La nueva propuesta teatral “Argenmex”

blogeditor · 7 de noviembre de 2015

La nueva propuesta teatral “Argenmex”

Recientemente se estrenó en México la puesta en escena Entonces Bailemos, del director teatral y dramaturgo argentino Martín Flores Cárdenas.

Decirlo así parece una cosa nimia, pero Entonces Bailemos es una pieza de teatro fuera del circuito comercial cuya originalidad, fuerza, poesía, violencia y bien maquinada urdimbre le valió ser la ganadora de la Fiesta de la Ciudad de Buenos Aires, nominada al premio ACE como Mejor Espectáculo de Teatro Alternativo, nominada al premio Trinidad Guevara por Mejor Diseño de Coreografía y seleccionada para representar a la capital argentina en la Fiesta Nacional del Teatro en 2014.

A la pregunta a rajatabla “¿quién eres?”, el director tarda mucho tiempo en contestar. Demasiado. Me mira un par de veces y, finalmente, dejando salir una risa nerviosa, responde que no sabe bien a bien qué contestar, si acaso comenzar por aclarar que está por primera vez en nuestro país y que es argentino, por aquello de la importancia de la identidad.

Escribo y dirijo teatro… ¡no sé hacer otra cosa! Supongo que si no lo hiciera, estaría haciendo televisión o cine, pero no lo sé.

¿Desde cuándo lo haces?

Desde que tenía 19 años. Me metí a estudiar actuación, dirección y dramaturgia.

¿Dónde o con quién?

Actuación y dirección con Laura Shuzen. No fue propiamente en cursos universitarios, sino más bien en talleres. Así lo hacemos allá. Laburamos en otras cosas y nos preparamos en talleres, y luego actores y dramaturgos también imparten talleres. Ella me dijo que estudiara dramaturgia con Mauricio Kartun, ¡el gran maestro de todos los dramaturgos argentinos! Y nada, ahí comencé a escribir algunas historias y a estrenas mis primeras obras. La primera obra mía la estrenó Elvira Onetto. Yo tenía 23 años y la obra se llamó Éxitus.

¿Cuántas obras desde entonces han conformado tu trayectoria artística?

Hay obras totalmente mías y otras que son adaptaciones. De las mías mías, estaríamos hablando como de diez obras.

¿Qué te trae a México?

El estreno de un texto mío que se llama Entonces Bailemos, pieza que sigue presentándose como obra teatral ahora mismo en Buenos Aires, la original porteña, que dirijo yo. Acá se estrena bajo la dirección de Diego del Río en el Hotel Carlota, en la Ciudad de México.

¿Cómo es que llega a México Entonces Bailemos?

Al parecer, Diego va a Argentina más o menos seguido para ver teatro; vio la puesta en escena de allá en el espacio del circuito alternativo que existe en Buenos Aires, el llamado Espacio Callejón, y se puso en contacto conmigo a través de otras personas. Antes que nada, me interesa decir que este “Espacio Callejón” es el lugar en donde se están montando y mostrando obras de primera que están fuera del circuito comercial y en donde hay funciones todos los días de la semana, sin descanso. La mayoría de las obras son estupendas y de mucha calidad.

Y nada, Diego me pide algunos textos, yo se los paso. Después me pidió el de esta obra y ahí ya comenzamos a hablar sobre las posibilidades de montar esta puesta en escena acá.

¿Te gustó la idea?

Me gustó, y más porque es la primera vez que un texto tan así de íntimo y fuerte mío es dirigido en esta ocasión por otro director que no soy yo.

Siendo así de interesante este proceso de apropiación, por decirlo así, a grandes rasgos, ¿de qué va la obra?

Entonces Bailemos es una obra que en realidad son pequeñas escenas que a veces son como relatos mínimos, tengo entendido que en el mundo teatral de acá en México les llaman “narraturgia”, y estos van combinados con otras escenas en donde hay mucho más diálogo.

En toda esta mezcla de escenas, el amor y el sexo tienen un vínculo muy estrecho con el dolor y la violencia.

Un vínculo estrecho para elementos que, de entrada, parecerían opuestos.

Así es. Y es muy interesante que lo menciones porque la propuesta de la obra sería preguntarse si realmente estos elementos son opuestos. En Argentina, y supongo que en México ha de estar pasando igual, hay todo un discurso sobre la violencia de género, un discurso que se lanza desde un lugar, me parece a mí, muy básico. Como un discurso ya muy armado y poco reflexionado en donde se dicen cosas como “si hay violencia, no hay amor”, como una especie de axioma, una premisa entre estos opuestos, como vos decías. Y no sé, para mí, al final esto termina siendo como un enunciado con un planteo moral, uno que deja de lado todo un mundo lleno de subjetividad, digo, porque al final somos nosotros mismos los protagonistas de esas historias de amor, digamos.

Y nada. Creo que por este tipo de discursos, fuimos educados pensando en que alguien que de verdad nos ama no nos puede hacer daño, o que cuando nosotros amamos no podemos hacer daño, o que cosas como el amor tienen o están a salvo de la violencia, y nada… que cuando sales al mundo real, el de verdad, te das cuenta que esto es falso. Y a pesar de ello, tienes que… nada. ¡Vivís!

¿Qué sentiste la primera vez que viste tu obra ya en tierras mexicanas?

