿Y de América?). En esto sí seremos campeones.
Impresentable. Cara de Televisa en Senado y bisagra del Gobierno para pagar favores políticos:@JLozanoA. Lamentable pic.twitter.com/d700TPAn2u
— Vladimir Chorny (@VladimirChorny1) julio 3, 2014
Tuit del Senador Javier Lozano, en el contexto de la aprobación de #LeyTelecom