blogeditor · 28 de abril de 2020
Decía Borges que “al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías”. Hace 56 años, justo cuando Gustavo Díaz Ordaz estaba por colocarse la banda presidencial, un grupo de médicos, internos y residentes, del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE hizo lo inaudito: un paro de labores después de años de padecer condiciones laborales -y humanas- deplorables. Al movimiento médico se sumaron diversas asociaciones, con apoyo de hasta 20 hospitales del interior de la República y 23 de la Ciudad de México, una solidaridad histórica. Las consignas eran claras: “los residentes e internos exigimos la resolución inmediata a nuestro problema”. Estamos en el año 2020 y la historia se repite.
Aunque el movimiento médico en México, después de un año de lucha, fue ofuscado mediante represalias y censura a los médicos paristas, la lección fue clara para el Estado corporativista: las batas blancas pueden rebelarse. Han pasado más de 50 años, la figura jurídica y laboral del médico en formación permanece intacta, o peor aún, más humillada que nunca, reprimida y desdeñada, sustraída su voluntad de lucha.
Según el Informe de Compensación de Médicos 2019 elaborado por el portal Medscape, señala que el sueldo de un médico en México se encuentra hasta 14 veces por debajo que lo que se percibe en Estados Unidos, 5 veces menos que en Francia y 3 veces menos que en Brasil. El deterioro de las condiciones laborales del personal médico trasciende a lo económico. Entre el 2014 y 2019 se reportaron hasta 58 homicidios entre médicos y enfermeras, por asaltos a mano armada, la mayoría ocurridos en su área laboral.
A principios de 2019, la esencia revolucionaria del movimiento médico de los 60s resurgió con la creación de la Asamblea Nacional de Médicos Residentes: 8 mil residentes de diferentes hospitales del sector público pararon labores. Las exigencias, como en el pasado, eran las mismas. Solicitaban el pago inmediato de los sueldos atrasados y del bono sexenal que se retuvo. La respuesta del gobierno solucionó el atraso de los salarios, y el Senado aprobó “simbólicamente” un dictamen para mejorar las condiciones laborales.
Desde el inicio de la pandemia, cientos de médicos y enfermeras se han manifestado en sus unidades de trabajo ante la insuficiencia de material clínico, como equipo de protección personal, y las accidentadas aplicaciones de protocolos sanitarios por los directivos. La prueba de esta realidad, la de carencia y el atraso del sistema de salud, se ha tratado de ocultar con obstinación. Prueba de esta desprotección del personal sanitario frente al patógeno son los brotes intrahospitalarios: para finales de la fase 2 hasta el 9 % de los infectados por SARS-COV2 en México eran médicos, cifra que se prevé aumente, al igual que su mortalidad.
La historia dicta que toda catástrofe trae una revolución. La pandemia de COVID-19 suscitará reveses en la psique colectiva y el sistema de valores que hasta el momento aplicábamos a nuestra cotidianidad. Las reflexiones son necesarias. Replantearnos nuevas formas de vivir en colectividad, de coexistir y afrontar los desastres venideros. Al destino le agradan las repeticiones. Una nueva rebelión, la de las batas blancas, se avecina, pero ahora el esfuerzo requiere de más energía, solidaridad y compromiso.
* Carlos Armando Herrera Huerta es residente de 3er año en la especialidad en psiquiatría y miembro del Comité Interinstitucional y Mediático de la Asamblea Nacional de Médicos Residentes.