Mira, la cosa es que es un texto muy íntimo mío, con un grado de compromiso muy grande que, a su vez, los actores argentinos también comparten, pues hay un grado de intimidad igual de grande con ellos, sobre todo por los procesos creativos por los que hemos pasado juntos. Ellos saben muy bien el porqué de muchas cosas, de los diálogos, de las reacciones, de las formas. Así que, cuando vi la representación mexicana, en donde actúan Héctor Kotsifakis, José Sampedro, Milena Pezzi, Gabriela Steck, Mariana Palacios y Vince Miranda, con todo lo que he mencionado, pues fue como estar escuchando el texto por primera vez. Al despegarme de ese estado tan íntimo, fuera de mi país, además, pues fue como tomar una distancia y ver la obra desde una perspectiva, digamos, hasta cierto punto, conmovedora.

Ya que sugieres la importancia de las versiones, ¿tienes algún conocimiento sobre la dramaturgia mexicana? ¿Sobre su forma de asir lo extranjero?

Muy poco, la verdad que muy poco. A manera de descargo, tengo que decir que en Buenos Aires, hace apenas unos cuantos años que teatralmente se comenzó a ver un poco a nuestro alrededor, hacia Latinoamérica. En realidad, nuestra tradición siempre fue mirar más hacia Europa. Ese es el tema. A partir de algunos directores de festivales alternativos, ¡para que veas nuestra importancia!, fue que se comenzó a mirar más hacia acá. Antes, todos los festivales, to-dos, por lo menos en Buenos Aires, eran obras europeas… de repente se colaba alguna rareza latinoamericana o de otros lares, pero Europa era la que estaba, y estuvo, todo el tiempo presente.

¿Te ha servido ese viraje hacia Latinoamérica?

¡Claro! Gente que se entera de mi persona, ya sea por entrevistas allá en Argentina, o por ver mis obras, se ha acercado muy interesada para conocer mi trabajo. Gente común, actores, actrices y otros directores. Acá en México, por ejemplo, a pesar del corto tiempo que tengo, ya se me ha acercado gente que tiene al parecer su carrera bien hecha acá, toda una trayectoria, que son famosos, que no sólo han participado en teatro sino en televisión y en cine, según entiendo, para pedirme textos.

¿Cómo te hizo sentir eso?

Bastante bien, la verdad. Me sorprendió, para ser sinceros, pero quedé muy agradecido con el gesto. Y nada, espero que más adelante, si les gusta mi trabajo, se puedan dar cosas buenas, que pueda surgir una sinergia y una magia especiales.

¿Con qué clase de corriente dramatúrgica o teatral de Buenos Aires o de Argentina, si tal cosa existe, te identificas?

(Tarda de nuevo en responder) Me hacés pensar. Mira, a mí lo que me gusta mucho de Buenos Aires es que somos muchos pero muchos los que en este momento estamos haciendo teatro. Ahora, a mí me interesan muchas cosas del teatro que no tienen nada que ver con las cosas que yo trabajo; hay muchas preocupaciones estéticas que son diferentes y asuntos del lenguaje que van completamente por otro lado, y en ese sentido, a mí lo que me agrada son los híbridos y no propiamente algún elemento que esté tirando específicamente para alguna corriente.

Te pongo un ejemplo. En Argentina, la crítica especializada dijo que Entonces Bailemos es un teatro postdramático, cosa con la que no estaban de acuerdo algunos, otros lo clasificaron como teatro del relato, en fin. A mí esto me parece muy bueno en sí, que haya variedad de opiniones y de impresiones.

Si dentro de esta especie de ensalada de visiones observás que hay por ahí una identidad, que en esta pluralidad de visiones se logre ver lo específico de mi obra, de mi sello, que es distinto al resto y bastante íntimo y personal, entonces está bueno.

Y tal vez, precisamente por eso, me resultaría muy difícil encasillar mi teatro dentro de alguna corriente ya establecida. No creo que lo que yo hago encaje en eso.

¿Ninguna corriente teatral o de dramaturgia, entonces, ha influido en tu propuesta?

No. Creo que al final mi obra o mi estilo se hayan más influidos o influenciados por el cine o la literatura que por alguna corriente de dramaturgia o por el teatro en sí mismo.

¿Algo que desees agregar?

(Sonríe de nuevo, ríe, y vuelve a dejar pasar tiempo antes de contestar). No sé. Como me hiciste pensar, creo que podría decir que el tipo de teatro que yo hago de repente encuentra vínculos más o menos parecidos. Ahora se me viene a la mente, por ejemplo, que yo adapté algunos cuentos de Raymond Carver para el teatro, y a muchos otros autores de esta literatura llamada “Realismo Sucio” que me interesaron bastante.

¿Hiciste tú mismo la traducción de los textos de estos representantes del “Realismo Sucio”?

Así es. Yo hice la traducción y la adaptación. Y mirá, ahora que estoy en México y que lo pienso un poco, igual aquello tuvo que ver más con la narraturgia, si se quiere verlo así. Y uso el término porque lo he aprendido recién, acá en México, ya lo dije, y creo que viene como anillo al dedo.

El director teatral y dramaturgo argentino, Martín Flores Cárdenas.
El director teatral y dramaturgo argentino, Martín Flores Cárdenas.

 

* Roberto Rueda Monreal es politólogo, traductor literario, articulista y escritor.